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Hartazgo por la ruina de los palacios de Exarchs

«El ayuntamiento no puede reurbanizar la plaza de Brujas y dejar los palacios en ruina»

Palacios de Exarchs, con pintadas en sus paredes. | M.A.MONTESINOS

Palacios de Exarchs, con pintadas en sus paredes. | M.A.MONTESINOS

La rehabilitación del conjunto de los palacios de los Exarchs, en la calle del mismo nombre, junto a los Santos Juanes y el Mercado Central, «no puede demorarse más». Esa es la reflexión, casi un ruego, que vecinos de toda la vida de esta, en su día, señorial y hoy degradada calle, rodeada de solares, andamios y pintadas por doquier, del barrio del Mercat de València reclaman al Ayuntamiento de València, donde se eterniza la licencia hotelera par a los palacios y los solares situados enfrente.

Hartazgo por la ruina de los palacios de Exarchs

La recuperación de los palacios de los Exarchs, de origen medieval, deshabitados desde hace años y apuntalados por el riesgo de desplome, la impulsa el empresario valenciano Miguel López (Lova Tres) que los compró en 2005 junto con los solares ubicados enfrente, donde inicialmente iban viviendas y ahora se proyectan 50 apartamentos de lujo, para darles nuevo uso hotelero. El ayuntamiento tramitó en 2015 un cambio de planeamiento para permitir el uso terciario, que se ha topado con el rechazo de los vecinos de Amics del Carme, que rechazan la construcción de más apartamentos turísticos en el barrio, lo que ha acabado bloqueando el proyecto.

Uno de los vecinos hartos del abandono y la degradación del entorno de la calle Exarchs es el abogado Isidro Niñerola, cuyo familia «ha vivido aquí toda la vida». Su tatarabuelo construyó en torno a 1860 el edificio del número 16 de la calle Exarchs, donde han vivido distintas generaciones de su familia y ahora el tiene su despacho de abogados. Ha pensado mil veces en trasladar la oficina, pero se resiste porque no quiere abandonar del todo su barrio de toda la vida. Hace unos años, ya trasladó su residencia familiar a l’Eixample cansado de la degradación e inseguridad del entorno.

Niñerola, de 58 años, ha conocido la época de esplendor comercial y bullicio del barrio. Recuerda la cantidad de almacenes de coloniales, donde se vendía café y otros productos de alimentación de ultramar, la vida de un barrio «auténtico» donde había «infinidad de comercios tradicionales, incluso lechería». Luego empezó la decadencia del barrio, «comenzó a venir gente de todo tipo, llegó la droga y esto se convirtió en el Bronx». Recuerda que en los peores años de la ruina del Mercat una finca se desplomó junto a la Lonja matando a un viandante.

Asegura en relación a las asociaciones que se oponen al proyecto de rehabilitación de los palacios que «a nosotros nadie nos ha consultado y también somos vecinos». Cree que el proyecto impulsado por Lova Tres supondrá la revitalización del entorno y lo revalorizará y que «las obras deberían hacerse de manera simultánea a la reurbanización de la plaza de Brujas», que está llevando a cabo la Concejalía de Desarrollo Urbano, porque de lo contrario quedará la ruina de los palacios en una de las fachadas de la citada plaza.

Niñerola conoce bien los palacios y a sus anteriores propietarios, la familia Torrens y Donderis, que en su día, explica, « salvaron» los palacios del derribo previsto en el proyecto de los años 30 de apertura la avenida del Oeste, que finalmente se ejecutó solo a medias y se detuvo precisamente en los palacios. «Eran una familia influyente y viajaron a Madrid para parar el proyecto», que arrasaba los palacios y medio centro histórico.

Los palacios con los años se deterioraron y deshabitaron. «Son edificios muy caros de mantener», por eso la idea de recuperarlos afirma el abogado debería estar incentivada y no bloqueada. El proyecto de Lova Tres «va a suponer una transformación absoluta del barrio». «Esta zona necesita un relanzamiento» y Niñerola cree que el proyecto hotelero de Lova Tres puede dárselo porque serán alojamientos «con encanto y de calidad».

Sobre la proliferación de apartamentos turísticos en el centro histórico, Niñerola asegura que son fruto también de la degradación urbanística, de la fuga de vecinos y de la desaparición del comercio tradicional. «Para muchos ha sido imposible resistir a la presión de los inversores hoteleros». «Ahora solo hay tiendas de alquiler de bicicletas» para los turistas. «Se te cae el alma a los pies», asegura.

Otro de los vecinos de los palacios, que ha ce unos años se vio obligado a huir del centro histórico es José Miragall, de 54 años. La degradación urbanística y la falta de servicios para las familias, le llevó a mudarse fuera de València, aunque mantiene la sede de su empresa, una productora de cine y televisión, en la calle Exarchs. Miragall, que vivía en el entorno de Santa Catalina y la calle del Trench, recuerda que el ocio fue un elemento que vino a rescatar de la degradación el barrio pero ha acabado arrollándolo. «Si el mercado central cerrase solo quedaría turismo y ocio».

Sobre los palacios de los Exarchs y el edifico de apartamentos de enfrente entiende que haya vecinos que rechazan los apartamentos, pero insiste en que es necesario que «que se intervenga ya, que se haga algo, porque llevan años siendo el urinario del barrio del Mercat». «Son tres joyas y es una pena que estén abandonados». Miragall insiste en que «se haga algo, lo que sea, pero ya». «Si no puede ser todo hotel, pues otra cosa», pero tampoco se ha visto interés de la administración por rescatar los edificios para usos culturales. «El ayuntamiento debería tomarse en serio la regeneración de todo este entorno, que marque límites, pero que haga algo, llevamos así décadas y no hay que olvidar que estamos a cien metros de la Lonja, el edificio histórico más importante de la ciudad».

Miragall cree que hay una oportunidad histórica con la reurbanización de la plaza de Brujas para regenerar el entorno de los palacios y “darle un vuelco a todo”. “Esto ha sido la trasera del Mercado Central durante años y si como dicen las arquitectas del proyecto de peatonalización la nueva plaza será un espacio unitario, sin fachadas trasera ni delantera, «no se pueden dejar los palacios como están».

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