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Antonio Folch de Cardona un Arzobispo en el exilio (II)

Legó mas de 12.000 florines para la fábrica y adorno de la Capilla de San Luis Obispo de la catedral de Valencia.

Antonio Folch de Cardona un Arzobispo en  el exilio (II) |

Antonio Folch de Cardona un Arzobispo en el exilio (II) |

En la primera parte de «Antonio Folch de Cardona, un Arzobispo en el exilio», dimos unos trazos de su vida marcada por tres etapas: una como Arzobispo de Valencia, la segunda coincidiendo con la Guerra de Sucesión y su apoyo al Rey Felipe V, y una tercera en la que cambia de bando monárquico, su exilio y muerte en Viena.

Antonio Folch de Cardona un Arzobispo en el exilio (II) |

En esta segunda parte, vamos a detenernos en su faceta bibliófila, su palacio en Viena y su legado testamentario. Intentaremos desgranar su personalidad a través de sus aficiones y acciones culturales, veremos como hasta en sus últimas voluntades está latente el recuerdo a Valencia y su gratitud a todos los familiares que le acompañaron en su exilio hasta su fallecimiento.

Sus Bibliotecas

La faceta bibliófila de Antonio Folch de Cardona, despierta en el desde muy joven y llega a ser obsesiva durante toda su vida. Su fascinación por los libros le llevó a poseer dos extraordinarias bibliotecas. Ser propietario de una extraordinaria biblioteca en el siglo XVII o XVIII estaba ligado a cierto estatus y prestigio social; esto no garantizaba que su propietario hubiera leído todos sus libros pero si nos permitía ver sus preferencias literarias y así definir su personalidad social y política.

Antonio Folch de Cardona un Arzobispo en el exilio (II)

La primera biblioteca la inicia tras su ingreso en el Convento de San Francisco de Palencia y hasta su nombramiento como Arzobispo de Valencia consiguió albergar 2114 volúmenes, la gran mayoría de ellos de temas religiosos y teológicos y en menor cantidad de filosofía y devoción. Tras su nombramiento, esta biblioteca se trasladó al Palacio Arzobispal de Valencia y se amplió con la biblioteca del Dean de la Catedral, su sobrino José Folch de Cardona Bartolí que estaba compuesta por unos 900 volúmenes; ésta era una colección mas ecléctica en la que se mezclaban obras clásicas con libros de teología, filosofía, historia natural, matemáticas, temas médicos y un gran número de obras de la corriente valenciana de los Novatores. A esta gran biblioteca, el Arzobispo fue sumando las adquisiciones realizadas entre 1700 y 1710 con compras en los principales libreros de Madrid y París, completando y complementando los fondos anteriores.

Desde que el Arzobispo declara su total apoyo a Archiduque de Austria, su biblioteca fue el objetivo principal y mas directo de los validos del Rey Felipe V, del jesuita Pedro Robinet que era su confesor y del marqués de Grimaldi su primer ministro. Robinet había trabajado en la organización y acrecentamiento de la Bibliotecas Jesuísticas en Francia y era el promotor de la Librería Real de Madrid, la primera biblioteca pública en la Corte, que sería aprobada por Real Orden el 29 de Diciembre de 1711.

Ese mismo día, llegaba una orden de Madrid, firmada por Robinet, en la que se le mandaba al intendente de Valencia, Rodrigo Caballero, realizar el inventariado y embalado de la biblioteca del Arzobispo y su rápido envío a Madrid. El 16 de Febrero de 1712, Caballero informa a Robinet del envío de 6630 volúmenes y las colecciones de medallas y mapas, en 11 galeras que contenían las 161 cajas y 13 hatillos.

Así, de esta manera, la biblioteca del Arzobispo Antonio Folch de Cardona, formó parte del origen de la Biblioteca Real y mas tarde de la Biblioteca Nacional de España, junto con los 6000 libros que Felipe V había traído de Francia, los 2254 volúmenes de la biblioteca de la Reina Madre, la librería del Marqués de Mondéjar y la del Conde de Aguilar. Como anécdota en relación al origen de la Biblioteca Real, destacar que el carpintero valenciano Mauro Garín, fue el encargado de fabricar sus primeras estanterías.

No todos los volúmenes de la biblioteca del Arzobispo llegaron a formar parte de la Biblioteca Real; el Convento de San Francisco de Palencia, reclamó que le fueran devueltos los 2114 volúmenes que pertenecían al convento. El 9 de Diciembre de 1713 volvieron a la biblioteca del Convento Palentino solo 1424 ejemplares, los únicos que pudieron ser encontrados. También reclamó María Folch de Cardona Bartolí, heredera de la biblioteca del Dean de la Catedral de Valencia José Folch de Cardona, los 900 libros de su hermano que el Arzobispo había añadido a su biblioteca, aunque su interés era distinto al del Convento de San Francisco, prefirió coger la cantidad de 1.810 libras que le ofrecieron a cambio de los libros.

Durante sus años en Viena, Antonio Folch de Cardona, continuó con su obsesión bibliófila; su nueva biblioteca llegó a contar con 3769 obras, la mita de ellas aproximadamente de carácter religioso. En su testamento (10/7/1724), legó esta biblioteca al Convento de San Francisco de Palencia, reflejando en sus últimas voluntades el temor a que dicha biblioteca fuera confiscada al llegar a España. Esto nunca llegó a ocurrir, el Emperador de Austria mostró un gran interés y deseo en que ésta formara parte de la Biblioteca Imperial Austriaca. Mediante permiso solicitado a la Sacra Congregación del Concilio de Trento en Roma y su correspondiente aprobación. La Biblioteca pasó a formar parte de la Biblioteca Imperial al cambio del pago de 8.226 florines el día 27 de Febrero de 1726 al Convento Palentino.

