23 de mayo de 2019
23.05.2019
Tradiciones

Un Besamanos que podrían ser dos en 2020

La Basílica baraja ampliar a dos días la visita a la Virgen de los Desamparados para evitar las largas colas

22.05.2019 | 22:11

Una visión del entonces presidente de los Seguidores de la Virgen, Juan Arturo Devís, en Sevilla. Después de acudir a ver la imagen de la patrona en la ciudad hispalense, se encontró de bruces con un besamanos al Jesús del Gran Poder. «¿Por qué no hacer lo mismo en València?». Desde la primera vez, el encuentro con la Virgen de los Desamparados es un acto de fervor de masas, que dada la masiva afluencia podría ampliarse un día más para evitar las ya tradicionales esperas interminables.

La Basílica ya trabaja con lógica en duplicar el acto. Un día, para niños (bebés y colegios), impedidos –que acceden por otra puerta y ralentizan el recorrido– y posiblemente ancianos, y otro para los demás. Para apenas cinco segundos delante de la imagen Peregrina hay que aguardar varias horas. Y suerte que este año la meteorología fue un poco más benévola. Sí: hacía sol, pero no el tórrido de otras ocasiones.

La Cruz Roja trabajó menos que otras veces. Lo que no impidió que las tomas cenitales estuvieran marcadas, por lo menos, hasta media tarde, por los paraguas reconvertidos a parasoles (el toldo está, pero no se le espera). Y en el interior, la «mareta», de gris, recibiendo un acto efímero de fe. A cada beso, limpieza de la mano para evitar enfermedades. Estampita, lágrima, señales de la cruz, peticiones de silencio, aves marías y deber cumplido.

¿Cuánta gente acude de verdad? No hay que engañarse porque tampoco hace falta. Porque es un éxito igualmente. No acuden treinta mil personas. Valga el cálculo: 19 horas, por 60 minutos, por, aproximadamente, 15 personas por minuto, son 17.000 personas. Súbase un poco por la mayor ligereza vespertina (ahí acude un segmento de población más joven).

Pero en el mejor de los casos podría estar cerca de veinte mil. Que son muchos. Tanto es así, que el plan camina ya hacia doblar el festejo para evitar lo que no tiene sentido: la espera interminable.

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