Las fiestas de la ciudad se desperezan tras dos años, o más, de parón. Este fin de semana le ha tocado el turno a San Vicente Ferrer, quien está claramente en la casilla de salida. Con todo por hacer o con nada por tocar. A nivel de movimiento social no es la fiesta principal de la ciudad, de acuerdo. Para eso están las Fallas y la Semana Santa Marinera. Su nivel de asociacionismo llega a donde llega. Pero ahora tiene por delante el recorrido de recuperación que quiera tener. No se podrá apoyar en ninguna efemérides (el centenario de la muerte del pare Vicent ya pasó). Pero sí el mejor terreno de juego (una vez más, acompañado de una meteorología casi perfecta) y unos elementos culturales que la hacen diferente a las demás.

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Ofrenda de San Vicente Ferrer en València Germán Caballero

Mucho por hacer. Lo reconocía el concejal de Cultura Festiva, Carlos Galiana. "Ahora que hemos vuelto, hay que hacer una reflexión de qué se ha hecho, en qué se ha padecido más. Hay un elemento por el que hay que apostar: los milagros, el teatro infantil en la calle.

Hace unos años se hizo uno en la plaza del ayuntamiento para que la gente conozca más esa parte cultural. Quiero que eso vuelva. Seguro que no este no era el momento por lo que hemos visto de la dificultad para ensayar, pero Ofrendas hay en todas las fiestas, procesiones también. Las representaciones con el hecho diferencial en San Vicente Ferrer y es por lo que hay que apostar para generar interés. Todas las fiestas de la ciudad han sufrido pérdidas. En el caso de San Vicente más porque es en la calle y porque no ha sido fácil hacer esos ensayos. La prueba la hemos tenido en la reducción en el número de "miracles" que han ido a concurso, pero es que incluso había padres que no querían que los niños bajaran a ensayar por el temor a los contagios. Ahora mismo, el objetivo es ese: comenzar de nuevo, recuperar a la gente y recuperar los elementos que hemos perdido".

El chaqué de Galiana y la mayoría absoluta del PP

La clase política acudió a la llamada de la festividad de San Vicente Ferrer con los efectivos que eran de prever: victoria por mayoría del PP, lo que aprovechó María José Catalá para preguntarse, como es recurrente, por el alcalde Joan Ribó. Por parte del equipo de gobierno presidió, con chaqué incluido, el titular de fiestas, Carlos Galiana, cerrando el cortejo con la honorable clavariesa, Macu Atienza, a la que eligió él personalmente en un lejano diciembre de 2019. Su antecesor en el cargo, Pere Fuset, también se dejó ver, pero como espectador y no como desfilante. Fernando Giner desfiló junto con su esposa con el Mercado Colón y también estuvo Amparo Picó de la formación naranja. Por parte de Vox se vio a Vicente Montañez.

La Ofrenda finalizó con la abigarrada entrega de una corona de laurel ante la estatua del "pare Vicent" en un recinto abigarrado -es imposible vallarlo más por la seguridad de la "mascletà"-. El humo blanco y negro del disparo, en alusión a los dominicos, anunció, a las tres de la tarde, que ya era momento de acabar.

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El desfile de falleras mayores en la Ofrenda a San Vicente Ferrer Moisés Domínguez

La Ofrenda es un acto multitudinario. Dos horas de desfile. Pero no hay que engañarse: es así porque las asociaciones vicentinas tuvieron en su día la idea de invitar a las comisiones de falla. Y no las dos, tres o media docena de su límite parroquial, sino las de todo el barrio. Y después, otras que están a kilómetros de distancia. La consecuencia: le dan al acto su exoesqueleto y además, a cambio de nada. Ni siquiera se les obliga a presenciar los "miracles". Pero, literalmente merendádose las cifras de participación. La honorable clavariesa, Macu Atienza, pudo, por fin, presidir sus festejos. La nulidad absoluta de 2020 y 2021 la ha convertido en una de esas respresentantes apuntadas a un verbo que se ha acuñado en las fiestas en tiempos de pandemia: "tripitir". Reconocía que lo hacía "feliz por poder, por fin, ver que la fiesta ha vuelto".

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Fuegos artificiales y humo blanco y negro para San Vicente Ferrer Moisés Domínguez

Después llego la Procesión General, que también tiene su público, pero bajo otros registros. Ambos desfiles se vieron afectados, teóricamente, por última vez, por las obras. La Ofrenda desfiló entre bloques de hormigón y estrechamientos. La Procesión, directamente, cambió su recorrido. Y mientras, las representaciones llegaban a su final. Quedan todavía actos que le dan un toque multitudinario. Por ejemplo, el próximo sábado, la "dansà" en el Altar del Mocadoret, donde los participantes se cuentan por cientos. Queda esa festividad y la de los Niños de la calle San Vicente para finalizar el ciclo vicentino.