San Vicente Mártir se convirtió ayer en una medio fiesta, con algo de ambiente por la calle, con grandes comercios y mercadillos abiertos y sin conflicto para los escolares que estudian en colegios fuera del término municipal. La fiesta del patrón al que los romanos hicieron mil perrerías antes de tirarlo cerca de la plaza de España, cuando ni siquiera existía España. Un aragonés que, por tozudo, no abjuró de su fe y por quien Amnistía Internacional, si hubiese existido en el Siglo IV, debería haber recogido firmas.

Y la celebración del martirio de Vicente de Huesca sirvió de escenario al Arzobispado para cerrar la fase local del proceso de beatificación a 91 valencianos y valencianas a los asesinados durante los años 30; es decir, asesinados en disturbios o «entregados al Comité» durante la Guerra Civil. 66 sacerdotes, ocho monjes y 17 laicos, reconocidos antes de la misa mayor. Los expedientes se presentaron antes de la misa de pontifical, que no pudo presidir el cardenal Cañizares, confinado por el covid.

La fiesta transcurrió a medio gas. Las limitaciones sanitarias (con la incertidumbre que generan) y las obras en el entorno de la Catedral, a cuyo alrededor se ubican los lugares del martirio y prisión, fueron recorridos en una procesión muy poco concurrida. Lucida cuando la imagen salió por la puerta románica, pero nada más. A pesar de ello, sigue habiendo una corriente de negacionismo a su traslado a domingo, que será por calendario el próximo año y, quizá por precepto ya en 2024. Una decisión, similar a la del Corpus hace treinta años, en la que ayuntamiento y Arzobispado están de acuerdo. Pero algunos pasquines, pocos, en la calle de la procesión: «La festa de Sant Vicent Martir, patró de la ciutat de València, no es toca: sempre el 22 de gener».

La consecuencia de desfilar un sábado puede ser dolorosa pero es irrefutable. Si el pasado domingo a las Reinas Magas asistieron «cuatro gatos», que lo eran, ayer eran tres los felinos en el mejor de los casos. En una procesión de barrio se ve más arrope popular. Y seguro que, con domingo y sin pandemia ni obras, las cosas cambiarían a mejor.

La oposición municipal, los tres partidos, acompañaron a la imagen. Y como marca el guión, previsible era que el PP criticara que Joan Ribó no asistiera, y que Ciudadanos retrucara que el alcalde «no respete las tradiciones» y sí que recibiera a las Magas de Enero.

Sastres y modistas, sin procesión

No todo el procesional pudo llevarse a efecto. Por ejemplo, también es el día grande del Gremio de Sastres y Modistas de la Comunitat Valenciana, pero ya a primera hora de la mañana mostraron su enfado porque «el ayuntamiento nos ha denegado el permiso para hacer la procesión cívica hacia la catedral, como veníamos realizando desde hace décadas, y más siendo el año en que nuestra institución celebra su 775 aniversario. Hemos presentado tres itinerarios diferentes al ayuntamiento con el deseo de realizar la procesión junto a la Senyera Gremial, y han sido rechazados». Tampoco desfilaron los Bultos de San Esteban, pero en este caso por renuncia propia de la Pila Bautismal. Pero sí que hubo «bateig», el de Gonzalo Vicente Carceller Almela.