El lunes es silencio y soledad en los Poblats Marítims. Tan sólo en los establecimientos de hostelería se nota un cierto ambiente. Durante la Semana Santa Marinera, esa quietud permite escuchar a la legua el sonido de las cornetas. El sonido se propaga con más facilidad y el otro indicativo, las luces de los coches de la Policía Local, anuncian por donde discurren las procesiones del Lunes Santo. Las hay que llegan incluso casi a tocarse, como sucedía ayer en el Rosario, donde el Cristo de los Afligidos recorría una calle y prácticamente al lado lo había el de las Angustias, en una incursión por el Canyamelar de la hermandad del Cabanyal. La primera de ellas es la más especial del domingo, porque el Cristo es llevado a pecho, bajo palio y custodiado por la Policía Nacional. Llegó el momento en el que ambas acabarían por encontrarse.

Mientras, apartados, en una particular isla, una hermandad centenaria hace su particular Semana Santa. Es Marinera porque los Camins al Grau lo son. Es la Hermandad del Cristo de la Concordia, que ayer desfilaba a buen ritmo (en un momento incluso a los sones de «paquito el Chocolatero») en la Retreta. «Somos 35 hermanos» asegura el presidente y hermano mayor, Abraham Abad. Están adscritos a Santa María del Mar, pero al crearse su parroquia propia constituyen esa rareza geográfica que los hace únicos. Salen con su imagen el miércoles y después participarán, como es preceptivo, en actos colectivos. No es fácil, pero las túnicas púrpuras siguen pasando, año tras año, por Islas Canarias, Trafalgar, Carolina Álvarez o Noguera.

Hoy es Martes Santo y la Semana Santa Marinera multiplica su actividad. No sólo con las imágenes, que ayer ya estaban al alcance de cualquiera. Hoy sale Jesús Nazareno y el Ecce Homo.