Toni Sanchis bajará la persiana de su tienda de fotografía a finales de año. Cada poco tiempo llega la noticia del cierre de algún establecimiento histórico o emblemático de la ciudad. Algunos duelen más que otros. Como el del Estudio Sanchis, que va a cerrar sus puertas después de prestar servicio a generaciones que vivieron en València durante 121 años. La pérdida del continuador familiar, Toño, por enfermedad, hace un mes, ha llevado al patriarca, al nieto del iniciador de la saga, a Antonio, Toni Sanchis, a tomar la decisión de bajar finalmente la persiana del emblemático establecimiento de la calle Serranos. No ha sido justa la vida ni el destino con él. «No quiero ya recuerdos de la fotografía. Es algo que me pincha, que me hace daño». Porque asocia la fotografía a su hijo. «No es ley natural. No es normal».

A pesar de ello ha aguantado con coraje y se ha dedicado a catalogar y entregar todo su archivo. Cualquier otro en su situación habría tomado soluciones más drásticas. «No pensé en deshacerme sin más. En quemarlo, como se dice en estos casos. Sí que es verdad que se lo debo en parte a dos periodistas: Marian Company y Monse Catalá».

22

Adiós a la mítica tienda de fotografía Estudio Sánchís Miguel Ángel Montesinos

Todo a buen recaudo

Lo cierto es que el enorme legado de la casa Sanchis se va a repartir por diferentes espacios. Sobre todo, en el Archivo General y Fotográfico de la Diputación «que, además, son muy buenos conservadores». Ellos se quedarán también con la colección de fotografías que hizo el abuelo, el iniciador de la marca, a Alfonso XIII y su familia.

El Museo de Bellas Artes se quedará con las fotografías de pintores valencianos «antiguos y contemporáneos». Los Museos de Fiestas de la ciudad, con archivos de cada fiesta. La Junta Central Fallera se queda con las fotografías de las falleras mayores de València, todo un clásico porque todas pasaron por su estudio. Y al Museo Benlliure le entregará uno de sus grandes tesoros: la fotografía de los hermanos que aún permanecía en el establecimiento, en un extraño marco octogonal. «No, no es un montaje. Posaron los dos a la vez».

Una «senyera» antigua «y muy bonita» irá a parar al Centenar de la Ploma, con el collar de su hijo. «Yo estaba jubilado, pero habría aguantado más años. Nosotros, a pesar de todo, seguíamos teniendo clientela porque teníamos gente muy fiel a pesar de todo el recurso digital».

Algún «espabilado» también ha intentado ver si caía algo, pero Toni Sanchis conserva, pese a la tristeza infinita, la cabeza perfectamente amueblada, con todos los datos perfectamente ordenados. Toda una vida.

Con él desaparece, además, el último de los grandes fotógrafos de su género, de aquellos que habían empezando en el tránsito de los siglos XIX y XX. La fotografía era todo un arte, después de haber superado los inicios del daguerrotipo y del «quietos, quietos, quietos» para las largas exposiciones. Fotografías sobre cartón de tamaño tarjeta. Poses formales con las mejores galas. Trajes y levitas, barbas pobladas y niños de comunión.

La historia de los Sanchis es conocida: el visionario fue Francisco Sanchis, quien se había sumergido en esos extraordinarios adelantos, capaces de meter a las personas en un trozo de papel. Es conocida su avispada visión empresarial y su relación con el todo València, especialmente con la familia de Sorolla.

En esa mezcla de amor y odio, Toni Sanchis quiere completar su vida y no vivir sólo del recuerdo. Sueña con poder exponer las fotografías de la Coronacion de la Virgen, las que hizo su abuelo, aprovechando el centenario. «Y una vez finalizada, donarlo ala Basílica. Soy creyente y aunque ahora sé lo que es el valle de lágrimas. Pero mi hijo soñaba con eso cuando ya estaba malito». A Toni se le quiebra la voz y sólo cabe hacer un esfuerzo. Vale la pena por más de cien años de la ciudad.