11 de enero de 2019
11.01.2019
Los posibles candidatos

La larga intrahistoria: el no rotundo de Pons y el sí forzado de Bonig

10.01.2019 | 21:35

Maria José Català encabezará la lista municipal de València por un cúmulo de circunstancias y, principalmente por dos situaciones que han resultado decisivas. La primera y fundamental ha sido el no rotundo del portavoz del PP en el Parlamento Europeo, Esteban González Pons, que ha rechazado en varias ocasiones asumir la candidatura pese a que era el favorito de Génova, tanto en la etapa de Mariano Rajoy como en la de Pablo Casado.

La otra premisa que se ha cumplido para que Català sea la elegida ha sido superar los recelos de Bonig, quien llegó a expresar en tiempos de Mariano Rajoy su rechazo a quien ha considerado su rival interna. Bonig quería y lo dijo de forma repetida un independiente y en su búsqueda llegó a hablar con varias personas.

Durante un tiempo su opción era el portavoz del PP en el grupo municipal, Eusebio Monzó. Con el relevo en el liderazgo del PP a nivel nacional, Bonig trató de mantener el pulso con Pablo Casado e incluso le hizo llegar el mensaje de que la decisión de nombrar al alcaldable era suya y estaba tomada.

La situación de debilidad en la que quedó (la cúpula regional apostó por Soraya Sáenz de Santamaría), hizo a Bonig darse cuenta de que un enfrentamiento con la dirección nacional podría incluso costarle su propia candidatura a la Generalitat.

De ahí que, paulatinamente y conforme se reconstruía su relación con Casado, Bonig empezó a ceder en favor de Català. Otros elementos han jugado también a favor de Català, quien en un principio no era vista con entusiasmo en el círculo de Casado y que hasta hace unos días era sólo su plan B, en caso de fallar otras alternativas.

Algunas fuentes sostienen que Català se pasó al bando de Casado la noche anterior a la votación de las primarias, aunque la historia oficial la sitúa, como miembro de la gestora de la provincia de València, en el bando de Sáenz de Santamaría.

El sondeo encargado por la dirección nacional para calibrar el nivel de popularidad de posibles aspirantes, aunque en modo alguno determinante, sí dio argumentos a favor de la exconsellera.

González Pons, como era de prever, resultó el más conocido; pero después de él quedó Català, a distancia significativa de otros aspirantes como Luis Santamaría o Vicente Betoret.

Génova en su apuesta por independientes, incluyó también el nombre del abogado y presidente de la Fundación Conexus, Manuel Broseta Dupré, quien, al trascender la encuesta, no tardó en desmarcarse del PP en un comunicado en el que expresó de forma rotunda su disposición a ser el alcaldable.


Cambio de opinión

Con el no de Broseta, Casado siguió teniendo dudas de quién lanzar para recuperar la alcaldía y ha mantenido la incógnita hasta el último momento, hasta el punto de que Broseta volvió a ser sondeado. Otro nombre que ha estado encima de la mesa ha sido el del exconseller de Justicia Fernando de Rosa. Antes de Navidades, Bonig dio a Casado su conformidad para que Català fuera la candidata.

La dirección regional ha acabado viendo como una oportunidad lo que en su día vio un problema. El tándem Bonig-Català funcionó bien cuando ambas compartieron cargo de coordinadoras en el partido en la etapa de Francisco Camps o cuando convivieron en el Consell de Alberto Fabra, una como portavoz y la otra como consellera y número dos del PPCV.

Català representa la cara más moderada y centrista del PP y Bonig, la conservadora, que presume con orgullo de ser de derechas. La situación, además, es distinta a la de hace un tiempo, ya que lo que antes era un imposible (reconquistar la Generalitat), ahora también se aparece como factible aunque el PP no sea primera fuerza.

Aunque en el PPCV hace semanas que se había asumido ya el nombre de Català, la dirección nacional se lo dio como algo hecho hace muy poco. Según algunas fuentes, ni siquiera era un asunto cerrado cuando Català, el pasado 28 de diciembre, se dio de alta en el padrón. Era el último día hábil del año en que podía hacerlo antes del cierre del censo electoral. De haber esperado más, con los cambios en la Loreg que impiden el empadronamiento exprés, se habría quedado sin la foto de candidata votando en la ciudad.

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