Doce años ha tardado la ciudad de València en recepcionar, ahora sí, el entorno de la Torre Miramar, un espacio estigmatizado al convertirse en uno de los símbolos de la época del despilfarro público, comparable a aeropuertos, auditorios, palacios y otros cementerios de dinero, de los que en la Comunitat Valenciana hubo legión. En este caso, la zona del antiguo semáforo de Europa se convertía en una gran rotonda que distribuía el tráfico hacia el centro de la ciudad (por un paso subterráneo) o hacia la Ronda Norte o la nueva avenida de Tarongers. Hasta ahí todo normal. Pero la superficie de ese gran circo rodado incorporó, al abrigo de esa locura colectiva, un mirador singular y una especie de jardín prácticamente inaccesible. Como lo fue la torre nada más inaugurarse en 2009, cuando la burbuja ya había pinchado.

Ayer, tanto el Ayuntamiento como el Ministerio de Transportes firmaban el traspaso de poderes. No sin antes llevar a cabo una profunda operación de cirugía estética por parte del Gobierno de España. La cochambre en que se había convertido se ha adecentado. De momento, lo que se cede es el estanque central y zonas ajardinadas. Más adelante se traspasarán el paso subterráneo y la propia torre. Se han invertido 400.000 euros en los trabajos de adecentamiento. Una nadería si se compara con los 24 millones que costó la obra. Se han adecuado los suelos, se han creado rampas, cerramientos, nuevo mobiliario, se ha limpiado y, en definitiva, se ha adecentado. Recuperado para, en palabras del alcalde, Joan Ribó, convertirlo en «un espacio de cultura urbana». Tiene su punto de escarnio: el uso más popular para lo que se planteó como elitista. Patinaje, skate, parkour, grafiti, danzas... Miramar, Espacio de Cultura Urbana será su nueva denominación y, desde ese momento, el cuidado de la misma pasa a ser del gobierno municipal. «Ahora se podrán disfrutar de más 7.200 metros cuadrados que hasta ahora nunca habían tenido uso ciudadano, a pesar de que la construcción de esta gran rotonda en la entrada de València costó decenas de millones de euros. Ahora queremos que sea una referencia para la juventud», dijo Ribó.