08 de mayo de 2017
08.05.2017

Recordando los grandes teatros históricos de València

El Teatro Principal era en el siglo XIX el espacio lúdico preferido por la sociedad valenciana

08.05.2017 | 12:10
El Principal en 1883, con la gran marquesina que se eliminó.

Los teatros, entendidos como edificios donde se desarrollan las funciones con la misma denominación, tienen sus orígenes occidentales en la época griega y romana. «Valentia» no tuvo teatro, a pesar de contar con otros edificios relevantes, como el Circo. Tras la caída del Imperio Romano el género fue rescatado por la Iglesia, con el fin de adoctrinar al pueblo mediante representaciones de misterios y moralidades en los templos, inicialmente en latín, poco a poco en las lenguas vernáculas, más entendibles por el vulgo, siendo el Misteri d'Elx la referencia más importante de todos conocida.

Las piezas religiosas dieron lugar a las farsas profanas, que comenzaron a ser representadas en edificios diseñados para ello, naciendo en 1585 en Vicenza el primer teatro cubierto, coetáneo del Globe londinense, que por aquella época acogía el estreno de las obras shakespeareanas.

En 1586, el Hospital General recibió el privilegio real de explotar las actuaciones teatrales de València, en el Corral de la Plaça de l'Olivera (actual calle Comedias, de ahí el nombre), edificio tan conocido por aquel entonces que incluso lo cita Cervantes en El Quijote. En 1725 fue ampliado por el Padre Tosca, renombrándose a «Casa de las Comedias», hasta que Felipe IV prohibió las comedias en 1650 por su influyente carácter crítico contra el sistema, siendo demolido. En 1761 se volvieron a autorizar, rehabilitándose para ello el gran almacén municipal de trigo llamado la Botiga de la Balda, situado en la calle Salvador, pero fue clausurado en 1779 por tener estructura de madera, para evitar una tragedia como la del gran incendio del Teatro de Zaragoza.

El Teatro Principal
Se puso en marcha entonces la construcción del Teatro Principal, según diseño de 1774 del arquitecto italiano Filippo Fontana, iniciándose las obras en 1806 tras adecuación al solar proyectada por los arquitectos Salvador Escrig y Cristóbal Sales. Iniciadas las mismas llegó la Guerra de la Independencia, cuyas penurias obligaron a un recorte presupuestario consistente en la eliminación del sótano, del tercer piso de palcos, de la fachada y de la decoración interior, inaugurándose en precario en 1832. Posteriormente se recuperó al proyecto original, elevándose el tercer piso en 1845 y remozándose el interior en estilo rococó por la terna constituida por el arquitecto Sebastián Monleón, el escenógrafo José Pérez y el pintor Vicente Camarón. La fachada se culminó en 1854 en estilo neoclásico, incluido una gran marquesina hoy desaparecida. Las últimas reformas son de 1946, remodelándose el vestíbulo por el arquitecto Luis Albert y el pintor Stolz Viciano, concluyéndose también la fachada lateral en 1965 tras quedar vista tras el ensanchamiento de Poeta Querol tras el derribo de las casas anexas.

El Principal era en el siglo XIX el espacio lúdico preferido por la sociedad valenciana, albergando tanto teatro como conciertos, ópera, zarzuelas, danza y el tradicional baile de máscaras de carnaval. Su éxito devino en la multiplicación de teatros en la ciudad, siendo los más conocidos el Teatro (de la) Princesa (1853-1989), levantado en Moro Zeit por Mateo Tomasí, sobre el terreno donde se ubicaba el mayor convento hasta entonces del Reino de Valencia, el de la Puridad, que a su vez fue previamente Palacio del Moro Zeit. Su aforo era constante por la proximidad del Mercado Central y su entorno urbano, ocupado por familias acomodadas que poco a poco fueron trasladándose a nuevas zonas de la ciudad, iniciándose su progresivo declive hasta el cierre en 1989, y desaparición tras un incendio en 2009.

De aquella época hay que recordar el Teatro de la Marina (anteriormente de las Delicias) (1856-1959), emplazado en el Cabanyal, cuando este barrio era una población independiente de 10.000 habitantes, asistiendo también como público los veraneantes burgueses; el Teatro Ruzafa (1868-1973), en la esquina del paseo del mismo nombre con Colón, especializado en revista y al mando de la familia Culla; el Teatro Apolo (1876-1969), en Juan de Austria, derribado para hacer Galerías Preciados, primer espacio que proyectó cine, el 10 de septiembre de 1896; el Tívoli (1877-1892), en el cruce de Ruzafa con Germanías, en el nuevo barrio del Ensanche también llamado Distrito del Teatro por la pronta abundancia de este tipo de inmuebles, como el Pizarro (1891-1910) y el Eslava (1908-1959), obra del arquitecto José Manuel Cortina, autor de la Casa del Dragón en Jorge Juan, en estilo ecléctico vertiente neo-mudéjar; el Teatro Lírico (antes Trianon Palace) (1914-1948), situado en el paseo Ruzafa esquina Convento Santa Clara, uno de los primeros proyectos del arquitecto Javier Goerlich, con la ayuda artística del pintor José Benlliure hijo, tras encargo de su promotor, Manuel Porres, cuyo yerno Emilio Pechuán tomaría el relevo del negocio reconvenido al cinematográfico.

Y por último, recordar al Teatro Olympia, erigido en 1914 y único junto al Principal que ha funcionado ininterrumpidamente hasta nuestros días, siendo en este caso de titularidad privada, explotado hoy por los hijos de Enrique Fayos; el Gran Teatro (más adelante Cine Rex) (1923-1993), en Marqués de Sotelo, propiedad del conde Trénor, según diseño del arquitecto Almenar; el Teatro Talía (1927), del arquitecto Javier Goerlich, en pleno rendimiento con 580 localidades; y el Teatre València-Cinema (1920-1991), construido en los bajos de la antigua hospedería del XIX de la calle Quart, según diseño del arquitecto Joaquín Rieta Síster.

València sigue ofreciendo una oferta variada tanto en sus salas históricas, como en otras más recientes (Sala Russafa, Rialto, Teatre Micalet, El Musical, La Rambleta), donde actuación tras actuación se reivindica el género combinado con otras representaciones artísticas, conectando al espectador con un mundo de sentimientos y sensaciones a través de la puesta en escena desarrollada en edificios que a la vez embellecen y dotan de carácter y alma a nuestra ciudad.

*Málek Murad Mateu es arquitecto

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