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Consecuencias de una reflexión

Consecuencias de una reflexión

Consecuencias de una reflexión

Desde mi País València la política me aturde. Me senté ante el televisor el día de la investidura, ¡qué moral la mía! Todos parecían colegiales infantiles.El Sr. Rajoy no se da cuenta que ya no tiene mayoría, me asombra que sigan votándole? ¿Cómo se le ocurre proponer a uno de los políticos más impopulares como presidente de la Comisión de Exteriores? Pero había que encontrarle un «puesto» y le nombra presidente de la Comisión de Peticiones ¿? No requiere votación alguna, solo se reúne tres veces al año, con retribución, asistente, coche oficial? Me asombra el comportamiento de algunos nuevos diputados en las Cortes: se disfrazan, enfadan, sacan una bandera, abandonan las bancadas? Pablo Manuel asevera que este siglo debe tener un protocolo distinto ¡uff! No saludar al Rey, no levantarse, además de una falta de educación es una profunda deslealtad democrática para con las instituciones del Estado.

Tampoco se entendió la asistencia de las infantas, cuando la presencia de la Princesa de Asturias tiene un hondo calado institucional y constitucional puesto que refuerza la voluntad de la Corona de perpetuar su servicio a España.

Es una ignorancia jurídica decir que el Rey carece de legitimación democrática: la Constitución fue votada y aprobada por una amplia mayoría de españoles, con dicho voto se decidió la monarquía parlamentaria como forma política del Estado; y expresamente a la persona del anterior Rey, que la Constitución cita con nombre y apellido, artículo 57. Igualmente, la sucesión entre Juan Carlos I y Felipe VI fue refrendada por las Cortes Generales como prevé la Ley de Sucesión a la corona de España; por tanto son los representantes de los ciudadanos los que dan lugar a una sucesión plenamente democrática. Tal es la legitimidad de la Corona que no debería plantear mayor problema someter a referéndum nacional cada sucesión que se produjera.

La jefatura del Estado, como también apela la Constitución del 78, debe estar por encima de los vaivenes políticos, al margen de ideologías. El Rey no debe en sus discursos, tener la finalidad de agradar a un determinado sector social o político porque es Jefe del Estado de todos los españoles con independencia de quién o de cómo se gobierne. Como en todas las monarquías parlamentarias, el Rey reina pero no gobierna. No tiene poder ejecutivo, ni legislativo, ni judicial (cuando históricamente reunía los tres) por eso sus actos está sometidos a refrendo para dotarles de eficacia. Se olvida que el Rey Juan Carlos I subió al trono con unos poderes propios de un estado totalitario y que se desposeyó de los mismos devolviéndoselos a los ciudadanos.

En su impecable discurso, Felipe VI, hizo hincapié en fortalecer el Estado del bienestar para impulsar la cohesión social, regenerar la vida democrática (aludió a la corrupción) y el respeto a la Ley en una España diversa y potenciar nuestro papel internacional, con especial atención a la UE y a la Comunidad Iberoamericana. Mencionó una España con la mirada puesta en las ciencias, las artes y el conocimiento, en vanguardia del desarrollo; así como sensible y atenta ante los problemas de la sociedad global, y solidaria con los que más sufren. ¿Quién de todos los políticos/cas actuales podría asumir la Jefatura del Estado con la dignidad y profesionalidad de Felipe VI?

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