«Yo he tenido muchos senadores y congresistas que han venido a las cocinas. No he visto aquí demasiados políticos acudiendo a las colas a ayudar y repartir. No he visto demasiado intento por lo menos». «No es normal morir con un pie en tu cuello. El esclavismo continúa en América, pero de otra forma. Y un líder que sólo desgarra, que tiene un discurso que quiere separar es un mensaje muy claro: no podemos tener líderes que quieren destruir. Puedes ser de centro, izquierda o derecha, pero necesitamos líderes que quieran el consenso, negociar, pactar, que el mundo sea mejor».

Hay para todos. José Andrés es persona, personaje y fogones. Con todo lo cual ha creado su propia marca. Y a día de hoy, la cocina marinada con política y acción social le funciona porque su mensaje es digerible. Nadie le discute que salga a la calle para ayudar a los necesitados. Y ayer apareció por València y la Pobla de Vallbona para maridar sus particulares pasiones: repartir comida a unos y tortas, o galletas, a otros. Los que, a su criterio, lo merecen y no lo merecen, respectivamente.

Ayer se dedicó a escabechar a una clase política. En la que cree más bien poco mientras, a la sombra del campo de Mestalla (A Anil Murthy le dio tiempo a acercarse, saludar, ejercer de anfitrión y ayudar en el reparto) su ONG World Central Kitchen se dedicaba a repartir una preparación gastronómica básica y de consumo inmediato: una hamburguesa con arroz y tomate con pieza de fruta y pan, que cientos de personas se llevaron de forma voluntaria.

Simultáneamente, el Banco de Alimentos repartía de forma controlada kits básicos, con los productos típicos de las colectas solidarias: cacao, galletas, aceite, azúcar, legumbres, arroz... para ir pasando los días. Prácticamente todo para un público migrante, que acudió con carritos y bolsas de rafia.

Al cocinero «dos estrellas» se le escucha a la legua e igual departía con los beneficiarios que repartía reproches: «los españoles ven muy pocos mensajes de unión y acción entre nuestros políticos. Qué malo eres tu y qué peor eres tu. La gente quiere mensajes de empatía. Que no pensamos igual pero hay que encontrar puntos en común. No hay derecho a que alguien pase hambre. Y si un partido político no piensa eso, no tiene sitio. Me da la sensación de que sobran discursos y falta acción, pies al suelo, manos arriba y cubrir necesidades. Los discursos no llevan a ninguna parte».

«Reconocer que hay hambre»

Asturiano de nacimiento, estadounidense de nacionalidad, cerradísimo catalanoparlante, nominado al Nobel de la Paz, imagen constante de ser el primero que sale a la calle en caso de catástrofe con sus tapers. Su figura ha aparecido rápidamente en el momento de brotar la pandemia. «Lo primero que hay que hacer es reconocer que hay hambre. Y cuando reconoces el problema, puedes hacer una acción. Y el problema está aquí, en Madrid, en La Coruña y el Marbella. La inversión es muy pequeña y el retorno es enorme: dar esperanzas de que las cosas van a cambiar y mientras, les ayudamos». «Esto parece que nunca se acaba y todos tienen que arrimar el hombro. Porque nosotros somos una ONG de emergencia», dice.

A su mesa no está invitado el inquilino de la Casa Blanca. «Las balas de goma de Trump, cuando fueron a manifestarse ante la Casa Blanca, eran innecesarias. Luego aparece con una Biblia que nunca ha abierto... eso se estudiará durante muchos años», concluye.