El Palacio de Viena

La vivienda de Antonio Folch de Cardona en Viena, a la que él llamaba “Jardín”, era un notable palacio construido a finales del siglo XVII para la Condesa Katharina Strozzi. Al morir la Condesa, su sobrino la vendió al Arzobispo, el cual consideró que este Palacio era acorde a su cargo de Presidente del Consejo de España.

Después de su adquisición, procedió a ampliarlo, construyendo dos alas laterales adelantadas al cuerpo principal, con acceso directo a éste. El edificio constaba de planta baja y principal, dos fachadas: delantera y trasera y unas espectaculares escalinatas dobles que daban acceso a la planta noble.

El Palacio contaba con numerosas obras de arte, aunque tan solo 6 de ellas están reflejadas en el testamento del Arzobispo; tal vez por ser las consideradas de mayor valor en esa época. Dos de ellas son legadas al Emperador; se trata de dos cuadros, uno de Nª Sª con varios santos, obra de Tiziano y otro del descendimiento de la Cruz de Tintoretto. Una imagen de Nª Señora, que se encontraba en su habitación frente a su cama, se la lega al Marqués de Rialp; otras dos imágenes pequeñas de Alberto Durero se las deja al Conde de Zavalla y la última obra nombrada, una imagen del Ecce Homo, que se encontraba en su habitación la deja al Convento Franciscano de la Porziuncola de Asís donde el Arzobispo deja escrito que debe ser llevado «…quando mi cuerpo, para que allí se exponga a la devoción común».

El palacio fue legado, según su testamento a favor de Mª Antonia y Laura Mª Castellví Mercader, disfrutándolo en usufructo sus padres, los Condes de Cervelló: Juan Basilio Castellví Coloma y Francisca Mª Mercader Palafox, hija de la prima hermana del Arzobispo Inés Palafox Folch de Cardona esposa de Gaspar Mercader Cervelló, II conde de Cervelló y IV Conde de Buñol. Pero tan solo un día después de redactar sus últimas voluntades, el Arzobispo revoca y anula este documento tras analizar las deudas que tenía esta propiedad con la Ciudad de Viena. El Palacio debía venderse y tras pagar las deudas, sus sobrinas debía percibir 15.000 florines y si sobrase algo, debía ser entregado a Joseph Muñoz, su confesor «para que lo aplique al fin que le tengo comunicado».

El Palacio del Arzobispo, como se le conocía en Viena, paso en 1840 a ser propiedad pública.

La Catedral de Valencia

La Catedral de Valencia, siempre estuvo en el recuerdo del Arzobispo y de esta manera lo demostró en su testamento; «(…) en manifestación de la ardiente devoción que he tenido al Glorioso San Luis Obispo, cuyo cuerpo está en mi Iglesia de Valencia, quiero y mando que se empleen 12.000 florines de mis caudales, en la fábrica y adorno de la Capilla de dicho Santo, cuya administración encargo, por la satisfacción que tengo de su persona, al Arcediano y Canónigo D. Joseph de Castellví y Coloma (…)». No contento con esto, el Arzobispo contempló una ampliación del testamento, que si después de cumplidas todas sus voluntades, ejecutadas todas sus obras pías y haber satisfecho todas sus deudas, sobrara dinero, se hicieran dos mitades; una iría para misas y sufragios en la Iglesia de la Porziuncula y la otra mitad se sumarían a los 12.000 florines ya otorgados a la Catedral de Valencia.

También quiso Antonio Folch de Cardona que diversos roquetes, albas y paramentos sacros de su capilla personal en el Palacio de Viena, fueran a parar a nuestra Catedral.

Las obras en la Capilla de San Luis Obispo se iniciaron en 1762; de la albañilería se encargó el maestro Felipe Rubio, de la reja y demás trabajos de cerrajería Vicente Gil; de la carpintería Sebastián Marqués; de la pintura de los lienzos de la Capilla José Vergara; de los dorados Pedro Maya y de la platería Vicente Entreaguas. Poco se pudo disfrutar de esta remodelación porque en 1774 llegó el gran cambio de la Catedral y esta Capilla desapareció.

Familiares

Antonio Folch de Cardona quiso ser generoso con aquellos familiares que habían pasado junto a él los años de exilio en Viena. El conde de Cervelló y su familia fueron los mas beneficiados, aparte del vínculo familiar, el Conde, fue su amigo y compañero de viaje desde que salieron de Valencia. Dejó tres relojes de oro a los que él llamaba «sobrinos» aunque en realidad eran los tres consortes de sus primas; uno para Juan Basilio Castellví Coloma; otro para Cristóbal Fernández de Córdoba y Alagón Conde de Sestago, esposo de Mª Francisca Palafox Folch de Cardona y el último para Antonio Vicentello de Lecca Eril, VI Conde de Eril, casado con Mª Teresa Folch de Cardona Bellvís.

Por otra parte legó numerosas alhajas a sus sobrinas y primas, Condesa de Cervelló, Condesa de Eril, a Catalina Folch de Cardona Eril Condesa de Carrafa y por último a Ana Antonia Palafox Folch de Cardona Marquesa de la Casta.

También tuvo un pequeño detalle con el Príncipe de Cardona, aquel primo suyo que le impidió ser Virrey de Valencia, José Folch de Cardona Eril, al que dejó una pequeña imagen de Nuestra Señora.

Hasta aquí las pinceladas culturales y personales de Antonio Folch de Cardona Arzobispo de Valencia de 1700 a 1724. Una vida marcada por su vocación eclesiástica, su disposición política y su pasión por los libros…

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