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Los contrastes de la ciudad

Albors: un tesoro en un entorno hostil

La histórica alquería que acoge la Universidad Popular de Orriols brilla con una gran restauración en medio de un entorno olvidado y muy degradado

Albors: un tesoro en un entorno hostil

Albors: un tesoro en un entorno hostil

­Orriols, un barrio obrero, humilde y castigado por una arquitectura que ha dado pocas concesiones a la estética, recuperó hace tiempo el magnífico símbolo de su pasado, de cuando los campos de cultivo dominaban el entorno del monasterios de San Miguel de los Reyes. Ahora la Ronda Nord separa como una gran cicatriz el sensacional conjunto sede de la Bliblioteca Valenciana de el núcleo de la Alquería de Albors, una antigua construcción de los siglos XIII-XIV, asentada sobre el molino de agua que en la Edad Media permitía el riego de los cultivos alrededor del monasterio.

Hace ocho años el Ayuntamiento de Valencia la recuperó del olvido, rehabilitando varios edificios que componen el conjunto. Un gran estancia acoge la Universidad Popular de Orriols y otra un centro juvenil. Una tercera es propiedad de Secopsa „la empresa que realizó los trabajos„, está pendiente de rehabilitar y concretar su uso, según explicó a este periódico la constructora.

La sede de la Universidad Popular es una preciosidad, tanto por fuera como por dentro. La labor de rehabilitación permitió mantener las bóvedas, los ojos de entrada de agua, los saltos de mover y hasta varias muelas del siglo XVI del antiguo molino. Su visita es casi obligada no solo para los vecinos del barrio.

Desgraciadamente, el conjunto de las alquerías de Albors no se recuperó por completo, y justo en el solar de al lado, otras viejas alquerías „sin mucho valor histórico, pero sí símbolo de lo que fue la zona„ ya no aguantan el paso del tiempo. Las estructuras están a punto de venirse abajo, además de que han sido asaltadas en varias ocasiones. Están en el viejo Camí Alquería Albors, hoy cortado por la Ronda Nord y que en el futuro debe ser la continuación de la calle Padre Viñas. Pero mientras, son un nido de inmundicia.

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