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Benimaclet clama por el desalojo final del botellón

Una pintada popular reivindica volver a vivir con «dignidad» después de la inaudita sensación de estar dos días sin incidentes

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Los vecinos de Benimaclet pintan pancartas contra el botellón

Benimaclet quiere dejar de vivir en estado de pesadilla, pero esto sólo se podrá comprobar con el paso del tiempo. El que pase hasta que regrese el botellón al centro del barrio-pueblo o que se vaya para siempre.

La presencia policial el pasado jueves permitió a los vecinos, tal como decían, tener una noche tranquila en mucho tiempo. Los había que confesaban que hasta se habían dormido, una sensación perdida hace tiempo. Porque de jóvenes y no tan jóvenes en la calle bebiendo y desbebiendo (molesta la suciedad y la música, pero los orines no se quedan atrás) han desaparecido con la presencia policial. Pero no saben hasta cuándo. Y porque aunque el botellón sobrevive a las generaciones, nunca lo habían visto ni tan numeroso ni tan violento.

Ayer, Benimaclet disfrutó de la matinal soñada: calles limpias y hasta un pequeño mercado agroalimentario en la plaza. Esa estampa que es un lujo dentro de la gran ciudad. Y mientras, algunos vecinos acudieron a la plaza mayor para hacer carteles. Pintadas en sábanas para extenderlos de balcón a balcón. Para seguir recordando que es un barrio que quiere vivir. A la vez, una carpeta se iba llenando de papeles del registro de entrada del Ayuntamiento. Literalmente quieren empapelar la casa grande con mensajes sobre el infierno del norte en el que se ha convertido el barrio.

Para que no se relajen las medidas y adquieran «carácter permanente». Porque, además, no quieren el botellón, la música, las peleas y los orines en ninguna parte del barrio. «De nada sirve que no estén en la plaza y se vayan a la escombrera, porque entonces el vecino del centro ya no lo oye, pero los que están cerca, sí». Quieren, simplemente, «dignidad».

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