Los Reyes Magos llegarán a la plaza del Ayuntamiento de València en algún momento de la tarde pero no permanecerán en el exterior de la misma. Pasarán directamente a la casa consistorial para llevar a cabo la recepción. Llegarán en autobuses turísticos preparados para la ocasión, aunque no se sabe desde donde partirán ni que recorrido harán. Es el particular galimatías de la llegada de Melchor, Gaspar y Baltasar a València, en el que sólo la demostración sobre el terreno dejará claro si era conveniente reducir su presencia a la recepción o si el añadido del tránsito por la ciudad a la vista de todos (como van a hacer en otras poblaciones) va a ser inadecuado o una buena idea.

Los Reyes serán recogidos por unos vehículos preparados parala ocasión e irán acompañados de su séquito de pajes. No será una comitiva, puesto que cada uno saldrá de un lugar diferente y se dirigirán a la plaza. Recorrerán las calles de la ciudad hasta llegar al ayuntamiento sin detenerse (más allá de en los semáforos). Saludarán, pero no se lanzarán ni caramelos ni obsequios, pero sí haciendo notar su llegada.

Los Reyes, durante su primera visita a València, con el concejal Carlos Galiana

Una vez lleguen al ayuntamiento, cuya plaza para entonces estará cerrada en su parte frontal, entrarán en el consistorio mientras los autobuses ya abandonarán la plaza. Una vez finalizado el acto de recepción, que durará apenas media hora, toda la comitiva se marchará. En principio, la idea es que ya ni se les vea; es decir, que no vuelva a vérseles con las ropas reales. En cualquier caso, la salida sería por la puerta de detrás del ayuntamiento, que también estará vallada.

Esta fórmula, finalmente, no es una cabalgata propiamente dicha, pero sí que supone un reclamo para que la gente pueda acudir a la plaza, aunque precisamente ahí prácticamente no se les verá. Con las dudas que esto pueda suscitar en materia de concentración de gente en una plaza que, ya de por sí, es un centro neurálgico durante los días navideños.

Recorrer las calles de la ciudad sin detenerse es la fórmula que han adoptado algunas poblaciones para la Cabalgata de este año con la premisa de que los niños no salgan a la calle, sino que les saluden desde los balcones o portales pero, en esos casos, sí que se hace con un recorrido determinado. Una fórmula que también tiene su riesgo en materia de concentración de gente.