10 de noviembre de 2018
10.11.2018

El kiosco de la Gran Vía queda en el aire tras dejar el dueño la concesión

El ayuntamiento deberá decidir ahora si lo mantiene vivo tras más de cincuenta años de historia

09.11.2018 | 21:23

El histórico kiosco-bar situado en el bulevar central de la Gran Vía Ramón y Cajal, en las inmediaciones de la Plaza de España, ha entrado en fase crítica. Después de cincuenta años de vida, en los que se convirtió en icono del ocio valenciano, el dueño de la concesión ha renunciado a la misma y el Ayuntamiento de València, propietario del suelo, se la ha aceptado. Ahora falta por decidir qué ocurrirá con el local, que se encuentra abandonado, con los cristales rotos y muy deteriorado, según pudo comprobar ayer este periódico. La Concejalía de Patrimonio deberá decidir si hace una nueva concesión.

El origen de este negocio hay que situarlo en el año 1956, cuando la Delegación de Tráfico del Ayuntamiento de València autorizó a Vicente Carrión Grau a trasladar provisionalmente el kiosco que tenía en la Plaza de San Agustín a la isleta de la calle San Vicente en su confluencia con la Gran Vía Ramón y Cajal. Dos años después, el Gobierno Civil de la provincia de València autorizó la apertura de un kiosco bar en ese lugar. Y en mayo de 1962, el consistorio autorizó el traslado del establecimiento al bulevar de la Gran Vía Ramón y Cajal, ubicación que ha ocupado hasta el día de hoy.

En estos más de cincuenta años, el local, conocido como el «Trina», ha pasado por diferentes manos y ha sido un referente del ocio valenciano, incluida la noche. Los almuerzos después de la fiesta eran famosos y esa fama la ha conservado hasta los últimos años de vida.

Problemas de edad

Sin embargo, el beneficiario de la concesión, Vicente Carrión, ha cumplido años y ha decidido deshacerse de la misma, ya que no es posible traspasarla y no quiere seguir pagando la tasa por ocupación de suelo municipal que le cobra el ayuntamiento. La renuncia se hizo oficial en marzo del año pasado y después de realizar los correspondientes informes, la Junta de Gobierno Local aceptó ayer la propuesta. Concretamente, la junta declara «extinta la autorización para el uso de suelo público en los jardines de Ramón y Cajal».

Ahora queda por ver el futuro que le espera a este kiosco. Fuentes de la Concejalía de Patrimonio explicaron que lo normal en estos casos es analizar el estado del local y valorar la posibilidad de sacarlo de nuevo en concesión, aunque por el momento no hay nada decidido.

En principio, el informe emitido por la Oficina Técnica de Patrimonio con fecha 27 de septiembre de 2017 dice que «el kiosco se encuentra en óptimo estado de higiene y mantenimiento». Pero la realidad a día de hoy, un año después de aquel informe, es bien distinta. Según ha podido comprobar este periódico, el local se encuentra en estado de abandono total, con los cristales rotos, el interior arrasado y evidentes signos de haber sido ocupado por personas sin hogar.

No hay síntomas de que la estructura del kiosco esté en mal estado, pero el vandalismo ha hecho mella en el conjunto. De hecho, la puerta más próxima a la Plaza de España tiene una cinta de la Policía Local restringiendo el paso, lo que demuestra que ha sido necesaria su intervención en más de un caso.

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