12 de junio de 2020
12.06.2020
Levante-emv
Antigua fábrica

Adiós a la fábrica Turia, vieja enseña industrial

El derribo de las instalaciones, degradadas y ruinosas, avanza en la desaparición de las huellas de un próspero pasado junto a las vías

11.06.2020 | 20:12

La historia de las ciudades está marcada por su propia evolución, como si de una especie se tratara. Y las marcas, huellas y cicatrices que deja en su traza urbana se mantienen o desaparecen según transcurren los acontecimientos. En la calle San Vicente, València pierde de forma inexorable una de sus características históricas: las industrias centenarias que, crecieron junto a la vía del tren, ese cinturón de hierro que partía, y sigue partiendo en dos mitades, el sur de la ciudad. A su vera creció un complejo de fábricas que, con el paso del tiempo ha ido desapareciendo. De hecho, una visita de satélite no muestra, ahora mismo, más de un kilómetro de descampados, con contadísimas naves todavía en pie, pero con los días contados. A la espera de reconvertirlo todo en el nuevo Parque Central. Paso al progreso. No hace tanto, el viajero veía todavía las fábricas y cómo la vía del tren entraba en sus interiores para cargar y descargar. Todo eso va fuera. En su momento, también las vías.

Ayer, la concejala de Desarrollo y Renovación Urbana, Sandra Gómez, visitaba uno de los últimos vestigios de aquel pasado: la antigua fábrica de cervezas «El Turia». Abandonada a su suerte por las promotoras, sigue el camino de Macosa o Hierros Mateu: su desaparición física. La desaparición de la cervecera, cuyas oficinas todavía estaban en funcionamiento con el cambio de siglo, es la crónica de una demolición anunciada.

Reivindicación vecinal

El edificio racionalista ?líneas rectas, geometría sencilla y funcional, ausencia de ornamentación? fue defendido hace ya años por colectivos de defensa del Patrimonio Industrial Arquitectónico. En la actualidad es una sombra de lo que fue: abandono, basura, escombrera, chabolismo. La melancolía riñe con el pragmatismo. Da penita, pero es indefendible. Sobre todo, pensando en los que viven el día a día allí mismo. «Teníamos el compromiso con los vecinos del barrio de la Creu Coberta para garantizar la seguridad y evitar la degradación de la zona. Era una intervención imprescindible» aseguraba la vicealcaldesa. Curioso el caso de las cerveceras autóctonas: sus viejas fábricas son iconos del paso del tiempo. Como lo fue en el Canyamelar la desaparición de la de El Águila, también a la vera de una traza ferroviaria.

Desde la compra por una promotora en la operación Parque Central, «la fábrica ha estado sumida en el abandono y la degradación. Los vecinos lo han denunciado repetidamente y el anterior gobierno no hizo más que dejadez de funciones. Nos tuvimos que hacer cargo del derribo de lo que quedaba de la antigua fábrica, evitando así que la zona se deteriorase más y garantizando la seguridad». Pasará a ser un solar, que «se engloba en la actuación que implicará el soterramiento de las vías para crear una zona verde en la superficie. Pero los costes, que con las distintas actuaciones llegan ya al millón de euros, los repercutiremos a la propiedad a la hora de acometer la reparcelación de los suelos que conforman el PAI».

Devorando huellas

Quedará una última fase, en la que caerán las últimas estructuras. Y el futuro va devorando las huellas del pasado a cada lado de la Vía Augusta, Carretera Real de Madrid, calle San Vicente. Hace más de medio siglo ya se desalojaban las industrias junto a la plaza de España, como la alfarería de Matías Feliu, frente a la Roqueta. Siete naves reconvertidas sobreviven en el cruce con César Giorgeta. Y más allá, las piezas van cayendo una a una. Lo mismo que las casas de dos pisos, prácticamente todas degradadas o, directamente, tapiadas. Ayer mismo se informaba del derribo de una vieja fábrica de muebles centenaria, también en ruinas y también en San Vicente. Quedarán las fotos y los recuerdos.

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