Benicalap adolece de dotaciones municipales para la ciudadanía. En el distrito no existen ni centros juveniles ni centro cívicos para la juventud y las asociaciones del barrio. El único centro de ese tipo es el Espai Verd Benicalap, un espacio al aire libre construido el año pasado de manera comunitaria con el esfuerzo de vecinas y vecinos del barrio (https://espaiverdbenicalap.eu/). En un barrio de bajo nivel de renta como Benicalap resulta muy importante la presencia de espacios de ocio y cultura que ofrezcan opciones de ocio alternativo para los jóvenes y dinamicen el tejido asociativo. Estas dotaciones son especialmente importantes en barrios de bajos ingresos porque aquí los jóvenes y las asociaciones no se pueden permitir alquilar locales, ya sea para utilizarlas como salas de ensayo, ni como espacios de reunión, ni como sedes de asociación. 

Es por ello que los vecinos escuchamos con tristeza las numerosas propuestas que invitan a convertir La Ceramo en un museo. A apenas 500 metros de distancia se encuentra Bombas Gens, un excelente centro de exposición artística, que sirve a la ciudadanía valenciana y a los turistas para el consumo cultural. Desgraciadamente los museos no sirven para que Jose de 7 años, y otros 75 jóvenes scouts se reúnan semanalmente sin tener que pagar una cuota por utilizar la sala. Los museos no sirven para que Carmen, mi vecina de enfrente, vaya a realizar costura y salga de su casa en la que lleva 2 años recluida por la pandemia por la falta de actividades para mayores. Un museo no sirve para que Umu y su asociación africana tengan su sede, y se reúnan semanalmente compartiendo espacio con otras asociaciones del barrio generando los espacios interculturales que tanto necesita el barrio.

La Ceramo fue un centro de referencia europeo en la fabricación de mayólicas. Pero en Benicalap La Ceramo ha sido siempre mucho más. Un motor económico y social que generaba orgullo por su referencia internacional, pero sobre todo por su potente vinculación barrial. Un ejemplo de interculturalidad, pues ponía en valor la histórica influencia de la cultura y el arte árabe en la ciudad de Valencia. Un aspecto especialmente importante en un barrio que recibió a gran cantidad de migrantes de otras partes de España el siglo pasado. Como mi abuela Ascensión, que migró a Benicalap proveniente de Albacete y acabó viviendo durante más de medio siglo a escasos 50 metros de La Ceramo hasta su muerte hace una década. 

Durante muchos años el abandono de La Ceramo ha representado también el abandono de un barrio. Un barrio largamente olvidado por la administración. Ahora que se va a rehabilitar, ¿no sería interesante que se convirtiera en justo lo contrario? No en un museo, sino en un centro de dinamización cultural donde se impartan talleres de cerámica, música, costura, danza. En un espacio de participación ciudadana abierto a las necesidades de los habitantes, ya sean mayores o jóvenes. En una referencia de interculturalidad, al cual vecinos de Benicalap de diferentes orígenes llamen casa. En un espacio que pudiera haber utilizado mi abuela, pero sobre todo que en un futuro puedan también utilizar mis hijos. No sé si Valencia necesita un museo más, pero sí estoy seguro que Benicalap necesita un lugar así.