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La gestión más heterodoxa de la historia que no dejó indiferente a nadie

Hiciera lo que hiciera, el trabajo de Pere Fuset ha contado con enconados defensores y detractores

La gestión más heterodoxa de la  historia que no dejó indiferente a nadie

La gestión más heterodoxa de la historia que no dejó indiferente a nadie

A lo largo de cinco años, Pere Fuset no ha dejado indiferente a nadie. Y entre los que ayer le freían a mensajes de ánimo y los que celebraban ruidosamente su abandono de la primera línea, hay un debate imposible de resolver. Entre otras cosas, porque gestionar las Fallas desde un partido llamado Compromís era un bocado difícil de digerir. Cualquier cosa que hiciera iba a amplificarse en un sentido o en otro. Sobre todo, en una sociedad, la fallera, acostumbrada a una amplia zona de confort. Seguramente llegó con la idea de que sería fácil gestionar, pero enfrente tenía un colectivo con una parte indiferente a estas cuitas y otra nada dispuesto a pasarle una, pero en el que también ha encontrado gente que ha entendido sus decisiones. Prácticamente cualquier acción ha tenido su visión positiva y negativa.

Para unos ha intentado poner sentido común en la gestión de la fiesta, especialmente en su relación con los vecinos. Para otros, eso significa acabar con hondas tradiciones valencianas. Esto se ha trasladado, durante estos cinco años, a todo tipo de debates, reales o impostados. Querer acabar con las tradiciones es desde poner un moño a la corte a cambiar a Vicente Ramírez por Bajoqueta Rock en la megafonía o desde establecer un horario de prohibición para la pirotecnia hasta no permitir las carpas el 7 de marzo porque en su interior se celebran carreras de sacos (escuchado textualmente en una asamblea de presidentes).

Polémicas, acuñadas como «charcos», que son para escribir fascículos. Las conocemos todas y todas tienen su interpretación contradictoria (las normas de vestuario, la encuesta...). Seguramente la más dolorosa fue su abandono de la asamblea de presidentes en un tiempo donde convivir con la misma era imposible.

En su haber, sin duda, el traslado de la Exposición del Ninot a la Ciudad de las Artes, la preocupación por los pirotécnicos, la puesta en valor de los infantiles y de la corte de honor, pretender subvencionar más actividades, dar protagonismo a la mujer o, lo que es más importante, no dar la sensación de dirigismo «desde arriba» en los premios. Ha combinado excesos verbales con empatía en las bases. Sin duda, la Concejalía de Fiestas mas heterodoxa de la historia. Nadie le niega, eso sí, la honradez

En las fiestas en general ha transitado con muchas más luces que sombras. Su hoja de servicios es irreprochable en Navidad. La Cabalgata es un gran acontecimiento y las Campanadas, aún más. También ha dado vitaminas a la Gran Fira. En los Moros y Cristianos y en Sant Antoni lo tienen en un altar. Con los vicentinos chocó al inicio y, finalmente, los ha dejado hacer lo que han hecho toda la vida. Y, desde luego, ha puesto en valor la red de museos.

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