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"Vivimos 8 personas con la renta mínima de 564 euros"

Carmen, que será desalojada este jueves de su vivienda por el riesgo de ruina inminente, cuenta cómo es su día a día en el barrio de la Creu Coberta donde vive con sus hijos y su nieto pequeño

Carmen San Vicente junto a su familia en una de las viviendas del barrio de la Creu Coberta. | M.A. MONTESINOS

«Vivimos el día a día y económicamente no sabemos qué va a pasar mañana». Carmen San Vicente vive junto a su pareja; sus hijos de 14, 17 y 19 años, la novia de uno de ellos y su nieto en una de las dos viviendas del barrio de la Creu Coberta que serán desalojadas el próximo jueves.

Esta vecina explica que llegó a la zona hace unos cinco meses, ya que antes vivía como okupa en un edificio del barrio de Malilla.

De vez en cuando, Carmen vuelve a este lugar para reencontrarse con sus vecinos. Al entrar en la calle, algunos de ellos le reconocen y le preguntan cómo está. «Estoy harta, ya no puedo más con esta situación», denuncia. En todo momento, recalca que no va a encontrar una alternativa habitacional antes del 12 de agosto. «Me siento engañada y los más perjudicados son mis hijos que van a tener que volver a cambiar de colegio», añade. Además, uno de ellos acude a un centro especial debido a un trastorno de hiperactividad.

Tania Costa, una de las vecinas de la zona, explica que es «una familia encantadora; vivíamos al lado y, siempre que necesitábamos algo, nos lo daban».

Manuel y Mari Carmen también coinciden y reconocen que no es justo lo que le está pasando a esta gente «porque nunca nos han ocasionado ningún problema». Añaden que, cuando se marcharon del lugar, «lloramos porque son muy queridos».

Sin embargo, explica que los vecinos de Creu Coberta también se han convertido en su familia. «Cenamos juntos y compartimos lo que tenemos», recalca.

Esta vecina denuncia la imagen que ha creado la sociedad en torno a los okupas ya que «no estamos así porque nos guste, no tenemos dinero, pero arreglamos la casa para vivir de la mejor manera posible».

Durante el día, se encarga de las tareas domésticas, al tiempo que su marido trabaja en la chatarra. «En la vivienda vivimos ocho personas y solo cobramos la renta mínima de 564 euros», agrega. Confiesa que esto supone que cada persona «puede gastar unos 70 euros al mes, pero solo con los gastos de mi nieto ya se va gran parte del dinero». Ante esta situación, Carmen se lamenta: «¿No sé qué pasará el jueves?».

«No me gustaría que mis hijos vivieran el racismo»

Esta vecina del barrio de la Creu Coberta denuncia el racismo que ha vivido su familia durante estos años. La matriarca, como le llaman en su zona, explica que la sociedad cree que «los gitanos no estamos integrados en la ciudad y que causamos problemas», pero destaca que «no es así porque yo me siento muy querida por toda la gente allá donde voy».

Reconoce que, de momento, sus hijos todavía no han sufrido ningún insulto en el centro escolar, pero «a mí me han cerrado muchas puertas por ser gitana y es una situación muy dura».

Los vecinos de Malilla afirman a Levante-EMV que todavía existe un estereotipo en torno a esta gente ya que «nosotros mismos nos asustamos cuando nos enteramos que en nuestro edificio había okupas gitanos». «Hay gente mala en todos los países y colectivos», añaden.

En este sentido, Carmen expone que ha sufrido muchos ataques. «Recuerdo muchos momentos, pero, por ejemplo, he ido a comprar a un supermercado y me han pedido que mostrara el contenido del carro, cuando el resto de gente no lo ha hecho». No obstante, añade que las circunstancias están cambiando, ya que muchos jóvenes están denunciando este problema en las redes sociales.

«Soy gitana y lo digo con mucha honra porque no me cambiaría por nadie», recalca. Por ello, esta mujer concluye : «No me gustaría que mis hijos vivieran en un mundo tan racista». 

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