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La incógnita de los clubs de jubilados

La vulnerabilidad de las personas mayores recomienda que aún no abran las puertas para la gran mayoría de sus actividades

La incógnita de los clubs de jubilados

La incógnita de los clubs de jubilados

Si la pandemia está siendo especialmente cruel con las personas mayores en cuanto a fallecimientos, la desescalada va a ser también para ellos más complicada que para el resto. La mayoría de sus referencias sociales, como centros de mayores o aulas de la tercera edad o están cerrados o trabajan de manera virtual, un problema a sus años. Y además siguen teniendo muy presente la amenaza del virus y sus consecuencias, lo que hace de este colectivo el peor tratado durante la epidemia y el de mayor riesgo también mientras se produce la desescalada.

Mención especial merecen los centros de mayores, cuyo futuro inmediato y posiblemente a medio plazo es una gran incógnita. De momento, están cerrados con la recomendación añadida de que no abran ni siquiera las terrazas de sus cafeterías, como ya está ocurriendo en bares y restaurantes convencionales.

Para la concejala delegada de Personas Mayores, Pilar Bernabé, la situación es complicada y la incertidumbre muy grande, más si cabe que con el resto de colectivos. En València capital hay 50 centros de mayores municipales con más de 50.000 socios en total. «Estos centros estan cerrados y ahora tendrán que adaptarse a la nueva realidad. No sabemos cuándo podremos abrir y probablemente lo tengamos que hacer con aforo reducido, pero qué hacemos con el resto?», se pregunta Bernabé, quien teme especialmente la llegada del otoño.

Por lo pronto, hay que esperar instrucciones de la Generalitat Valenciana y cuando se puedan abrir estos centros habrá que tomar medidas más rigurosas que, por ejemplo, las instalaciones deportivas, pues se trata de población de riesgo. Todo lo que se puede hacer en estos momentos, asegura, es hacerles un seguimiento telefónico para ver cómo se encuentran y, de paso, conocer sus necesidades más básicas, como atención alimentaria, compras, asistencia social etc. Se necesita, dice, un cambio de filosofía: si antes eran ellos los que llamaban porque necesitaban algo, ahora haremos una política proactiva, de prevención, y seremos nosotros los que llamaremos. Si queremos hacer políticas de envejecimiento activo tenemos que hacer todo lo posible, ahora más que nunca», concluye.

En una situación parecida se encuentran los 20 hogares del jubilados (250 en toda la provincia de València) de la Unión Democrática de Pensionistas (UDP). Según José Vicente Rodrigo, secretario general ejecutivo de la Federación Provincial de UDP de València, «la cosa está difícil». «En la Dirección General de Personas Mayores, nos han dicho que no abramos nuestros centros para proteger a las personas mayores. Aunque nosotros ahora podríamos abrir las terrazas de las cafeterías, como todo el mundo, nos han dicho que es mejor que no abramos, lo cual es al final una discriminación», asegura. «Este colectivo es el mas golpeado por la pandemia y además no puede hacer una vida normal», remarca Rodrigo, quien no entiende que «un jubilado pueda ir ahora a un bar normal y o pueda ir al bar de su hogar del jubilado, con la gente de su edad y sus conocidos».

Esta situación, además, no tiene fecha límite. En la Conselleria de Igualdad les han dicho que esperen a nuevas órdenes, por lo que «todas las actividades estan canceladas». La única vía abierta es la virtual, de ahí que cuando se reincorporen tengan previsto hacer actividades online, con cursos de formación, charlas sobre la epidemia, enviar videos por washap etc, porque, desde luego, «las reuniones no son aconsejables».

Brecha digital

Precisamente, ante la inactividad de lo centros de mayores una de las medidas que se baraja es atender a estas personas en general de manera telemática. Pero incluso aquí existe un gran dificultad que es la brecha digital. Se calcula que un 35% del colectivo no dispone de pantallas para comunicarse de manera virtual y muchos de los que las tienen no saben hacer un uso adecuado de las mismas.

Vicente Arenas, responsable de Aulas de la Tercera Edad, empieza por diferenciar grupos y necesidades dentro de un colectivo muy amplio que abarca desde los 65 años hasta los 90 y pico. «No todos tienen las mismas necesidades», precisa.

Para los que sí dominan las nuevas tecnologías, desde Aulas de la Tercera Edad se han empezado a dar clases por vía telemática y en octubre esperan empezar un nuevo curso combinando las clases presenciales con las virtuales.

En València tienen tres centros en el Grao, Patraix y l'Eixample y en total imparten setenta asignaturas de Humanidades, Arte, Desarrollo psicomotor y nuevas tecnologías.

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