Nueve muertes violentas en poco más de 53 años en el reducido espacio de un edificio de siete pisos. A razón de una cada cinco años y pico. Una por planta. Parece el argumento de una película de terror, pero es la historia real, el estigma, que persigue al edificio que ocupa el número 1 de la calle Tres Forques de Valencia. Antaño fue calle Cuenca. Tanto, que durante años ha sido conocida como la 'finca maldita'.

Sus moradores, dueños e inquilinos, rechazan con vehemencia el término. Estigmatiza, afirman. Y no les falta razón. También defienden que suicidios y muertes accidentales hay en muchas comunidades de vecinos, y que solo hay certeza de asesinato en una de las muertes, la de Edilene Oliveira, una mujer brasileña de 32 años, a quien un putero arrojó por el hueco de la escalera desde el quinto piso del inmueble, en la madrugada del 1 de marzo de 2012, causándole la muerte en el acto. Pero lo cierto es que es muy poco habitual la media de muertes no naturales que registra esa finca.

Se trata de un edificio de siete alturas y ático, cuyos balcones se asoman incrustados sobre el típico ladrillo rojo de las viviendas que se levantaron durante el franquismo. La finca da a tres viales diferentes (de hecho tras su construcción en 1957 figuraba en el número 78 de la calle Cuenca). Junto al actual número uno de la calle Tres Forques, sin embargo, hay una placa de la avenida de Benito Pérez Galdós. La esquina puede llevar de cabeza a cualquier cartero novato.

La supervedette del Mocambo

Los vecinos más veteranos del barrio y del edificio recuerdan que la finca, construida en 1957 y dotada de quince viviendas, a dos por planta más el ático, fue comprada casi entera por la que fue durante años dueña del mítico Mocambo Club de Valencia, Mercedes Viana. Llevaba años obteniendo jugosos beneficios de su sala de variedades, la más visitada de la ciudad, y decidió invertir en comprar 11 de los 14 pisos. Allí alojaba a sus vedettes y cupletistas. Una de ellas, Gracia Imperio, «estrenó» la negra lista de muertes violentas.

Fue el 1 de noviembre de 1968. Dos días más tarde estrenaba espectáculo en el Mogambo. Esa noche cenó con su sastre y con su antiguo novio, con el que había roto dos años antes y que seguía persiguiéndola en busca de su amor. El modisto los dejó solos. A la mañana siguiente, hallaron los cadáveres de ambos en la habitación de Gracia, de 35 años. Las espitas del gas estaban abiertas y nunca se supo si fue un crimen o un accidente. En 2013, casi un año después de que fuera asesinada Edilene Oliveira, se estrenó la cinta del catalán Francesc Beltriu, bajo el título El día que murió Gracia Imperio que repasa esos hechos.

El siguiente en morir fue un argentino que residía en el cuarto piso, desde el que se arrojó a la calle. A él le sucederían un joven de 18 años que murió en su casa por aparente sobredosis de drogas. Años más tarde, fueron dos hermanos de corta edad. Jugaban saltando sobre la cama y la niña salió despedida por la ventana. Su hermano trató de agarrarla y ambos acabaron cayendo al vacío. Estas dos muertes accidentales conmocionaron como pocas al vecindario.

El crimen de Edilene

El sexto fallecimiento fue el suicidio del cuñado de Mercedes Viana, que a esas alturas ya había vendido buena parte de los pisos ante el cierre del Mocambo. La siguiente fue la de Edilene Oliveira, asesinada en la madrugada del 1 de marzo del 2012 por el putero que la había hecho ir de madrugada a la finca porque, dijo, "quería compañía". Javier Ochoa, el asesino, fue condenado a trece años y medio de cárcel por la Audiencia de València un año y medio de después de los hechos, en noviembre de 2013, el año que se estrenó la película sobre la tragedia que les costó la vida a Gracia Imperio y su joven amante en esa misma finca.

La última muerte, hasta ahora, se produjo hace siete años, en 2015. Los vecinos llamaron a la Policía Nacional por un fuerte olor que procedía de la puerta 14. Al entrar en la vivienda, encontraron a un hombre de 65 años que residía solo en ella, muerto desde hacía días o incluso semanas. Una muerte natural, algo que sucede, por desgracia, en muchos inmuebles urbanos, donde los vecinos tardan tiempo en percatarse de la ausencia de uno de ellos.

¿Una leyenda sin fin?

Todos estos fallecimientos han acabado alimentando una leyenda que se reaviva con cada nueva muerte, aunque sea por causas naturales como la registrada en 2015. Esa, y no la paranormal, es realmente la maldición que persigue a sus vecinos, la de ver que nunca dejarán de hablar de ese inmueble más que por su tasa de mortalidad. Incluso un programa de televisión que pesca audiencia nadando en aguas supuestamente misteriosas lanzó sus redes sobre el caso de la finca del 1 de Tres Forques, sin llegar, como es habitual, a ninguna conclusión más allá de la obvia: que la estadística se ha mostrado especialmente cruel con ella. Sin más.