Doblada poco a poco, con mimo profesional, con las autoridades municipales como testigo en plan fedatario. Es decir, con su punto de protocolo y ceremonia. Finalmente, la «Senyera» abandonó el ayuntamiento guardada en varias capas de tema y en el interior de una especie de ataúd alargado de madera. Con destino al Instituto Valenciano de Conservación y Restauración de Bienes Culturales, donde se procederá a arreglar todos sus pelados, sietes y agujeros, producto del paso del tiempo para evitar su destrucción definitiva y a la espera de que una copia de nueva factura la jubile definitivamente de sus quehaceres en la calle.

La bandera, que fue tejida en el año 1928, estará o debe estar, así lo prometieron, de regreso a casa para presidir la Procesión Cívica del 9 d’Octubre de 2021 -que, se entiende, se celebrará ya con normalidad sanitaria-. De hecho, se cuenta con que esté de vuelta para que, el día 7, ya pueda contemplarse en el Salón de Cristal.

Inclinada no: tumbada

La enseña hizo el recorrido habitual del Museo Histórico al Salón de Cristal. Y allí se extendió sobre una mesa para plegarse cuidadosamente. Cuando está en riesgo la salud, no pasa nada porque la enseña «se incline». Y se tumbe cuan larga es porque está enferma.

«Más allá de lo que dicen las leyes, la Senyera es, en sentimiento, la representación de nuestro valencianismo, un sentir íntimo y colectivo de pertenencia y de identidad, que renovamos cada año en la festividad del 9 d’Octubre con la solemne procesión cívica de homenaje a la figura del Rey Jaume, fundador del Reino de València» aseguró el alcalde.

La original de 1545 no se mueve de su vitrina en el museo y, llegado el momento, la ahora deteriorada copia (en aquel 1928 el sedero Eduardo Sanchis hizo esta copia y dos hermanas gemelas) acabará por correr el mismo destino, hibernando para la eternidad protegida entre cristales.

Ahora mismo, la simbología más importante de la bandera coronada se compone de la original, la de 1545, que se muestra totalmente extendida en la vitrina. De las tres gemelas, está la que ahora marcha a su reforma integral; otra está en la Casa Museo Blasco Ibáñez (la que cubrió su féretro) y la otra se custodia en el Colegio del Arte Mayor de la Seda. Este último, precisamente, ya se ha adelantado en la confección de una réplica, que fue elaborada por Jaime Guillem y fue estrenada en procesión el pasado año, para evitar el deterioro de la casi centenaria tela.

«No duran eternamente»

«Las banderas no duran eternamente», señaló el alcalde, «están hechas de tejido, seda y oro en este caso, y su conservación se ve comprometida especialmente cuando, como sucede en el caso de la Senyera, tienen que salir cada año en un acto tan emotivo para el portador o portadora como estresante para el textil; así como en la bajada desde el balcón descolgada con una cuerda, un acto tan tradicional y estimado por todo el vecindario como dañoso para la bandera y los elementos que sobresalen de ella, y también en el tránsito desde el Ayuntamiento hasta el Parterre y de vuelta a casa, que le perjudican gravemente año tras año».

En definitiva, lo que no quiere el alcalde de València es que «un día, se nos deshaga entre los dedos».

La nueva réplica, no antes del año 2022

El arreglo que se le haga a la «senyera» en el instituto dependiente de la Generalitat Valenciana no quita para que la enseña siga deteriorada y vieja. Por consiguiente, lo que se impone es la elaboración de un nuevo facsimil, convertir ésta en una pieza de museo (ha acumulado historia a lo largo de casi cien años) y empezar a sacar una nueva enseña. No será, ni de cerca, en 2021. Habrá que ver si llega en 2022. Así lo reconoció la concejala Gloria Tello, que recordaba que antes hay que cumplir numerosos trámites. Joan Ribo anunció, eso sí, que esa nueva réplica se hará aprovechando la tecnología que no existía en 1928 para así «acercarnos lo mas posible a la Senyera original» y que, a la vez, pueda ser «más fácil de llevar y de preservar para el futuro». Que uno de los grandes problemas de la bandera actual, bien lo saben los ediles abanderados, es su notable peso y escasa manejabilidad.