28 de julio de 2020
28.07.2020
Levante-emv
De la festa, la vespra

La epidemia oscurece el 150 aniversario de la Gran Fira de Juliol

La Fira de Juliol cumplirá el próximo 13 de diciembre el 150 aniversario de su creación por el Ayuntamiento de Valencia

28.07.2020 | 14:46

Los cambios de usos y costumbres a lo que nos ha obligado la pandemia ha hecho que Julio transcurriera casi sin acordarnos de las brillantes y potentes fiestas de Valencia en Julio, la Gran Fira de Juliol, en esta tierra que hasta ahora y desde hace muchos siglos ha vivido siempre en estado permanente de fiesta por ser la antropología e sus habitantes barroca y mediterránea.

La Fira de Juliol cumplirá el próximo 13 de diciembre el 150 aniversario de su creación por el Ayuntamiento de Valencia. Corría el año 1870 y era alcalde de la ciudad Vicente Urgellés, del Partido Republicano Democrático Federal, quien gobernó dos años, el 70 y el 71, la ciudad en un período conocido en España políticamente como el Sexenio Democrático. Propusieron hacer una feria anual a lo grande, que se llamaría de san Jaime, los concejales Pedro Vidal, Pepe Saura y Enrique Ortiz.

La moción decía: "1.- Que se acordase el establecimiento y creación de una feria anual en esta ciudad en los últimos días de Julio, de productos y ganados de todas especies. 2.- Que se invitase a la Sociedad de Amigos del País, Junta provincial de Agricultura y a todas las sociedades científicas y literarias para que nombrasen uno o dos individuos de su seno que, en unión de una comisión, dispusieran lo conveniente para la celebración de la feria. 3.- Que en el presupuesto adicional que se hallaba pendiente de aprobación se consignase la cantidad necesaria para llevar a cabo lo propuesto".

Era el mismo año en que el Ayuntamiento creó la Guardia Municipal, sus componentes portaban sable y pistola. Aprobada la moción los propios proponentes se constituyeron en comisión municipal "ad hoc". La primera edición ferial sería en 1871. En principio sería del 21 al 26 de julio, pero ya puestos lo alargaron hasta el final de mes con un variadísimo programa desde feria de ganado hasta certámenes literarios.
Eligieron como escenario de algunos de los actos nocturnos el paseo de la Alameda, pero no tenía alumbrado la zona. Pensaron en acudir, por falta de dinero y tiempo, a José Campo, el Marqués de Campo, dueño de la fábrica de gas, pero éste se encontraba en su castillo de Viñuelas. Le escribieron y éste dio órdenes por el telégrafo a su abogado Cirilo Amorós para que dispusiera todo con el fin de que allí se levantara alumbrado y a gas en tan sólo dos semanas y completamente gratis para el Ayuntamiento.

José Campo era empresario, comerciante, editor del diario La Opinión, y naviero. Algunos historiadores lo relacionan con negocios del tráfico de esclavos que transportaba en sus barcos. Había sido alcalde de Valencia de 1843 a 1847, promoviendo la conducción de aguas potables a la ciudad, para lo cual creó la Sociedad de Aguas. Promovió el alumbrado de gas y aprobó el adoquinamiento de las principales calles. Reformó el puerto y construyó el ferrocarril a Xàtiva entre otros negocios que desarrollaron Valencia y le dieron gran fortuna. Como este hombre no daba puntada sin hilo, se volcó con el proyecto ferial, lo que le supuso que se le diera la concesión de suministrar gas a los domicilios particulares, primero por la zona de la Alameda, y y luego por toda la ciudad y sus vías públicas.

La Feria de Julio fue un gran revulsivo para los vecinos de la ciudad y pueblos cercanos, animó mucho la vida valenciana. Los toros fueron parte importante de ella. Hubo de todo. Los Juegos Florales se realizaban en el Huerto de Ruiz Señor, detrás del san Pío V, donde tenemos aún la calle Vuelta de Ruiz Señor y que los actuales traductores normalizadores intérpretes lingüísticos en un alarde de ciencia ficción la hn convertido en Vuelta del Ruiseñor. Unos artistas.

Más tarde, en 1891, el Barón de Cortes de Pallás, Pasqual Frígola, descendiente de la familia de Sor Isabel de Villena, inventaría la Batalla de Flores, una cabalgata floral que él había visto en Niza. En la tierra de las flores, la munición principal acabaría siendo millaress de clavellones amarillos y de color anaranjado cultivados en las cercanas huertas de Benimaclet. Una feliz guerra que la epidemia este año ha interrumpido también en su política destructora y desbaratadora.

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