La instalación de cámaras de vigilancia en lugares públicos se enfrenta siempre al dilema de primar la seguridad o el derecho a la intimidad. Generalmente gana éste último y sólo en casos muy excepcionales se impone el primero. En Valencia únicamente hay cámaras de seguridad (se exceptúan los edificios públicos, las de tráfico y las entidades bancarias, que sólo cubren sus instalaciones) en el parque Gulliver, situado precisamente en el cauce del Turia, a pocos metros del Palau de la Música. Y para ampliar esta medida a todo el cauce han tenido que obtenerse los permisos de la Comisión de Videovigilancia. Está pendiente, sin embargo, un proyecto muy demandado por los comerciantes del centro histórico, que es la colocación de cámaras en la calle Poeta Querol y su entorno, donde recientemente se produjeron dos ataques con ácido a los escaparates de varias tiendas de lujo.