El ayuntamiento de València establecerá este año un dispositivo especial para controlar no la celebración de Halloween, sino su no celebración. O, dicho de otra forma, la concentración de personas en forma de botellón. Pero con una diferencia sustancial: la vigilancia empezará en esta ocasión a primera hora de la tarde. Casi doscientos agentes peinarán la ciudad y, tal como ya advierte el concejal de policía, Aarón Cano, «con toda la firmeza y seriedad».

El motivo del cambio parece evidente: a partir de las doce de la noche entra en vigor el «toque de queda». Eso, teóricamente, debe limpiar las calles, salvo de aquellos que, a pesar de todo, seguirán queriendo correr el riesgo. Pero el temor está en todos aquellos «que no entiendan que el problema no es el horario de la actividad, sino la actividad». Y ahora concurren dos normativas: las habituales en la ciudad que incluyen la prohibición de consumir alcohol en la calle, como los extraordinarios, marcados por la pandemia y que señalan, por ejemplo, la imposibilidad de reunirse más de seis personas consumiendo. Y el temor a que los zombis salgan a la calle durante la tarde, más teniendo en cuenta que, desde el cambio de hora, a las seis y media ya es de noche, es lo que ha movilizado a los servicios municipales.

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Habitualmente, el dispositivo de Halloween empezaba por la mañana con la instalación de vallas que controlaban las zonas sensibles, empezando los controles y confiscaciones por la noche. Ahora ni eso: desde el mediodía se empezará a vigilar la ciudad.

Cano reflexionaba con la excepcionalidad de la situación. «A estas alturas ha quedado demostrado lo que pasa. Los contagios se multiplican en situaciones de consumo junto a personas con las que no tenemos contacto habitual. Cuando nos quitamos la mascarilla y bebemos. Y mientras no tengamos claro lo que está pasando y las consecuencias, seguiremos corriendo riesgos».

Es la crónica de una vigilancia anunciada. «Desde verano se preveía que esto podía pasar. Y hemos estado preparando el operativo con los dos supuestos: en situación normal o con restricciones nocturnas. Al final nos toca este segundo supuesto y lo vamos a aplicar hasta el final». Las zonas susceptibles de botellón tradicional se vigilarán con especial celo, pero también prácticamente cualquier lugar sensible o atendiendo a cualquier denuncia. «Creo que la gente sigue sin tener interiorizado que el confinamiento total puede producirse en cualquier momento y si no evitamos situaciones de riesgo, al final ocurrirá». Y eso pasa, el sábado, por evitar que «les ànimes» se pasen de la raya.

«¿Hace falta ir a las casas a hacer truco o trato?»

Celebrar Halloween no está prohibido, si como tal se entiende personas disfrazadas en determinados espacios. Pero su postura no deja de ser crítica atendiendo a un dogma: «la legalidad no te lo impide, pero el sentido común te lo exige». El no celebrarlo. «¿De verdad es necesario, tal como están las cosas, ir llamando a las casas preguntando si truco o trato? Es que ni siquiera es una fiesta nuestra. Esto no existía hace apenas unos años». Por eso, Aarón Cano no entiende que se celebre en ningún espacio, sean centros comerciales, sedes sociales o festivas. «Por mucho que queramos, esto es un virus. Y mientras no haya una vacuna, no se podrán evitar los contagios. De verdad que no concibo el reunirse para celebrar Halloween». Apela para ello a que «las estadísticas no engañan: los contagios se producen sobre todo en las reuniones sociales. Y no hemos sabido convivir con el virus, sino al margen del virus. Y por eso nos encontramos en la situación actual». Dicho esto, salir a la calle disfrazado no está prohibido. «Sí que lo está consumir alcohol. Y si que lo está sentarse más de seis personas. A partir de ahí, cada uno que reflexione qué es lo mejor para sí mismo y para su entorno» concluyó.