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Ribó: el candidato que no quería serlo

Joan Ribó en la plaza de la Reina. Levante-emv

Joan Ribó no quería presentarse a las elecciones de 2023. Siempre dijo, antes y después de hacerse con la vara de mando de València, que dos legislaturas (8 años) eran el periodo ideal para un gobernante. La edad, además, también aprieta. Una tercera legislatura lo llevaría a los ochenta años en activo, algo en lo que nunca pensó. Pero las circunstancias de este último mandato han ido modificando las cosas hasta darles la vuelta por completo.

La primera de ellas ha sido la pandemia, que ha impedido sacar adelante algunos proyectos vitales para la ciudad y para su currículum, como por ejemplo el soterramiento de las vías del Parc Central, un proyecto histórico cuyas obras podrían empezar, en el mejor de los casos, a finales de 2023.

Y luego la falta de relevo en la filas de Compromís o al menos la falta de relevo con garantías. Los delfines que ocupaban las primeras posiciones para ello fueron perdiendo pie, Pere Fuset por su imputación en el accidente mortal de Viveros, y Carlos Galiana por algunos tropiezos en la gestión como aquella famosa presentación en "play back". Otro candidato manifiestamente dispuesto a presentarse como el president de las Corts, Enric Morera, no ha tenido un respaldo explícito de la coalición. Y la vicepresidenta del Consell, Mónica Oltra, era reacia a bajar la política municipal y además ha quedado fuera de juego por el escabroso caso de su ex marido.

Aún así, Ribó se resistía a pensar en la falta de alternativa y maniobró para potenciar algunos nombres: el de su vicealcalde, Sergi Campillo, y el de la diputada autonómica Papi Robles, que fue aupada al puesto de síndica en las Corts con el impulso público de Ribó, que exigía para ese puesto a alguien vinculado a la ciudad de València. Propuesta frustrada, en cualquier caso.

Finalmente, en el partido tiraron de datos y la sensación era que el alcalde es en estos momentos -y de esto hay consenso en Compromís- el único que puede revalidar una victoria en València, no solo dentro de la izquierda sino con el suficiente empuje como para sostener el gobierno de coalición con el PSPV. Es más, una vez perdida a Mónica Oltra (a la espera de su proceso judicial) Ribó sería con Baldoví, diputado en el Congreso de los Diputados, el único líder con vitola de ganador en unas elecciones. Perderlo debilitaría las opciones en València y al propio partido.

Con todos estos elementos sobre la mesa, el alcalde ya era consciente desde hace meses -la campaña de Compromís por los barrios la encabezaba él mismo- de que debía dar un paso adelante y repetir como candidato, pero aún así se agarró a un último factor no político, sino físico, para argumentar su resistencia: la hernia discal que ha debilitado su movilidad durante meses. Dijo que solo se presentaría si se curaba de esa enfermedad y para comprobarlo hizo el Camino de Santiago. Pero superó la prueba.

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