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Radiografía de un edificio "okupado"

Familias con niños, parejas, migrantes y delincuentes conviven en el 262 de la Av Constitución

Cristales rotos de la entrada. | G. CABALLERO

La ocupación de viviendas ha dejado de ser un movimiento juvenil reivindicativo para convertirse en una necesidad social de individuos, familias, parejas, migrantes o jóvenes que no encuentran una solución habitacional por sus bajos ingresos, marginalidad o riesgo de exclusión social. También recurren a esta fórmula presuntos delincuentes que transforman los pisos en puntos de menudeo y que terminan dando a los entornos un sesgo de ilegalidad y inseguridad más allá de la propia ocupación. Y como consecuencia de todo ello, degradación, abandono, insalubridad y, en última instancia, molestias para los vecinos que tienen que soportar estas situaciones.

En el número 262 de la avenida Constitución de València hay un edificio nuevo, sin estrenar, que ha sido completamente ocupado. En sus 10 viviendas hay todo tipo de «inquilinos» y un grave problema de salubridad, por lo que los servicios sanitarios municipales han ordenado a la Sareb, entidad bancaria propietaria del inmueble, que proceda a su limpieza bajo amenaza de sanción de hasta 6.000 euros. También la Concejalía de Protección Ciudadana, es decir, la Policía Local, ha pedido a la Sareb que denuncie la ocupación en los juzgados para proceder al desalojo del edificio previa recolocación de las personas que allí se encuentren.

Y es que el informe de los servicios sanitarios es demoledor y toda una radiografía del edificio y de la ocupación en general. Según relata, en las puertas 1, 2 y 3 hay gente viviendo, pero no les abren la puerta, lo que proyecta sobre ellos la sombra de la sospecha. En la puerta 4 vive una mujer con tres menores que se identifica ante la Policía Local como «víctima de violencia de género». «Tiene la casa limpia, aunque inevitablemente se propagan los insectos», precisa el informe.

En la puerta 5 viven dos personas que sí les permitieron la entradas. A primera vista «tienen una acumulación de enseres y se observa la proliferación de cucarachas». Algo parecido ocurre en la puerta 6, donde también hay dos personas y la limpieza de la casa «es aceptable».

Entrada del edificio ocupado. | G. CABALLERO

En la puerta 7 vive una pareja con su hija de 18 años. «Manifiestan que han entrado en la vivienda hace dos días, ya que únicamente perciben una ayuda social de 800 euros», relatan los inspectores, quienes comprueban que «los muebles de la cocina están destrozados, por lo que no se pueden utilizar».

Siguiendo con la inspección, los servicios sanitarios municipales llegan a la puerta 8, donde viven tres personas, con un estado de limpieza «aceptable», aunque con insectos. También tres personas viven en la puerta 9, pero en este caso no tienen documentación y «desde el rellano se observan acumulaciones de enseres».

Finalmente, en la puerta 10 no consiguen que les abran, «aunque se sabe que la vivienda se encuentra ocupada».

Como se ha referido, en muchas de las casas había concentración de insectos y esto es debido al estado general del edificio, que también figura en el informe. Cuando los inspectores entraron en la finca acompañados de la Policía Local, encontraron «el portal de entrada abierto con el cristal y el espejo rotos, excrementos de perro y suciedad abundante, con almohadones sucios y llenos de insectos y otros enseres en mal estado».

«En las entradas de los cuartos de contadores -continúan- existen colchones en el suelo donde duerme la gente, con bolsas de basura orgánica, botellas de excrementos y orines que producen un hedor espantoso y facilitan la proliferación de cucarachas y otros insectos». De hecho, toda la escalera tiene las paredes manchadas y el «suelo con abundante suciedad y una gran infestación de cucarachas, moscas y mosquitos».

Radiografía de un edificio «okupado»

Incluso la terraza acumula enseres y basura que obstruyen los sumideros de aguas pluviales, formando charcos que facilitan la cría de larvas de mosquito.

Finalmente, se certifica que ni el edificio ni las viviendas disponen de agua potable y la luz eléctrica se encuentra enganchada a la red pública.

En su conjunto, los inspectores sintetizan que el «hedor que desprende la finca es intenso». En una segunda visita comprobaron incluso que en una vivienda se había producido un incendio, cuyos restos estaban por todas partes.

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