22 de diciembre de 2018
22.12.2018

La protectora de València acumula cerca de ochenta perros peligrosos pendientes de adopción

La mayoría han sido decomisados por la policía por no tener licencia, pero hay muchos otros abandonados o de peleas

21.12.2018 | 22:38

La protectora Modepran, gestora del Refugio de Animales del Ayuntamiento de València, tiene cerca de ochenta perros potencialmente peligrosos en espera de adopción. Se trata, en su mayoría, de animales decomisados por las Fuerzas de Seguridad y están en condiciones de vivir con una familia, pero la «estigmatización» de este tipo de razas complica mucho su adopción. Tienen un perro que llegó de cachorro y seis años después sigue allí. Hay otros animales que llevan más tiempo aún. Y muchos de ellos acaban muriendo de viejos o de tristeza, aseguran.

La polémica sobre las razas de perros peligrosos ha salido de nuevo a la luz tras el incidente que tuvo la concejala socialista Sandra Gómez con dos perros peligrosos en la playa de la Malva-rosa. Las mordeduras de un american stanford le causaron graves heridas en la mano y además se ha sabido que la dueña del animal no tenía licencia, ni seguro ni la cartilla de vacunas al día.

Son estos algunos de los motivos más frecuentes por lo que estos perros son decomisados por la policía y acaban en el refugio de animales de Benimàmet (antigua perrera), donde luego tienen muchas dificultades para darlos en adopción. Según explicó la portavoz de Modepran, Amparo Requena, en la actualidad tiene cerca de ochenta perros de razas peligrosas en sus dependencias: unos 50 en el refugio de Benimàmet y el resto entre sus otros recintos de Carlet y Paterna.

Se trata de animales que en su mayoría han sido decomisados por la policía por estar sueltos o no tener licencia, pero también hay muchos otros que han sido abandonados, tratados con crueldad o utilizados en peleas. De hecho, algunos llegan en muy mal estado al refugio.

Todos ellos son curados, atendidos y en caso de haber sido víctimas de situaciones violentas, se someten a una terapia de rehabilitación para reconducir su comportamiento agresivo y hacerlo apto para vivir con una familia de manera normal.

Sin embargo, la «estigmatización» social de estas razas hace muy complicada su adopción, asegura Amparo Requena. Tienen, por ejemplo, un perro de nombre Balú, que llegó de cachorro y ya lleva seis años en el refugio, convertido lógicamente en «un perro adulto, dócil y cariñoso». Y tienen varios animales más que llevan más de seis años allí esperando una salida.


Cuestión de sentimientos

Amparo Requena lamenta que este tipo de perros tengan que pasar la vida en una jaula, dicho coloquialmente. Y lamenta aún más que muchos acaben «muriendo de viejos o de tristeza». «Porque los perros son seres vivos, con sentimientos, que no entienden el abandono y que en muchos casos no reaccionan, nunca admiten que les han abandonado, y acaban muriendo de pena», explica Requena.

Ante esta situación, desde Modepran solo pueden insistir en la necesidad de adoptar animales abandonados, también a los que pertenecen a razas potencialmente peligrosas, ya que del refugio salen en perfectas condiciones los que nunca han tenido ningún problema, que son la mayoría, y también los que se vieron violentados con sus dueños anteriores.

Y por lo que respecta a su cría, venta y distribución, Requena pide mayor control por parte de la administración, pues la inmensa mayoría de los animales peligrosos llegan de los cuatro barrios de València de los que recientemente ha hablado este periódico. Se trata de Malilla, Fuente de San Luis, Natzaret y el Cabanyal.

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