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El Cristo del Rescate; el Cristo viajero

La familia Oliag, actuales patronos-propietarios del Cristo y descendientes de aquellos Medina que lo rescataron, quieren recuperar la desaparecida cofradía que veneró la imagen

Cuadro de J. Espinosa (1639) pesando al Cristo. | LEVANTE-EMV

Cuadro de J. Espinosa (1639) pesando al Cristo. | LEVANTE-EMV

La historia del Cristo del Rescate se remonta a comienzos del siglo XVI, es de esas historias en las que se mezcla lo Divino con lo terrenal, no sabiendo nunca cuando empieza una o termina otra, tal vez esto es lo que la hace interesante y sorprendente por igual.

Se trata de una talla policromada del Santísimo Cristo de tamaño natural, realizada por el imaginero valenciano Nicolás Tafio en su taller de València allá por el año 1538, fue realizado bajo pedido y desconocemos el nombre del cliente que lo encargó, tan solo sabemos una de las condiciones impuestas por éste, debía de ser salvaguardado en una arca con el fin de que no sufriera desperfectos y enviado vía marítima con destino a la ciudad de Gerona. El barco que lo transportaba nunca llegó a su destino, los corsarios moros que operaban a sus anchas en el Mediterráneo lo capturaron y fue conducido al puerto de Argel, allí su carga fue repartida y vendida; los componentes de su tripulación fueron subastados como esclavos. El corsario morisco que adquirió el arca, al abrirla y descubrir su contenido, movido por el desprecio y el escarnio, decidió dar al Cristo un « trato de cuerda» como se hacía a los ajusticiados en altamar; izó el Crucifijo mediante una polea amarrada a un palo de la embarcación dejándolo caer de golpe sobre el agua, repitiendo esto en varias ocasiones. Mas tarde, tras desembarcar, tomó el Cristo a rastras y lo llevó a un lugar próximo al Puerto llamado La Isleta y allí lo tiró en medio de una hoguera. Como si de un nuevo milagro de la Zarza Ardiente se tratara, toda la madera ardió y la imagen del Santísimo Cristo permaneció intacta, inmune a los efectos del fuego, tan solo un poco ennegrecida por el efecto del humo. De repente, aun siendo un día claro y despejado, se colocó un nubarrón sobre la hoguera y descargó tal tormenta de agua y granizo que apagó el fuego.

Justo en este punto de la historia, se cruza en el camino del Cristo, la familia Medina.

Esta familia había sufrido el 13 de Octubre de 1529 a las 2 de la madrugada, el asalto de unos piratas moros en el pueblo de Parcent, donde habían ido a pasar unos días. Los corsarios habían desembarcado en el Puerto de Jávea y guiados por los moriscos de Parcent, se habían dirigido a la población para apoderarse de Pedro Pereandreu y de Roda, Barón de Parcent; de Juan Castañar, arrendador de la Baronía, de su hijo Cristóbal de tan solo unos meses de vida, de su esposa Úrsula Medina y de la hermana de ésta, Magdalena de 11 años, ambas hijas del conocido y respetado mercader valenciano Andrés de Medina. El rapto había sido preparado por los moriscos de la Baronía como venganza por haber sido obligados a profesar el Cristianismo. Los corsarios dieron el plazo de 7 días para que los familiares del noble Pereandreu prepararan 11.000 ducados de oro para su rescate. Mediante su criado Bartolomé del Tuste, el noble escribió una carta a su esposa Margarita refiriéndole todo lo ocurrido y pidiéndole que se apoyara en sus amigos Bernardo Simón y Pedro Pallarés para conseguir el dinero. Completada la suma, el criado regresó al Puerto de Jávea, con la mala fortuna de que los piratas habían levado anclas un día antes rumbo a Argel. A su llegada al Puerto, Magdalena Medina fue vendida al Cadi; Úrsula Medina y su hijo Cristóbal, al Arraez, que tenía un hijo, sin madre, de la misma edad. Juan de Castañar fue separado de su mujer y de su hijo, muriendo a los pocos días, y Pedro de Pereandreu, quedó separado de todos a la espera de un magnífico rescate; habiendo testado en Argel el 28 de Febrero de 1533, sin haber sido rescatado, fue llevado a Constantinopla donde murió 4 años después.

