Suscríbete

Levante-EMV

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Giorgeta, Marítim y Campanar se rebelan contra las palomas

Las peticiones vecinales para poner freno a la plaga de estas aves en los barrios se multiplican en los Presupuestos Participativos

Un grupo de palomas descansa en el jardín situado junto a las Torres de Serranos. | M.A.MONTESINOS

La Avenida de Giorgeta, el barrio de Campanar, el distrito del Marítim o la zona de Aben al Abbar y Rodríguez Cepeda (en Algirós) son solo algunos ejemplos de enclaves urbanos donde se han disparado las quejas por la proliferación de palomas. Los vecinos de estos barrios no dudan en calificar de «plaga» la masiva presencia de estas aves en espacios públicos -como plazas o parques- y en terrazas y bares de la hostelería.

Los Presupuestos Participativos DecidimVLC 2022-23, que ya están en marcha en su fase de propuestas, son un excelente termómetro de las carencias que tienen los barrios y las pedanías pero también son un registro eficaz de las quejas vecinales que se repiten año tras año pero que siguen sin resolverse.

Y en este sentido, en los DecidimVLC encontramos en varios distritos otras tantas quejas por las palomas. Así, un vecino de Campanar propone instalar en este núcleo reconocido como Bien de Interés Cultural hasta 200 palomares para que los animales vivan en ellos y se puedan controlar. «El objetivo es controlar y reducir la población de estas aves, que ya alcanzan la categoría de plaga urbana, aunque, eso sí, con métodos ecológicos y totalmente carentes de crueldad. Campanar es un barrio de Valencia reconocido como Bien de Interés Histórico y las palomas se lo están comiendo. Los vecinos ya no saben qué hacer», indica esta propuesta en Decidim.

Lo mismo ocurre en Giorgeta donde «existe un problema de plaga de palomas». Estas aves, relata otro residente, «están interrumpiendo la circulación de los viandantes y usuarios de bicicletas al estar invadiendo las aceras y espacios circundantes». Además, «los excrementos están deteriorando el mobiliario público y las marquesinas de los bajos comerciales y edificios de viviendas». «Muchos días -lamenta esta fuente- puede observarse algún animal que ha sido atropellado por un vehículo y aplastado en el asfalto, con el consiguiente riesgo para la salud pública».

En los Poblados Marítimos se constata la misma situación. Hay vecinos que afirman que no se puede salir «ni a los balcones y hay que tener siempre los toldos bajados» para evitar que defequen encima. «Si nos descuidamos nos entran dentro de las casas», apunta esta queja. Por último, en las calles de Aben al Abbar y Rodríguez Cepeda (en Algirós) estos animales «invaden balcones, ensuciando toldos y aires acondicionados de los locales comerciales». «No puedes además ni tomarte nada en las terrazas de los bares», resalta un cliente. En definitiva, las palomas son unas vecinas aladas que ya no son bienvenidas en numerosos puntos de la ciudad.

Compartir el artículo

stats