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El Museo Nacional de la Cerámica cierra salas por falta de personal

La normativa impide externalizar el servicio de vigilancia

Fachada principal del palacio del Marqués de Dos Aguas, en Poeta Querol, y hall de acceso(inferior).

«Hemos pasado una temporada nefasta». Con estas palabras describe Jaume Coll, el director del Museo Nacional de la Cerámica González Martí, la situación que atraviesa el museo, uno de los más visitados de la ciudad, con 185.000 visitantes al año (datos prepandemia de 2019) por la falta de personal. En concreto, de vigilantes.

El Museo Nacional de la Cerámica cierra salas por falta de personal

Las jubilaciones han mermado la plantilla del museo, formada por unas 40 personas, de las que siete (en turnos) deberían ocuparse de tareas de vigilancia en salas y control de accesos. Las plazas siguen sin cubrir porque la Dirección General de Museos del Ministerio de Cultura, -que lleva años sin convocar concursos, sumado a las bajas provocadas por la pandemia- han mermado el personal y dejado el museo en una situación crítica muchos días, especialmente los fines de semana. «Ha habido días en que nos ha fallado el turno entero», lamenta esta fuente.

La falta de personal ha obligado al director a organizar visitas rotatorias, esto es, abrir una parte del museo por las tardes, por ejemplo la sala noble del palacio con sus lujosas y barrocas estancias; y la exposición permanente, ubicada en la segunda parte y donde se exhiben piezas de distintas épocas y países, por las mañanas, en función de la disponibilidad de personal de vigilancia y control de accesos. Ha habido fines de semana que había solo dos personas, aseguran los responsables del museo ubicado en el Palacio del Marqués de Dos Aguas.

Cien plazas más

El Ministerio de Cultura, del que depende este museo, es conocedor de la situación que atraviesa, de hecho la problemática con el personal de vigilancia es similar en otras ciudades.

La normativa estatal no permite contratos puntuales de vigilantes pese a que sería necesario externalizar todo el servicio, algo que de momento no se ha plantado el González Martí.

La situación mejorará este año, ya que el ministerio ha anunciado que se convocarán concursos para cubrir 90 plazas en todo el país para renovar el personal de los museos y centros de arte dependientes del Estado.

Los cambios en los horarios de apertura y las salas visitables del Museo de la Cerámica, donde ha habido fines de semana con solo tres personas trabajando en los que únicamente se ha podido abrir la planta baja del museo, se anuncian en un cartel al visitantes, «pero hay días que no llegamos a todo y hay que cerrar salas», explican los responsables del museo, conscientes de las quejas que esta situación está provocando entre los visitantes de este espacio. El González Martí está pendiente, además, de una ampliación, cuyo proyecto se aprobó ya en 2012, para poder exhibir las valiosas piezas y colecciones de cerámica, entre las que destacan pavimentos de distintas épocas y cocinas valencianas únicas que se custodian en los almacenes del museo.

Para poder abrir todas las salas son necesarios al menos un vigilante en la sala de la exposición permanente y dos en la parte noble del palacio. «Como mínimo, necesitamos cinco personas, aunque lo ideal son siete», explica la dirección del centro.

La ampliación del Museo Nacional de Cerámica, que ha requerido de la aprobación previa de un plan especial de protección por afectar a un BIC, prevé ganar espacios expositivos a costa de zonas que ahora funcionan como almacén.

El González Martí cumplió el pasado lunes, 7 de febrero, el 75 aniversario de su creación. Además, se cumplen 50 años del fallecimiento de su gran impulsor, el historiador y erudito valenciano Manuel González Martí. En los almacenes del museo se guardan 1.600 obras de cerámica contemporánea. Una de las últimas adquisiciones ha sido una cocina de 1830, con una escena campestre que se compró a un coleccionista, y también fragmentos de una cocina recuperada en un chalé de Torrelodones.

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