Mientras, en Valencia, Andrés de Medina confió el viaje del rescate de sus hijas a dos de sus hijos: Andrés y Pedro; pero éste se tuvo que retrasar hasta 1533 debido a los riesgos de navegar por el Mediterráneo por la lucha de Carlos I contra los hermanos Barbarroja. El primer viaje de los Medina solo sirvió como contacto con el Cadi y el Arraez. En el segundo, en 1534, los Medina se alojaron en casa del Cadi y consiguieron liberar a Úrsula y a su hijo. Para evitar pagar los elevados derechos en la aduana, Cristóbal y su madre fueron escondidos entre unos colchones, declarados como ropa de uso.

El tercer viaje se realiza en 1539 y es aquí, en este viaje cuando el Cristo y los Medina se cruzan. Enterados los hermanos de lo sucedido en la hoguera, se ponen en contacto con el propietario del Cristo, al que ofrecen pagar el valor del mejor rescate, dado en Argel por un esclavo, por la compra del Cristo. No aceptó esa oferta y pidió el peso del Cristo en plata, pensando en sacar una suculenta cifra considerando que el peso del Cristo de madera maciza, junto a la cruz y los clavos podían alcanzar las 7 arrobas y obtener mucho mas dinero de lo ofrecido. Los Medina accedieron y con tal fin se construyó una balanza; colocaron el Cristo en uno de los brazos y en el otro un saco de monedas de plata del que se tuvieron que ir sacando monedas hasta equilibrar el peso del Cristo; éste llegó cuando en el saco de monedas tan solo quedaban 30; lo mismo que cobró Judas por su traición. El moro al ver lo ridículo de lo obtenido, consideró que había sido víctima de algún tipo de brujería y se negó a dar la imagen. Andrés Medina acudió al Cadí para que dirimiera el problema y éste no quiso intervenir porque siendo los Medina sus huéspedes, podrían suponer los moros parcialidad en el fallo, así que lo acompañó a visitar al Rey, que quiso conocer los hechos personalmente y juntos se llegaron a La Isleta donde estaba la balanza. Escuchó a las partes y sentenció; el corsario debería cumplir su compromiso. La imagen fue cogida por Andrés Medina y acompañado por los cristianos libres, la llevó al Baño de los Cristianos donde tenían su Iglesia y allí permaneció hasta el regreso.

A finales del mes de Mayo de 1539, la imagen fue cargada en el bajel de los hermanos Medina, zarparon sin Magdalena, pues su nuevo amo se negó a venderla, tenía por costumbre no poner precio de rescate a ninguna de las doscientas esclavas que poseía. Así pues, el tercer viaje de los Medina, volvía a tener un resultado negativo. El día era perfecto para la navegación y el viento favorable para el regreso a València; la tripulación dispuso la partida pero la nave no se movía. Los marineros buscaban pero no encontraban el motivo. Mientras que Andrés Medina imploraba al Cristo la salida, se dio cuenta de que a la imagen le faltaba el dedo meñique de su mano izquierda. Después de buscarlo por toda la embarcación, se acercó a la casa del corsario, donde lo encontró. Pegó el dedo a la imagen con su propia saliva y de inmediato el barco se puso en movimiento.

La familia Medina realizó un cuarto viaje para rescatar por fin a Magdalena; pero todos los esfuerzos fueron en vano, llegando incluso por la impotencia a pensar en raptarla o incluso en asesinar a su amo el Cadi. Magdalena murió, según aseguraron los Padres Redentores que trabajaban en Argel, sin ser rescatada …

Llegaron al Grao de València el día 31 de Mayo de 1539 y el Cristo fue recibido por el párroco de la población. Con todos los respetos fue llevado por el propio Andrés Medina en procesión hasta la Iglesia Parroquial del Grao, donde pasó la noche frente a otro Crucifijo, aquel que llegó traído por las corrientes; el del Cristo del Grao.

Desde ese día la imagen fue conocida popularmente por el Cristo del Rescate.

Al día siguiente fue llevado al Convento de los padres Trinitarios de Nuestra Señora del Remedio, donde fue recibido por toda la comunidad que salió a la puerta del Convento y hubo vuelo de campanas. El día 2 de Junio, el Cristo del Rescate hizo su entrada en València por la Puerta del Mar; la comitiva estuvo formada por: Jorge de Austria, arzobispo de la Ciudad; el Duque de Calabria, Virrey de Valencia; todos los Jurats de la ciudad así como el clero, la nobleza y los gremios en su totalidad.

