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Valencianeando

La abstracta traición cívica

València ya dio el ‘sorpasso’ a Madrid con la ‘ruta del bakalao’, igual que hace seis años avisó a los socialistas.

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La esencia libertaria reinó a la orilla del cauce del viejo río. El talento desbordaba, la creación iluminaba y las subvenciones estaban tan lejos como la Unión Soviética. Antes del IVAM y el arte subsidiado del Botànic, València fue la cuna del Equipo Realidad y del Crónica, imprescindibles para entender la consiguiente revolución pictórica de la segunda mitad del siglo pasado. Junto con los creadores se multiplicaron las galerías de arte, espacios donde la vanguardia cosmopolita era auténtica. La mítica Val i 30 abrió sus puertas en 1966, y por sus paredes pasaron las piezas de El Paso, Tàpies, Sempere, Genovés, Yturralde, Boix, Heras, Arroyo o Armengol, entre otros muchos. Se veían revistas internacionales, se fotocopiaban los artículos de Thelma Golden y Nueva York parecía cerca. Hubo galerías para todas las propuestas y de esa corriente se alimentó el primer IVAM, un esfuerzo colectivo donde brillaron Tomàs Llorens, Carmen Alborch y Vicent Todolí, pero donde empujaron mucho Aguilera Cerni y Prats Rivelles. Me gustan las galerías de arte, un vicio que tengo que agradecerle al compañero Víctor Segrelles. El otro día estuve en Alba Cabrera, donde Graciela Devincenzi me remite a ese espíritu de producción total sin ataduras. Su apuesta premonitoria en la colectiva «Desde la abstracción» reconcilia las ansias de recuperación de esos lugares de sana modernidad. Las obras de Isabel Gutiérrez, Rodrigo Sancho, Raquel Garín, Cristina Alabau y María Angélica Viso merecen una mirada pausada.

La ‘ruta’ fue más movida.

El tiempo sentencia verdades. La ‘movida’ madrileña fue un engendro comercial, mientras que la ‘ruta del bakalao’ fue un fenómeno que mezcló tanta potencia que ha sido analizado como un elemento cultural. Tras los libros, filmes e incluso obras de teatro, el IVAM se ha sumado esta semana con la exposición «Industria/matrices, tramas y sonidos». Carteles y fotografías rememoran la resonancia máquina que durante una década llenó la carretera de El Saler, y que pese a las mescalinas tuvo una producción artística transversal que juntó para siempre a la generación de ‘baby boom’. Universitarios, agricultores, dependientes, albañiles, camareros, parados y canallas formaban una tribu irrepetible donde el hedonismo mediterráneo se hizo pura pirotecnia. Los movimientos espontáneos son el motor cultural de las sociedades posmodernas, y en aquellos años València, como tantas veces, ya dio el ‘sorpasso’ a la ‘movida’ madrileña.

‘Sorpasso’ a Més Rialto.

Pero para histórico, el ‘sorpasso’ en València en 2015, aunque se han olvidado hasta los protagonistas, más metidos en la defensa del cargo y lo que cuelga. Desde entonces, en junio hará seis años, los socialistas andan alicaídos. Los fieles caladeros de la izquierda tradicional siguen biológicamente disminuyendo sin incorporar entusiasmo entre los nuevos electores. El patio se anima, con actores secundarios amortizados. El encuestador que asesora por igual a unos y otros sabe que el comportamiento electoral de las periferias es similar en Madrid y València, así que la alegre muchachada del ‘comboi’ se debe poner a estudiar los resultados de Vallecas, Carabanchel o Usera, barrios con influencia nula de las redes y donde sus gentes se entretienen con los contenidos de Mediaset y Atresmedia, igual que aquí. Ahora que Francisco Camps resucita la Fórmula 1 sorollista, recuerdo como esa progresía, hoy enmoquetada, entonces se rasgaba las camisetas. Nunca entendieron que el pueblo disfruta con el circo de la velocidad. Todos queremos un bólido para adelantar posiciones. Qué repasen quién ganaba las elecciones en El Cabanyal cuando Felipe Massa subió al podio del primer Gran Premio en la Marina. Por cierto, Camps no tardará en reivindicar que bajo sus mandatos no se vendió el Valencia CF (de hecho, es el único presidente valencianista). Los que se mojaron hasta las cachas en la venta a Peter Lim fueron Aurelio Martínez y Enric Morera. Ninguno de los dos ha pedido perdón aún.

Uno de los panales de la «Industria/matrices, tramas y sonidos».

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