Las pescadoras del Palmar, 25 años después
«Estamos orgullosas y volveríamos a hacerlo», afirman las mujeres que pleitearon por el derecho a pescar en la Albufera

Las pescadoras del Palmar, 25 años después
hortensia garcía | valencia
Hace 25 años se desataba en El Palmar, un pintoresco pueblo de apenas 800 habitantes enclavado en pleno Parque Natural de la Albufera, un conflicto por la pesca abanderado por un grupo de seis mujeres que se enfrentó al sistema patriarcal de la comunidad de pescadores para reclamar su derecho a faenar en el lago. Una tradición medieval y machista solo permitía heredar el derecho a la pesca a los hijos varones, a los que el rey Jaume I otorgó el privilegio 750 años atrás. La lucha contra viento y marea de este grupo de mujeres tenaces, pioneras e icono quizás sin pretenderlo del feminismo, abrió una herida en este pueblo de pescadores y arroceros, escenario del drama blasquiano de Cañas y Barro, que aún colea.
Cumplida ya una década de aquella sentencia histórica este diario ha querido hablar con las y los protagonistas de aquel conflicto, algunos ya fallecidos como la entonces alcaldesa, Rita Barberá, que acabó poniéndose del lado de las «demandantes». ¿Qué ha sido de aquellas mujeres que se enfrentaron a la discriminación que sufrían ellas y sus hijas? ¿Cuál es la situación actual de la comunidad? ¿Se han reconciliado los bandos enfrentados?
El conflicto por la pesca del Palmar llenó hojas de periódicos y minutos de los informativos de televisión y alcanzó especial virulencia cuando los responsables de la comunidad de pescadores estuvieron a punto de ingresar en prisión por negarse a dar entrada a las mujeres.
Teresa Chardí, Vicenta Dasí (ya fallecida), Felicidad Dasí, Elena Marco, Teresa Bru y Carmen Serrano, la voz de «las demandantes», fueron las protagonistas. De ellas solo tres viven ahora en el pueblo (Teresa, Carmen y Elena) aunque todas mantienen contacto. Son socias de la comunidad, pero ninguna se dedica a la pesca como actividad principal.
Su historia arrancó en 1994, cuando remitieron una carta a la comunidad solicitando su ingreso. No hubo respuesta. Tres años después acudieron al Institut de la Dona para asesorarse sobre los pasos a seguir. La entonces directora, Esther Fontfría, «nos aconsejó que evitáramos el conflicto y apostásemos por el diálogo». No funcionó y acudieron a la vía judicial.
Su motivación no podía estar más clara. «Muchas de mis compañeras se criaron en hogares de pescadores pero no podíamos ir a pescar porque éramos mujeres, podíamos vender pescado, ayudábamos a coser las redes, preparábamos palangres, sabíamos 'perxar', pero ser pescadora o heredar el derecho para nuestros descendientes no. Era una injusticia. Por eso era tan significativo que eso cambiara». «No se trataba de quitar trabajo a los hombres, sino de tener el derecho y decidir si querías o no ejercerlo».
El litigio acabó judicialmente en 2008 cuando una sentencia, que la comunidad decidió acatar, volvió a dar la razón a las mujeres. El derecho a pescar ya les fue reconocido en 1998, cuando ganaron una primera sentencia que obligó a la junta a modificar los estatutos para dar entrada a las mujeres. La junta modificó los estatutos pero con trampa, incluyendo un nuevo requisito, el de los avales. Algunas mujeres, afines a la directiva del momento, lograron ingresar, pero Carmen Serrano y sus compañeras no se dieron por satisfechas y volvieron a los tribunales, que en enero de 2008 volvieron a darles la razón. La comunidad acató. En julio de 2008 se readmitieron a los socios que fueron expulsados por apoyar a las mujeres y la paz volver a este pequeño pueblo, donde pese al tiempo transcurrido, hay heridas que aún siguen abiertas.
«Hay personas que todavía no me hablan, hay quien no lo ha superado, pero nosotras estamos muy orgullosas», recuerda Carmen Serrano, quien como sus compañeras sufrió el ostracismo social e incluso algún episodio de «escrache» en el proceso. «Me acusaron de todo, de tener intereses políticos pero nunca pensé en irme». La reacción en contra de los pescadores era más o menos esperada, pero lo que más les dolió fue el rechazo de otras mujeres. «No nos entendieron, muchas se rindieron al machismo sin conocer los argumentos de la sentencia». «Fue difícil, pero volveríamos a hacerlo, aunque aquí no se nos haya reconocido lo que hicimos». «En aquel tiempo no había nada, no había ley de Igualdad, nos acogimos a la Constitución, todavía reciente, y al derecho a la igualdad entre el hombre y la mujer y al derecho al trabajo».
Carmen Serrano era profesora de Religión en el colegio de El Palmar cuando empezó el contencioso por la pesca. «Entonces me apoyó hasta el obispo», comenta en tono distendido. Su marido, profesor universitario, y sus tres hijas la apoyaron en todo momento. En la actualidad, Carmen Serrano da clases en un pueblo vecino y asiste cuando se lo piden a congresos sobre igualdad y dar charlas informativas sobre la historia de la Comunidad de Pescadores de El Palmar en colegios e institutos. La expulsión de su suegro de la comunidad es una espina que Carmen Serrano no se ha sacado. «Murió expulsado, de cáncer de piel, porque el sol de la Albufera se lo había comido». «La comunidad les ofreció en un momento dado la oportunidad de retractarse, pero el se negó, lo hacía por sus nietas», una de las cuales pesca hoy con el número del sorteo de redolins que tenía su abuelo, el 25. Aquel conflicto animó a Serrano a estudiar Psicología y a seguir formándose en materia de igualdad y perspectiva de género. Ahora planea escribir un libro y contar en primera persona la historia de las mujeres de la Albufera.
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