El Cristo bajo palio fue portado por Andrés Medina y «fue desde el convento del Remedio, por la calle del Mar hasta Santa Thecla y de allí prosiguió por la Corregería Vieja a la Iglesia Mayor y Seo; donde hizo el Christo estación muy devota a la Virgen Puríssima, su Madre; luego salió por la Puerta de los Apóstoles y pasando por la Plaça, entró por la calle Cavalleros hasta la Alpargatería y allí tomando a mano derecha por la Alhóndiga abaxo, torció a la Plaça que dicen de Mosén Sorell y subiendo derecho por la calle de los Tintes, llegó al mismo convento de San Joseph» (Esclapes).

El Cristo del Rescate fue colocado en la Capilla gentilicia, a mano derecha del Altar Mayor donde recibía sepultura la familia Medina, después de haber cantado un Te Deum. En esta Capilla, los hermanos Medina quisieron que se recordara la historia del rescate, en forma de frescos que decoraron sus paredes.

En 1556, las monjas Agustinas del Convento de San José, decidieron trasladarse a otro lugar por problemas de salubridad y por el continuo ruido del barrio del Bordell, vecino al convento. El lugar elegido fue la Iglesia de Santa Tecla, por lo que compraron las casas contiguas a ésta para formar el nuevo Convento junto al Santuario Devocional de San Vicente Mártir en la céntrica Calle del Mar. El Cristo fue colocado en la Capilla a la derecha del Altar mayor; y allí permaneció hasta su derribo en 1580. Con la construcción de un nuevo Templo en el mismo lugar, las dos imágenes mas significativas y veneradas que poseían las Agustinas, ocuparon un lugar muy especial en la Iglesia. Justo delante de su puerta se extendió un importante atrio; flanqueando ambos lados de la entrada, la familia Medina pagó una Capilla donde se colocó el Cristo y posteriormente el Arzobispo Aliaga costeó una simétrica para la venerada mazmorra de San Vicente Mártir. Esta distribución tan especial, permitía el culto a las dos imágenes aun estando la Iglesia cerrada, dado que el nártex tenía las dos puertas que daban a la calle del Mar siempre abiertas.

La devoción al Cristo del Rescate fue tal durante el siglo XVII que en 1622 el franciscano padre Esteve fundó la Cofradía y Hermandad de la Pasión Sacrosanta y del Rescate de Nuestro Señor Jesucristo y en 1623 uno de los más importantes representantes del barroco valenciano, Jerónimo Jacinto Espinosa, pintó un lienzo para la hornacina del Cristo, representando el milagro del Rescate. Dos lienzos mas se unieron a éste a ambos lados de la Capilla, ordenados pintar por el cofrade Raimundo Cuenca en 1732; uno representaba a los hermanos Medina en el Puerto de Argel portando el Crucifijo a la Iglesia del Baño de los Cristianos y el otro representando al Cristo en procesión con el Palacio Real de Valencia al fondo de la imagen; ambas obras anónimas.

Al estallar la Revolución Gloriosa en 1868, la Junta Revolucionaria presidida por José Péris y Valero, hizo derribar algunos conventos alegando razones urbanísticas, entre ellos el de Santa Tecla, pasando todas las Monjas Agustinas al cercano Convento de Santa Catalina de Siena; actual Corte Inglés de Pintor Sorolla, pero no El Cristo del Rescate ni los tres cuadros, que fueron guardados por su patrono-propietario Salvador Oliag Canet, en su casa. No es hasta Junio de 1881 cuando Las Teclas pasan al Monasterio de San Vicente de la Roqueta, que habían comprado en 1879 y tras su rehabilitación, el Cristo regresó con las Agustinas, siendo colocado en la Capilla de la Comunión a finales de 1884.

Aquí permanece hasta el 5 de junio de 1931. Temiendo un asalto al convento, se persona en él José Gascó Oliag en calidad de sobrino del patrono-propietario, en esa época, Manuel Oliag Oliag, junto con el carpintero Enrique Barberá y trasladan, de nuevo, al Cristo del Rescate y los cuadros en una camioneta hasta la casa de la familia Oliag. En un principio se colocaron en una habitación que fue sellada por la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, para evitar cualquier profanación, aunque mas tarde fueron envueltos en telas y escondidos en otra habitación, salvándolos milagrosamente de los varios registros realizados en la vivienda.

Y llegamos al último destino del periplo del Cristo del Rescate; la Iglesia de San Esteban, desde el año 1984 el Crucifijo se encuentra en la última Capilla del Evangelio, lugar que ocupa en la actualidad, después de 500 años desde su tallado por el maestro Tafio y pasar por 4 familias de patronos después de los Medina; los Soler, los Gilabert, los Celis y los Oliag, actuales patronos propietarios del Cristo viajero…..

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