Bolleras y maricones. Invertidos, enfermas, pecadores, camioneras, muerde almohadas, depravadas. Viciosos. Estos son solo algunos de los descalificativos a los que las personas pertenecientes al colectivo LGTBIQ+ han sido sometidas durante décadas. Actos discriminatorios que no solo han oprimido a estos hombres y mujeres mediante la violencia verbal, sino también física y económica.

Condenadas al ostracismo y a una marginación atroz por una sociedad que hasta hace escasos 26 años todavía las consideraba «peligros sociales», atentiendo a la ley franquista de Peligrosidad y Rehabilitación Social —no fue derogada hasta el año 1995—, su historia habla de terapias reversivas, lobotomías, descargas eléctricas, discriminación laboral o abusos sexuales.

Los mal denominados «violetas» tras la Guerra Civil se enfrentaron a una brutal represión en la que el estigma, la vergüenza y la culpa convivían en un incómodo y doloroso silencio. No obstante, hablar de este colectivo es hacerlo, también, a través de la valentía, la esperanza y la justicia social.

La primera marcha del Día del Orgullo en València fue convocada por MAS-PV en 1979, hace 42 años

Así lo creyeron las más de 2.500 personas que se congregaron, hace ahora 42 años, en València para reivindicarse a sí mismas en el que se convirtió en el primer Día del Orgullo del cap i casal.

Convocada por el Moviment d’Alliberament Sexual del País Valencià (MAS-PV), la marcha sirvió para emprender un camino, que ya se había iniciado años antes en grandes ciudades como Barcelona (1977), bajo la petición de activistas como Fernando Lumbreras, trágicamente asesinado en diciembre de 2018. Aunque «nada fácil», como admitió el primer presidente de Lambda València y uno de sus fundadores a este diario meses antes de su muerte, y «con el miedo en el cuerpo», las miles de personas reunidas en la plaza de la Virgen recorrieron las vías más céntricas de la ciudad con una «actitud muy lúdica y reivindicativa».

Romper con la distancia establecida entre el colectivo y el resto de la población y «despertar conciencias» fue su noble objetivo. Cabría esperar que, cuatro décadas después, alegatos, gritos unánimes y pancartas defendiendo «nuestro derecho a querernos», como se podía leer en las grandes telas que encabezaban las marchas, fuesen un lejano recuerdo que trajese consigo enseñanza y reparación.

40 años de la primera manifestación del Orgullo en València Sergi Moyano

No obstante, tras el necesario anhelo de que «nunca más» se volviesen a repetir crímenes y vejaciones semejantes, 2021 devuelve a la capital del Túria, tras la crisis sanitaria del coronavirus, una jornada de reconocimiento y memoria empañada por un nuevo ataque homófobo.

Este se producía cuatro días antes del Orgullo, el 24 de junio, con un joven valenciano de tan solo 17 años como víctima. Eric Andrés fue golpeado en repetidas ocasiones por dos chicos, que le espetaron momentos antes de agredirle un calificativo que, aunque peyorativo, no es nuevo para él: maricón.

'No fue nada fácil, vivimos la marcha con el miedo en el cuerpo, pero con una actitud lúdica y reivindicativa'

Y es que, si bien es cierto que desde aquel 1979 parece que, formalmente, son pocos los derechos que faltan por conquistar, delitos de odio como el ejercido contra Eric Andrés o mensajes que potencian las fobias hacia el colectivo LGTBIQ+ alentados por partidos políticos y demás agrupaciones conservadoras, como Hazte Oír, obligan a, tristemente, no dar nunca nada por sentado.

Preservar una lucha que, además, este año pone el foco en las personas trans. Bajo el lema «Els drets trans són drets humans», la celebración del Día del Orgullo LGTBIQ+, organizado por Lambda, reúne a más de 60 entidades y grupos políticos y sindicales, que se adhieren a las exigencias reivindicativas de su manifiesto, que insta al Gobierno a aprobar la Ley Trans, tumbada el pasado mes de mayo tras la abstención del PSOE. Mañana volverá a presentarse el borrador ante el Consejo de Ministros con la autodeterminación de género como máximo exponentes.

«¿Por qué se celebra el Día del Orgullo?», planteó Lumbreras a Levante-EMV en 2018. «Porque se nos sigue mirando mal y sometiéndonos a prejuicios constantemente», concluyó.