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Ricardo Samper, el presidente olvidado

La historia lo ha dejado en un segundo plano pese a ser alcalde de València y presidente del Consejo de Ministros en 1934

Ricardo Samper con el grupo de ministros en 1933. levante-emv

«Pero lo que sí depende sólo de la voluntad del político, lo que sí depende sólo de su albedrío, es el uso que haga de su oratoria, con la cual debe comparecer ante el pueblo para decirle siempre palabras nobles y palabras veraces, procurando no deprimir su espíritu, sino tonificarlo; no envilecer sus pasiones, sino elevarlas; no arrojarle por senderos extraviados que conduzcan al sacrificio estéril de su vida o de su libertad, sino hacia los caminos claros del triunfo asequible. No engañarle con promesas fatuas y alucinadoras, sino mostrarle la realidad tal y como es y tales como son las posibilidades lógicas de mejorarla».

Retrato de Ricardo Samper pintado por su hijo. levante-emv

Ricardo Samper, Campo de Mestalla, 7 de julio de 1935. A las personas se las conoce por sus palabras y hechos. Cuando desaparecen, si sus palabras y hechos son enterrados por el tiempo sin que nadie los recuerde, la pérdida para la familia y para el conjunto de la sociedad es irreparable: se escapan sentimientos, conocimientos y cultura, lecciones que hubieran podido ser útiles hoy. Si, además, los hechos y las palabras enterradas son de una persona que fue parte activa y determinante de la historia, entonces a todos nos arrebatan algo más, nos quedamos sin una parte de nosotros mismos.

Es lo que ocurre con el olvido que pesa sobre la figura de Ricardo Samper, que nos pesa, aún sin saberlo, a todos los valencianos y españoles. Ricardo Samper fue un valenciano que luchó contra la corrupción, trabajó por la democracia y por las libertades desde la administración local y estatal, llegando a ocupar la presidencia del Consejo de Ministros en 1934 y, sin embargo, casi nadie lo conoce. Abogado, tan amante de su tierra como de España, europeísta pionero y visionario, político comprometido, moderado, dialogante y honrado.

El Ateneo Mercantil ha vuelto a poner el foco sobre la importancia de «un valenciano universal» en una conferencia a cargo del historiador y escritor Fernando Millán, gran conocedor de la administración pública. Millán se refirió a Samper como «una figura no reconocida en su valor» a la que los valencianos deberían «rendir homenaje» al haber hecho tanto por ellos.

Cultura del esfuerzo

El conferenciante partió subrayando la cultura del esfuerzo que permitió a Samper llegar a ser uno de los mejores abogados de València desde un origen humilde -nacido en el seno de una familia de artesanos- trabajando y estudiando a la vez. Desde el éxito profesional, con un papel relevante en el mundo del derecho y una oposición ganada en la Diputación Provincial, decidió desarrollar su vocación de servicio público en el Partido Unión Republicana Autonomista (PURA), fundado en 1907 por Vicente Blasco Ibáñez, del que Samper fue discípulo y amigo entrañable.

En 1911 fue elegido concejal del Ayuntamiento de València y entre 1915 y 1919 fue, además, diputado provincial para llegar a ser alcalde entre 1920 y 1922 en una España que vivía una crisis social, económica y política. Cuando Ricardo Samper llegó a la corporación municipal por primera vez denunció la corrupción existente en la contratación pública, lo que le llevó a una batalla judicial que acabó ganando. Hubo de hacer frente a los conflictos sociales en colaboración con un joven Calvo-Sotelo que fue enviado a Valencia como gobernador civil y fue capaz de lograr una estabilidad suficiente en el gobierno municipal a través de un pacto para hacer efectivo el programa que se había planteado Blasco Ibáñez: Educación, sanidad y obras públicas para resolver el problema del paro. En este punto, el conferenciante se refirió a la creación de escuelas municipales en los barrios de la ciudad del Turia para impulsar, a través de la educación, una nueva sociedad valenciana, un proyecto inspirado en la Institución Libre de Enseñanza que tanto admiraba el escritor valenciano. Por ello, al volver a su tierra tras su éxito en América, Blasco Ibáñez visitó la escuela municipal del Cabanyal en el Distrito Marítimo junto a Samper.

Millán también destacó la aportación de Samper en política sanitaria para abordar el problema del paludismo que no se podía contener en aquel momento en València, dado que los arrozales alrededor de la ciudad contribuían a la propagación de la enfermedad. De este modo, reguló la localización de estas plantaciones para alejarlas del núcleo urbano, lo que permitió su erradicación.

Planes contra el paro

Respecto al problema del paro, contribuyó a resolverlo a través de fórmulas que perviven hoy en las políticas públicas como los planes de empleo y de estímulo. Así, impulsó la obra pública con programas de alcantarillado y empedrados de las calles.

Ya en su etapa en política nacional, fue ponente de la Constitución de 1931, destacó en sus intervenciones parlamentarias y en su gestión al frente de los ministerios de Trabajo, Industria y Estado, llegando a ocupar la presidencia del Consejo de Ministros con Niceto Alcalá-Zamora, que vio en él, en palabras del conferenciante, a la persona idónea para llevar a cabo su proyecto de crear un centro liberal que Europa aceptara y que mantuviera una equidistancia entre los radicalismos de izquierda y de derecha, en defensa de las libertades sin caer en dogmatismos.

Dignas de investigación por parte de las universidades valencianas, además de las políticas municipales recientemente citadas, son las que Samper impulsó para favorecer la libre exportación de la naranja o la defensa en política exterior de un papel de liderazgo de España entre las naciones neutrales europeas.

Europeísta convencido

Así mismo, dos hechos que merecen estudio académico son la contribución de Ricardo Samper a la propuesta de un Estatuto de Autonomía valenciano y al impulso del «Mensaje por Europa», un movimiento europeísta pionero que lideró como presidente del Ateneo Mercantil durante la monarquía, a principios de 1931, junto a 35 valencianos destacados miembros de la sociedad civil. Quedó reflejado en un documento remitido al Duque de Alba, entonces ministro de Estado, que figura en el archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores con la tesis de que la unión y cooperación económica europea era la única salida para evitar futuros conflictos armados. Esta histórica y visionaria iniciativa sitúa a València como centro del europeísmo participativo y debería ser investigada en su contexto histórico y geográfico desde una perspectiva europea, dada a conocer en València y España, así como ante las instituciones europeas.

Todos conocemos el devenir de la historia, la destrucción de dos guerras arrasó con las ideas de cooperación y diálogo por las que habían luchado Ricardo Samper y tantos otros. Al final de la segunda República, por su talante moderado, Samper quedó en tierra de nadie. Pudo salir de España gracias a la ayuda del Gobierno francés. En 1938 falleció de una enfermedad pulmonar en Suiza, arruinado, a pesar de haber sido uno de los mejores abogados de València, pero con la dignidad de haber agotado fortuna, fuerzas, vías del diálogo y la razón para construir una estabilidad y una paz que finalmente no pudieron ser. No dejemos que sus palabras y sus hechos sigan enterrados. Es una figura para el conocimiento y orgullo de todos los valencianos.

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