13 de agosto de 2019
13.08.2019
Tradiciones

Emocionarse a la orilla del mar

Nueve caballos participan en las centenarias "Corregudes de Joies" de la playa de Pinedo

12.08.2019 | 23:15
Emocionarse a la orilla del mar

«¡No hay ningún caballo en toda la huerta, ni en cien kilómetros alrededor, que corra más que el mío!», «Mi caballo corre más que el tuyo». Así, con este cruce de frases, arrancaron les «corregudes de joies» en el año 1823 y prendieron la chispa de la emoción de una tradición de siglos. Ayer, las carreras volvieron a desempolvar sus raíces en la Creu de la Conca de Pinedo y tendrán continuidad esta tarde y mañana.

El seísmo de la tradición se sintió cuando las herraduras de los nueve caballos participantes en les «corregudes de joies» se enterraron en la arena del municipio de Poblats del Sud. Las modernas grúas del puerto no distorsionaban la página de la historia que se recreaba, porque esta exhibición mantenía la esencia de su origen. Los pencos, montados por Ángeles, Brais, Marcos, Empar, Pau, Vera, José Ángel, Isabel y Raúl, cabalgaban sin la silla de montar como si la libertad se apoderara de su brava condición para recibir el honor de la «joia», el pañuelo de seda que el miércoles entregarán como premio. En cada desafío, la marea humana se abrió como una cremallera entre los 700 metros de recorrido en el que, de dos en dos, «Xaloc», «Colino», «Nevada», «Boira», «Estrella», «Ikaro», «Lluvia», «Raytio» y «Solitario» tuvieron intensas carreras.

Ángeles Viñolestarin, vecina del Perellonet, marcó la diferencia a lomos de «Xaloc», un caballo de pura raza española de la cuadra C. H. Racti. «Estas carreras son una tradición de mucho tiempo y eso lo siento cuando voy encima del caballo por la playa», aseguró la jinete, tras dos años como participante en el concurso de Pinedo. «Es un sentimiento que hay que vivir porque es pura adrenalina. Siento tanta libertad que no hace falta que lo domine con las espuelas», señalaba. «No preparo de una forma especial al caballo para estas carreras, únicamente dejo que sea él mismo en la pista y, como su propio nombre incida, xaloc es un viento asociado a la locura y él lo representa», remarcaba.

Josep Ramón Mocholí, clavario de la Festa Grossa de Pinedo y miembro de la Associació de les Corregudes de Joies, manifestaba que «la historia de estas carreras nació de la gente de la huerta cuando iba a almorzar y había un pique con los caballos de trabajo». «Entonces, quedaban en retarse a una carrera en las fiestas del pueblo y eso es lo que queremos mantener con estas representaciones», expresaba Mocholí. Entre la variedad de caballos participantes hay árabes, españoles o ingleses: «Un pura raza inglés siempre tiene más velocidad porque lo lleva en la genética de la doma y por la fibra de sus camadas. Los que proceden del español y del árabe no tienen tanta velocidad, pero sí más resistencia. Los caballos corren menos en la playa porque se hunde y eso les sitúan en igualdad de condiciones».

La expectación se mantenía mientras el sol languidecía en el infinito del mar y la emoción aumentaba: «Antiguamente, las carreras reunían a la gente para cenar un bocadillo de tomateta i pimentó con sus carros y ahora creo que se han convertido en la fiesta mayor del pueblo», exponía Carmen Alagarda, vecina del municipio.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook