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El Hospital General en sus primeros años (II)

La administración tuvo empeño en salvaguardar todos los documentos, escrituras, privilegios, donaciones o libros de registros

Cocina de 1927. biblioteca del muvim

En la primera parte tratamos cómo se construyó el Hospital General y describimos algunos de sus primeros edificios: las salas de enfermos, las casas de locos y locas y la Iglesia; tal vez las construcciones más importantes.

Torno y entrada del Hospital en la calle Quevedo. v.v.

En esta ocasión, empezaremos por la casa de Expósitos. Seguramente no fue un edificio notable como los anteriores, pero si fue uno de los más significativos del Hospital General por lo que representaba y era el que poseía el icono más importante y terrible de todo el Hospital: el torno. Seguiremos con otros edificios y dependencias que fueron indispensables para buen funcionamiento del Hospital: las despensas, el horno, las cocinas, el archivo general, la botiga…

Detalle del torno. v.v.

Casa de Expósitos

Hasta la construcción del Hospital General en 1512, no existía en València ninguna institución que se ocupara de los niños expósitos (borts) o, como los denominaba Luis Vives, «los hijos de nadie».

Interior de la Casa de Expósitos 1927. diputación provincial de valència

La entrada a la casa de los expósitos se realizaba tras pasar la puerta principal, justo a la izquierda del zaguán. Tenía varias dependencias distribuidas en dos plantas, en ambas se hacinaban las cunas y camas de los hijos de nadie. Las amas de cria (dides) dormían en el edificio, como también lo hacía el «pare dels borts».

Plano del Hospital General 1749 del Archivo del Reino de Valencia.

El edificio tenía cocina propia, donde se preparaban las comidas de los más pequeños. Debido al número tan elevado de expósitos, se amplió con la sala de heridos en 1665 (quadra de nafrats) al dejar de funcionar como enfermería, de esta manera quedaban separados los niños enfermos de los sanos.

La casa de expósitos no tenía altar como otras dependencias del Hospital, tan solo un cuadro de Santo Tomás de Villanueva como único elemento religioso.

Los más mayores recordamos el famoso y triste torno donde eran dejados los niños, con total anonimato, junto a la puerta del Hospital que daba a la calle Quevedo y a la Iglesia de San Carlos Borromeo. Este no fue su lugar original, al principio se encontraba a la izquierda de la puerta principal, en la calle del Hospital, justo enfrente de la calle que toma su nombre, es decir, «calle del Torno del Hospital».

El torno era un símbolo de tristeza y pena para todo el que lo veía menos para esos niños abandonados en él. Para ellos representaba la vida, la frontera entre seguir viviendo o morir, aunque no fueran conscientes de ello.

El «pare dels borts» tenía su habitación junto al torno y era el responsable de recoger de él a los expósitos, comprobar si llevaban albarán de bautizo, inscibirlos en el Llibre dels borts, buscarles ama de cráa necesaria para que el amamantado de los niños no fallara, cuidar de la limpieza e higiene de los más pequeños y buscarles casa a los mayores de siete años para que trabajaran. Los hijos de nadie, que eran dejados en el torno sin el albarán de bautizo, se les inscribía en el Llibre dels borts con el nombre del santo de ese día, como apellido, el de «expósito» y se procedía a su bautizo de inmediato.

El trabajo del personal de la casa de los expósitos era muy concreto y distaba mucho de los que realizaban los demás empleados del Hospital, como ya hemos visto con el del pare dels borts.

Las amas de cría eran las encargadas de amamantar a los expósitos. Existían tres tipos de cría: las llamadas «ames de casa» amamantaban a tres o cuatro «bordets» en el Hospital hasta que el pare dels borts asignaba una fija al niño. Por otra parte, les «ames de fora de casa» se llevaban a su casa a los expósitos y se comprometían con el Hospital a criarlos durante el tiempo pactado y solo devolverlo a causa de enfermedad o embarazo y les «ames de fora de València» que se llevaban a los expósitos a su población, amamantaban a los niños hasta los 20 meses e incluso se podían responsabilizar de los niños durante 4 o 5 años. Otro empleado de la casa de los expósitos era el «mestre dels borts» que se encargaba de enseñar a los niños «(…) los articles de la fe i altres coses convenients i obligatories a saber a quansevol cristiá»

Botica

Desde su inicio, el Hospital tuvo farmacia propia. El boticario, junto a su familia, vivía en una casa con huerto contigua a la botica. Era el responsable de todos los enseres, drogas y medicinas existentes en su interior. Estas se guardaban en recipientes de cristal, cerámica, madera y barro, que eran propiedad del Hospital.

Las materias primas o químicas utilizadas para la elaboración de los medicamentos se compraban al mayor y se almacenaban en cajas o sacos.

Las obligaciones del boticario se establecían por contrato, siendo las más importantes: dar las medicinas solicitadas por los médicos y el cirujano mayor al precio marcado en las tarifas, suministrar medicamentos para los mulos y otros animales al servicio del Hospital, adinistrar a los médicos los medios útiles para el transporte de las medicinas como ampollas o «casoles», identificar en los medicamentos el número de paciente, quadra y fecha, tener en la botica todos los medicamentos incluidos en la «oficina medicamentorum valentina» de 1601.

El boticario recibía un salario del Hospital, además de raciones de pan y vino. Por esta razón, los medicamentos tenían el precio por la materia prima utilizada y sujeto a una tarifa fija para evitar cualquier sobrecoste.

El huerto que recaía en la parte noroeste del crucero y, por lo tanto, más cercano a la casa del boticario, era el utilizado para el cultivo de distintas plantas medicinales. El primer boticario del Hospital fue Françes Gil.

Cocina

Como hemos visto, algunos edificios tenían cocinas propias para casos especiales, pero el complejo hospitalario tenía una cocina principal que se ocupaba de la mayor parte de la alimentación del Hospital, era grande, espaciosa y bien equipada. Los utensilios básicos eran de cobre y las parrillas, ast y rustideras eran de hierro. Se encontraba situada en la parte más oeste, justo detrás de la Ermita de Santa Lucía. Las cocinas funcionaban con carbón vegetal que se almacenaba en una dependencia contigua con acceso directo a la calle, muy cercana a la puerta del Hospital que recaía a la actual calle Guillén de Castro, una de las tres entradas aparte de la principal.

Despensas (rebost)

El Hospital contaba con varias despensas, aunque dos de ellas eran las principales: «el rebost de baix» y «el rebost de dalt». Estaban situadas junto a la muralla que transcurría por la actual calle Guillen de Castro.

En la despensa de bajo, se guardaban los productos más pesados y de mayor volumen como el vino, aceite, vinagre... En la de arriba, junto a la cocina, los alimentos de mayor consumo como huevos, bizcochos, miel...

En un armario con llave, se custodiaban las mermeladas y confituras para evitar robos y abusos del personal. En otras dependencias estaban la bodega grande y otra de menor tamaño que guardaba la indispensable «boteta de vi» que se pasaba por las salas de enfermos y los utensilios propios para trasegar y medir el vino, el aceite y el vinagre.

Dos rebosters eran los responsables de las despensas y tenían vivienda en el Hospital. El de «baix», junto a su esposa, controlaban el pan, la harina y el trigo para evitar fraudes del molino o del horno. El «reboster de dalt», también con su esposa, controlaban y registraban las salidas y entradas de los productos de mayor consumo, además de tener a su cargo el gallinero.

Horno y panadería

En la panadería se cernía la harina y se amasaba el pan para los enfermos. Su responsable era el «pastador». El Hospital compraba el trigo al por mayor, después de pasar por el molino y, una vez convertido en harina, se guardaba en la despensa.

Todos los días el «reboster de baix» entregaba al pastador la cantidad justa para amasar el pan del día. En el horno se cocía el pan, les «greixoneres» y los bizcochos para los enfermos. Estas dependencias se encontraban junto a la puerta que recaía a la calle del Hospital y que aún se conserva, justo enfrente de la calle Horno del Hospital. El horno contaba con un patio interior junto al patio de los locos.

Archivo general

La administración del Hospital siempre tuvo un gran interés y cuidado en salvaguardar todos los documentos de la institución desde su fundación: escrituras, bulas, privilegios, libros de registros y contables, testamentos, donaciones...

El responsable directo era el archivero, que además debía ayudar al Clavario a llevar las tareas administrativas, así como a controlar las propiedades en tierras y casas donadas al Hospital y el cobro de censos y rentas tan necesarios para el mantenimiento y la supervivencia del Hospital.

En la actualidad, todos esos fondos que, con tanto empeño, fueron archivados, se conservan como verdaderos tesoros, que lo son, en el Archivo de la Diputación Provincial de Valencia, uno de los custodios de nuestra historia.

Otras dependencias

Además de los edificios y dependencias que hemos descrito en estas dos partes, el Hospital contaba con otras no tan importantes pero indispensables para el buen funcionamiento del establecimiento. Estas son la carnicería, granero, ropero, guardarropa, lavadero, gallineros, cuadras, pozos…

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