Con fino estilo socarrón, y enorme indulgencia, la gente ha tildado la foto negra y pixelada, modelo lápida de cementerio o tanatorio, de la Virgen de Desamparados que quiso hacer de simulacro de retablo de flor, con la expresión de “no tapiz”. No ha querido hacer más sangre, probablemente por el respeto que les merece la histórica y venerada imagen.

Deliberada o negligentemente, según las versiones escuchadas, se ha roto este año una antiquísima tradición de confeccionar un altar de flor en las puertas de la Real Capilla de la Virgen y que ya era un icono imprescindible de la fiesta. Constancia documental de su existencia la tenemos ya en 1667, cuando fue inaugurada la actual Capilla, a pesar de que no estaba totalmente terminado el templo, pues no había sido decorado su interior. En esta ocasión, cuentan las crónicas, fue el rey Carlos II quien costeó la elaboración del altar de flor, hecho siempre por destacados artistas del dibujo y la pintura que ha tenido Valencia. Esta costumbre que se realizaba en momentos especiales de la historia de la Virgen y de Valencia, se convirtió en fija desde 1911, siendo sus ejecutores artistas como Julio Cebrián Mezquita, Vicente Albert, Ramón Garrido, Renau, Enrique Ginesta, Galbis y Amparo Canet.

Ir a ver el tapiz en la noche víspera de la Fiestas o sus días posteriores era una costumbre que tenían muchas familias valencianas y muchos admiradores del arte pictórico. Se admiraba el dibujo, el colorido, la perspectiva –geniales perspectivas- que ofrecían estos poemas florales en honor a la patrona de Valencia.

El público contempla un tapiz floral dedicado a la Virgen.

El público contempla un tapiz floral dedicado a la Virgen.

No es el momento de buscar culpables, culpa que por igual hay que repartirla entre el Ayuntamiento y la Iglesia, entendiéndose ésta aquí por el clero de la Basílica y Cabildo Catedralicio, y la presunta comisión del centenario si la hay. Es el momento de la reflexión.

Si el pretendido centenario de la coronación se quiere sea digno del aniversario, que comience sin tapiz de flor augura un mal curso y desarrollo y un peor acabado. Por acción en una parte u omisión en la otra, no ha habido tapiz de flor, elemento importante y de reconocido prestigio e interés siempre en las fiestas de la Virgen. Unas fiestas que son en lo material y organizativo en gran parte municipales, desde que el 2 de marzo de 1684 el Consell de la Ciutat acordara que en adelante el segundo domingo de mayo se celebrara la fiesta de la Virgen de los Desamparados acompañada de procesión general.

Desde entonces, también, existe el detallado protocolo en el Archivo Histórico Municipal por si lo quieren consultar, que se cumplía todos los años, en que el Cabildo Catedralicio acudía a la Casa de la Ciudad  a visitar al Cabildo Municipal, para hablar y preparar la fiesta de la Virgen y ultimar detalles.

Tapiz floral de inspiración marinera para la Virgen.

Desconocedores de la historia y tradición, Iglesia y Ayuntamiento ya no se reúnen para hablar de todo lo concerniente a esta solemnidad popular y festiva, además de religiosa, de la ciudad. Al menos este año así ha ocurrido. Tots per a l´anda i l´anda en terra, dice el popular refrán valenciano.

El negligente, atrevido o descerebrado que se ha cargado este año el tapiz de flor, sustituyéndolo por una defectuosa foto lona de la Virgen, ha ocasionado un grave daño a la tradición y a la sensibilidad y emoción de los valencianos, que desde hace siglos perciben el altar de flor como un bello homenaje a la patrona de la Ciudad, hermosa expresión, por demás, artística que singulariza la fiesta mariana por excelencia de Valencia.

Extraña esta dejadez e insensibilidad por las cosas de la Virgen, el clamoroso olvido del tapiz, en ambas partes a las que debe preocupar y compete, a no ser que haya sido una acción deliberada por parte del principal responsable y costeador del altar de flor de disminuir la fuerza y vitalidad de la fiesta o atentar contra ella en año tan especial. Extraño además en un año víspera de elecciones.

Ambas partes deben ponerse las pilas, centrarse en sus responsabilidades y potenciar las fiestas de la Virgen, no sólo en el orden de lo espiritual y religioso, también en lo tradicional y popular, No es un cometido difícil, una simple relectura de lo que se ha hecho siempre, un estar pendiente de la tradición y la agenda basta para no cometer barbaridades como dejar fuera de la parrilla del programa algo tan especial como el tapiz de flor.

Y un último apunte, esperemos que si ha habido sobrecoste en la contratación de la lona foto de la Virgen, no haya sido para financiar favores y cosas irregulares, que no haya sido la Virgen moneda política de cambio.