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La II República a la luna de València

Un experto en el período republicano organiza visitas nocturnas por la ciudad para divulgar la época en la que fue capital de España

La II República a la luna de València

Son las 20:25 horas y el primer día en el que el frío se ha hecho notar en València. Empieza octubre. Delante de la entrada del IES Lluís Vives, frente a la Estació del Nord del Cap i Casal va llegando una comitiva de gente. Un grupo pequeño que, tímidamente asoma la cabeza y pregunta: «¿es aquí la ruta?». Algunos rezagados tardan unos minutos más en personarse en la cita que una decena de personas tiene con el investigador del período republicano y de posguerra, José María Azkárraga, ferviente apasionado de una etapa que muestra a través de rutas nocturnas por la que fue la València republicana (y capital de esa II República) hasta poco antes de acabar la Guerra Civil en el año 1939.

La II República a la luna de València

Cuando ya está todo el grupo reunido, Azkárraga comienza la explicación: «este es un recorrido por una época que, aunque tuvo sus sombras, trajo a València la modernidad social, económica y cultural como nunca antes se había visto». Y repasa la ley del divorcio, la del aborto y la acogida de congresos internacionales de intelectuales que se dieron cita en la ciudad.

La II República a la luna de València

La primera parada, informa el experto, será al refugio antiaéreo que tiene el propio instituto. Hace frío pero, al bajar las escaleras, se nota el calor condensado por ese espacio que fue un fuerte de seguridad contra los bombardeos en plena guerra. Los avisos a través del boca a boca o las ondas sonoras de los aviones que venían de zonas cercanas como Cullera advertían de que un ataque se avecinaba, «no había radares, se apañaban como podían», detalla. Avisos, sirenas y «¡todos al refugio!». Un lugar que para los niños, cuenta, no fue necesariamente un drama. «Venían aquí y de paso se libraban del profesor peñazo de la clase que tocara». Con ese ejemplo, Azkárraga relata otro punto de vista de la guerra, más allá del adulto. La visión de los niños. Al dejar el refugio, los visitantes vuelven a ponerse las chaquetas. Son casi las 21 horas y el fresco se nota. En la plaza del Ayuntamiento, Azkárraga saca la herramienta que le ayudará a ilustrar mejor todo lo contado. Un proyector y una foto proyectada en la pared del consistorio. Luces y sombras de la época, los acontecimientos que tuvieron lugar allí, el homenaje a los primeros muertos por bombardeos y los últimos vestigios que todavía quedan de la época franquista. Siguiente parada. Tras atravesar la plaza del Ayuntamiento, la comitiva llega a la plaza del Colegio del Patriarca. Fue en el Colegio del Patriarca donde se guardaron los tesoros del Museo del Prado cuando, con Madrid asediada, el Gobierno de la República y con él todo el arte, se trasladó a València para garantizar su preservación. Entre las obras estaban «Las Meninas» de Velázquez.

La II República a la luna de València

Tras atravesar la calle La Paz, la plaza de la Reina se transforma en la imaginación de los visitantes al tiempo que Azkárraga cuenta (y enseña imágenes) del tranvía y de los bombardeos que dejaron marcas en las paredes de la Iglesia (todavía visibles). El experto comenta el cambio de arquitectura de la ciudad con la llegada de la dictadura conforme el grupo avanza su recorrido por el centro.

Arquitectura de la época

«Los edificios de la época republicana eran más modernos, los que vinieron después retomaron un estilo casticista», explica ante un edificio del arquitecto Luis Albert (la fachada lo desvela). El Palau de Benicarló es escenario para recrear una gran concentración frente a Largo Caballero. Un recorrido que sigue en el exterior del refugio antiaéreo de Serranos. El investigador enumera los distintos usos que se dio al espacio posteriormente. Algunos fuertes albergan todavía casales falleros. «La ciudad es un libro que se lee con los pies», dice Azkárraga, citando a Benedetti. Y andando se ha hecho casi media noche. La ruta llega a su fin bajo las torres de Serranos.

Fue el fuerte que se adaptó para guardar parte del tesoro del Prado ante posibles bombardeos. Volviendo a casa y con las gafas de la República puestas, los participantes miran las fachadas, suelos y ganchos que recuerdan que una vez el tranvía pasó por ahí.

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