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Elogiemos ahora a hombres famosos

En el verano de 1936, una revista estadounidense encargó al escritor James Agee y al fotógrafo Walker Evans, viajar al sur para comprobar en primera persona, las consecuencias de la Gran Depresión en las ya de por si empobrecidas familias campesinas. Durante cerca de dos meses, los dos hombres convivieron con tres familias, y fruto de esa estremecedora experiencia, publicaron un libro que dejaba constancia, a través de la prosa de Agee y las fotografías de Evans, de cómo la brutal crisis económica les había arrebatado todo, a excepción de una cosa: la dignidad.

Este libro llevaba como título «Elogiemos ahora a hombres famosos», y con él los autores pretendían lanzar un mensaje a la sociedad del siglo XX, que elogiaba a una parte minoritaria de la misma, a la vez que silenciaba, cuando no ocultaba, a la mayoría de los que la componen, especialmente a aquellos que viven en las duras condiciones que marcan la explotación y la pobreza.

El Siglo XXI, con su hegemónica contrarrevolución conservadora, ha ahondado en esta brecha que marca sobre qué y sobre quién se tiene que hablar. La transición en nuestro país fue ejemplo de ésto de una manera descarnada. Con sus reconocimientos justos, pero también con sus alabanzas innecesarias y forzadas, escribió una historia que ocultó en buena medida a quien más luchó y más se expuso para derrotar a la Dictadura.

Un ejemplo lo tenemos en el caso del abogado valenciano, Alberto García Esteve. Nacido en 1919, miembro de una familia trabajadora y republicana, luchó casi como adolescente contra la sublevación fascista, afiliándose en agosto de 1936 al Partido Comunista de España. A pesar de integrar el bando derrotado, jamás se dio por vencido, y la brutal represión que vivió en carne propia, no sólo no lo amilanó, sino que le convenció para defender a los suyos, convirtiéndose en uno de los abogados más notorios en defensa de los encausados por las acciones represivas del Tribunal de Orden Público contra el PCE y las CCOO, sindicato del que también fue miembro fundador en el País Valenciano.

Posteriormente, ya en democracia, García Esteve fue concejal del Ayuntamiento de València por el PCPV en la primera legislatura democrática y mantuvo abierto su despacho laboralista en la ciudad, a la vez que colaboraba con Asociaciones de Vecinos y entidades culturales. Un hombre comprometido con sus ideas y con València, pero desgraciadamente poco conocido para la mayoría de sus vecinos. Una de esas personas a las que el anterior Equipo de Gobierno del PP, concedía nombres en avenidas o calles apartadas y casi despobladas, y que esta semana que nos deja, ha subsanado el actual Gobierno local, inaugurando una placa en la casa de la calle Baja que le vio nacer. Esperemos que sea el inicio de tantos reconocimientos que la derecha guardaba sin rubor alguno en un cajón. Por eso, es importante destacar a todas aquellas personas cuyas vidas, como demostró el relato de Agee y las fotografías de Evans, son la base de una historia más apasionante y perturbadora que cualquier otra.

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