Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

El ciudadano Solaz

Un plano de València de 1885 con la mortalidad causada por la epidemia del cólera. | ARXIU RAFAEL SOLAZ

Un plano de València de 1885 con la mortalidad causada por la epidemia del cólera. | ARXIU RAFAEL SOLAZ

Acabamos de entrar en la «Nueva Bauhaus Europea», una iniciativa puesta en marcha hace tan solo unos días por la Comisión con el objetivo de combinar el diseño, la sostenibilidad, la accesibilidad y la contribución al cumplimiento del Pacto Verde Europeo. Ahora que el antitrumpismo nos ha hecho a todos de Biden es hora de volver al europeísmo, la mejor vacuna contra el populismo. Desde que Vicent Ventura participará en el contubernio de Múnich, el progreso valenciano siempre ha ido de la mano de Europa. La Nueva Bauhaus Europa es una iniciativa creativa que desembocará en otoño con la convocatoria en cinco lugares de los Estados miembros de la UE de todo un torrente de propuestas. No se me ocurre mejor sitio que uno de ellos sea La Marina, donde ya están las oficinas de la Capitalitat Mundial del Diseño 2022 y confluyen desde la llegada de Vicent Llorens la tecnología, la ciencia, el arte y la inclusión social. Donde además espero que proximamente llegue por fin otra de las mentes más preclaras de la divulgación cultural valenciana para apuntalar ese proyecto y muchos otros. La puerta de Europa en València es La Marina y por méritos propios debe ser una de las columnas de la Nueva Bauhaus Europea. Para recordar lo que significó la Bauhaus como revulsivo en el arte, diseño y la arquitectura del siglo pasado hay que ver la serie germana «Bauhaus, la nueva era» (Filmin).

Pioneros.

La Marina se alza como continuadora de la histórica creación artesana del Cap i Casal, donde el diseño ha sido una marca de la ciudad desde la seda a la imprenta, pasando por la cerámica. Una memoria que actualiza cada día Rafael Solaz, un coleccionista imprescindible, un bibliófilo solvente y un ciudadano ejemplar. Acudo a él siempre que puedo, y su disposición y complicidad está a prueba de bombas. Igual que la de su hijo, al frente de una de las mejores librerías de viejo del continente. Solaz destapó el sábado un plano de la ciudad que recoge la mortalidad de la epidemia del cólera en 1885 por barrios y calles, donde cada punto rojo indica un fallecido en Ciutat Vella, el núcleo urbano de entonces y ahora. Abajo a la derecha y con el epígrafe «Mortalidad en las Afueras» se suman los fallecidos de los barrios de ‘Ruzafa’, ‘Isla del Palmar’, ‘Carretera de Encorts, Malilla, del Río, S. Luis’, ‘Benimaclet’, ‘Benicalap’, ‘Benimamet’, así como ‘Calles, Caminos, Travesías y Partidas’. Una infografía de finales del siglo XIX sobre la mortalidad colérica muy detallada que señala la virulencia de aquella pandemia, el trabajo minucioso de los responsables municipales de entonces, y también el buen hacer del anónimo diseñador,que a pie de plano advierte que «la distribución de la mortalidad está hecha «con arreglo a calles, no a casas». Un avanzado en la protección de datos.

Paralelismo.

Las copias de ese plano «topográfico» y «colérico» que ha rescatado la pertinaz curiosidad de Solaz seguro que se distribuyeron por espacios públicos. Con el mismo dolor que nos causa ahora los gráficos diarios de muertes, ingresados y poblaciones demasiado infectadas. «Desgraciadament un paral·lelisme entre el que està ocorrent hui dia, història que es repeteix», es el comentario que acompaña a la imagen en el muro de Solaz. Palabras certeras de un vecino que nació en Ciutat Villa y a la que vuelve cada día, a tomar su pulso desde la calle Sant Ferran. Porque aunque el plano de la València del 2021 es muy distinto a ese de hace 136 años, el corazón de la ciudad continua latiendo junto al Mercat Central.

Alhaja.

He tenido la suerte de contemplar una parte de la descomunal biblioteca personal de Solaz. Incunables, ediciones antiguas y miles de fotografías antiguas. Un tesoro. Siempre dispuesto a contribuir a la recuperación de la memoria, y un archivo consultado frecuentemente por historiadores, bibliotecarios y comisarios de exposiciones varias. A diferencia de otros, no trafica con su mecenazgo, pero también se ha llevado decepciones de los espabilados de siempre que hacen pasar por suyo el trabajo de otros. Solaz es tan elegante que le cuesta señalar a los tramposos, que en el mundo de la cultura y la divulgación también los hay a patadas. El ciudadano Solaz -y amigo Rafa- y yo mantenemos viva la curiosidad urbana y también el interés por recuperar ‘La Valencia Prohibida’, que además del título de uno de sus libros, es una investigación que llevamos entre manos. Porque la València auténtica está en sus gentes diversas, en sus múltiples calles, en sus diferentes barrios, pero sobre todo en sus locales públicos -mercados, bares y antros.

R.V.M.

El domingo hará un año que encontraron a Rafael Ventura Melià sin vida en su casa del Carme. Llevaba varios días muerto. El personaje superaba a veces a la persona, sin embargo es justo reconocer el componente de modernidad que incorporó a su trayectoria intelectual. Debajo de esa ‘frivolitat imposada’ había un lector compulsivo de autores desconocidos para el gran público, así como un refinado observador de arte. Era asiduo de una tertulia de la plaza de la Reina, con el hermano de Rafa Solaz entre otros. Cuando pase este confinamiento físico y mental sería cuestión de hacer alguna cosa. La última vez que nos vimos me recomendó la exposición sobre la Bauhaus en las Colecciones Thyssen.

Compartir el artículo

stats