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Idea de hermanamiento

Las fallas de hielo

Los «Shoshos» son unos enormes monumentos que se plantan en la japonesa Sapporo

Las fallas de hielo

El concejal Pere Fuset me dijo algo muy entrañable recién estrenado en su cargo: «Yo estic ací per tu», dando a entender que mi trayectoria valencianista le había ayudado a consolidar su propio compromiso político. Me hizo sentir como una especie de mentor o referencia de un prohombre importante, se lo agradezco. Me ofrecí a colaborar en su labor culturo-festiva en lo que me necesitara, pero ya no me llamó jamás. No fue una novedad, nadie de la Junta Central Fallera me ha reclamado nunca para nada, pese a lo que me apasiona esta fiesta. El regidor ni siquiera ha venido a ver mi colección de «llauraores» decimonónica. Pero los antecesores tampoco. Mi único contacto relevante con la cúpula oficial fue cuando encontré unos curiosos documentos del «Comité Central Fallero» de antes de la guerra, los compré y se los regalé al Museo Fallero que ahora tan felizmente dirige Gil Manuel Hernández. ¿Anteriormente hubo algún otro director?

Mi otra gran aportación fue la creación del personaje «Fallerela», hace ahora 18 años. Javier Tejero, actual director del «Turista Fallero» que tutela tras las bambalinas Sento Bayarri, me comentó el año pasado que sería interesante rescatar el personaje ahora que cumple la mayoría de edad, y seguramente habría dibujantes jóvenes, quizás menores que ella, capaces de darle una nueva imagen más impactante. Quedé abierto a cualquier propuesta, pero nada se concretó. Sin embargo, yo no dejo de pensar en mi fiesta favorita. Para afianzarla como «Patrimonio de la Humanidad», hay que pensar nuevas iniciativas.

Hace algunos meses hablé con eminentes falleros de la «Nofalla», que consistiría en unir esfuerzos, de manera similar a una comisión fallera, y que cada año, en un sector, se plante un monumento permanente obra de un artista fallero. Es lastimoso como se van creando nuevos espacios urbanos públicos, calles y plazas peatonalizadas, y el ayuntamiento no gasta nada en ornamentación artística. Los escultores de nuestra ciudad no tienen ninguna oportunidad de exponer e instalar sus obras en nuestra urbe, y hay más sitio que nunca para ello. Por cierto, que bonita la obra artesana de Juan Carlos Iñesta en «Domanises», un taller avalado por varias generaciones que descubrí casualmente la semana pasada.

Hay un proyecto que seguramente daría a las fallas más repercusión incluso que el reciente espaldarazo de la Unesco: Hay que hermanar las «Fallas» de Valencia con los «Shoshos» de Japón. Los «Shoshos» o esculturas de hielo son unos enormes monumentos que se plantan en la ciudad japonesa de Sapporo durante su «Festival de la Nieve» que tiene lugar durante una semana en el mes de febrero.

Sapporo es una región muy fría del Japón, en la isla de Sokkaido, famosa por los Juegos Olímpicos de 1972 donde el esquiador Paquito Fernández Ochoa ganó una medalla de oro. Es tan largo y aburrido su invierno que en el año 1950 unos estudiantes se entretuvieron construyendo unas originales esculturas con hielo que se derritieron cuando llegó la primavera. Cinco años después los soldados de una cercana base militar se incorporaron al equipo y poco a poco se fueron sumando más voluntarios. Al final la cosa se multiplicó y actualmente se plantan unas 400 esculturas de hielo, casi como fallas en Valencia.

No acaban aquí los paralelismos. Si nosotros tenemos Fallera Mayor, allí se elige en un concurso la «Reina del Hielo de Susuki», para representar a la fiesta. La cantidad de turistas para este evento se ha elevado progresivamente hasta dos millones de personas, y aportan unos ingresos de más de 40.000 millones de yenes, unos trescientos millones de euros, a la economía de la zona.

Hermanar las «fallas» y los «shoshos» sería muy fácil ahora que somos Patrimonio Universal de la Humanidad. Sería cuestión de presentarse en Japón y hablar con aquellos señores. Ambas partes se beneficiarían mutuamente, sin perjuicio para nadie.

El hermanamiento consistiría en llevar una falla tradicional allí, y un encuentro entre la fallera mayor y la reina helada. Incluso es fácil que aquellos ingeniosos constructores reprodujeran nuestros Micalet o nuestra Ciutat de les Arts, pues parece que en sus creaciones les gusta replicar fachadas de monumentos famosos, como muchas veces hemos hecho aquí en las fallas.

La contraparte sería instalar una falla de hielo en la plaza del Ayuntamiento, junto a la falla tradicional. La noche del 19 de marzo, cuando la falla ardiera, su gemela de hielo se derretiría espectacularmente, creemos que sin riesgo para nadie, pues lo único que pasaría es que el agua se iría por las alcantarillas.

La cercanía de las fechas propicia una relación fluida. La semana helada de Asia es en febrero, la semana caliente de Europa es en marzo. Cronológicamente es perfecto para que los falleros vayan a Japón primero y, a continuación, traigamos como invitados a los japoneses, emulando aquellas primeras embajadas de ese país que arribaron a nuestra península hace 400 años, en tiempos de Felipe II.

El hermanamiento del Festival de la Nieve de Sapporo con la Semana Fallera de Valencia puede ser una magnífica fuente de promoción turística y económica que ninguna de ambas partes debe desaprovechar. Además el consistorio que lo promueva obtendrá un gran éxito de resonancia mundial, porque significará llevar las fallas a lo más lejos que nadie las ha llevado.

Igual que cuando escribí los libros sobre las Valencias del mundo, me ofrezco de manera desinteresada a viajar hasta Japón para realizar las pertinentes gestiones de cara al hermanamiento formal, el próximo año o el siguiente. Si es que al consistorio y a la Junta Central les parece interesante. Esto significaría potenciar el Patrimonio de la Humanidad, llevando las Fallas hasta el Infinito y más allá.

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