La popular plaza del Negrito era en origen un ensanche de la calle Calatrava cerrado por una especie de atzucat –cul de sac le llaman los franceses- donde se encontraba la Iglesia y Convento de la Orden de Calatrava. Así se ve en el famoso plano del Padre Tosca. Jaime I entregó como botín de guerra a la Orden Militar de Calatrava esta parte de la Valencia conquistada como pago por haberle ayudado en la campaña.

En 1508, a raíz de un incendio ocurrido en dos de las casas de dicho enclave, el Consell de la Ciutat ordenó fueran derribadas para hacer allí una placita que recibió el nombre de Calatrava, por estar allí la sede de la orden del mismo nombre. Desde entonces, así la dibujó el “capellà de les ratlletes” en 1704, la placita es perfectamente cuadrada.

Con el tiempo, el cainismo urbanístico de la ciudad de Valencia derribó templo y cenobio, especulando sobre su solar, donde fueron alzadas casas. Más tarde, se levantaría aquí el actual edificio palaciego de las Hermandades de Trabajo, frente por frente de otro palacio mucho más antiguo y precioso, el que hoy pertenece a la familia Lassala, barroco con restos góticos.

En la fachada de la sede de la Orden de Calatrava había un pequeño altar callejero donde figuraba un lienzo de “Nuestra Señora de Contra la Peste”, pintado por Jacinto Gerónimo Espinosa. El altarcillo fue erigido en 1647, año de la gran epidemia de peste en Valencia, en el que, en palabras de Gavalda, murieron por ella “cerca de veynte mil personas”. No obstante, “no entró la peste en aquella plazuela, aunque sí en la Parroquia, donde fueron 300 los que en ella murieron”. “A lo que se comprende -explica Orellana- el averse dado a la mencionada Invocación a dichas Imágenes, fue porque lo historiado de la pintura parecio una misteriosa alegorica expresión de lo que representaba el sistema y siendo la causa del común conflicto de la Peste, de el tomo pie la Devocion, para acomodar a dichas Imágenes, y en especial a la de que tratamos, el titulo referido”.

Cerca de la placita está la iglesia parroquial de san Nicolás, donde, cuenta Mares, también había una imagen de la Virgen con la misma advocación, y en cuyas fiestas ya se hacían por entonces “bacas con cuerdas por las calles, música, cohetes, luminarias,…”. Una tercera imagen de la Virgen con esta advocación estaba en la catedral de Valencia, lienzo hoy en el Museo, obra también de Espìnosa hijo, pero en su mejor tiempo devocional tenía capilla propia entrando por la puerta de los Apóstoles yendo hacia la principal, que se le quitó para dedicarla a la Purísima.

La Iglesia de la Orden de Calatrava en 1780 viviría otro hecho prodigioso, según cuenta una piadosa tradición, y fue que la víspera de Todos los Santos el sacristán preparando uno de los altares bastante mal conservado se desmoronó y entre los ladrillos “se hallo una imagen de Christo crucificdo de escultua, y casi de estatura perfecta… el que acaron con admiración indecible, pues no havia memoria de que existiera,… y haciéndole Cruz, que no la tenia dicha Imagen, se colocó en el altar mayor con titulo del Santo Christo del Consuelo…”

Placita del agua potable

La placita, muy frecuentada por grupos de turistas con guía, tiene hoy en su centro una fuente, la que explican los cicerones como un memorial del agua potable, pues en la primera mitad del XIX uno de los grandes problemas de la ciudad era que no tenía agua potable, de ahí que hubiese epidemias de cólera y otras enfermedades conexas.

Tuvo que ser un canónigo de la Catedral de Valencia, Mariano Liñán, catedrático de Lengua Árabe de la Universidad de Valencia, diputado a Cortes, obispo electo de Teruel, quien murió en 1844 y dejó en su testamento 50.000 euros de plata para las primeras obras de traída de agua potable a Valencia, en cuyo Grao había nacido.

En 1845, la reina Isabel II concedió permiso para realizar las obras y se decidió tomar las aguas del río Turia en el azud de Manises, que llegadas a Mislata se redistribuirían a partir del Depósito General, hoy Museo Histórico de la Ciudad, entrando las tuberías conductoras por las calles Quart y Caballeros. En 1850, las aguas potables entraban en Valencia y con tal motivo se decidió instalar fuentes públicas en calles y plazas de la ciudad, siendo la primera en ser inaugurada la de la plaza del Negrito, justo el día de santa Isabel de Hungría, en honor a la Reina.

La fuente es de hierro fundido. La corona un niño al que se le conoce popularmente como el negrito, obra realizada por el escultor Luis Roig d´Alós, en la década de los años 40 del pasado siglo. El negro de la escultura se debe al contacto de la pintura verde que la cubre con el agua. El negrito lleva sobre su cabeza una concha que sostiene con sus dos manos por donde cae el agua a través de varios chorros, mientras bajo, en el vaso de la fuente hay caños que la lanzan hacia arriba.

Últimamente, la placita se había convertido en lugar de moda para tomar copas de noche, pero la epidemia del coronavirus también ha alterado sus vivencias. Algunos de los establecimientos fueron bautizados con los nombres de negrito y negrita. No es muy probable que quienes por allí se esparcen en las horas de ocio sepan de la rica, larga e interesante historia que tiene la antigua plaza de la Virgen en Contra de la Peste, o de Calatrava o del Negrito, que tiene.