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València protege el muro de los fusilados en el Horno de Cal

El horno fue un paredón utilizado por los dos bandos en la Guerra Civil y tras años de abandono, el ayuntamiento contrata su limpieza y vallado

Antiguo horno de cal dejado a su suerte y convertido en un vertedero de residuos.

Antiguo horno de cal dejado a su suerte y convertido en un vertedero de residuos. / FRANCISCO CALABUIG

València

El Horno de Cal de la Cruz Cubierta empieza a salir del abandono. En un primer gesto para garantizar su conservación, el Ayuntamiento de València ha contratado las obras de limpieza, vallado y construcción de un muro que protegerá los restos del horno, considerado de alto valor patrimonial por su pasado como paredón de fusilamiento de los dos bandos contendientes en la Guerra Civil. El propósito último, según avanzan desde la Concejalía de Desarrollo Urbano, es aprovechar el PAI del Parc Central para convertir el entorno del monumento en un parque dedicado a la Memoria Democrática.

València protege el muro de los fusilados en el Horno de Cal | FRANCISCO CALABUIG

De estercolero a zona verde / Francisco calabuig

Esta iniciativa surgió hace unos 15 años del grupo por la Recuperación de la Memoria Histórica (GRMH), cuyo coordinador, Matías Alonso, envió una carta a las instituciones locales y autonómicas solicitando que el Horno de Cal fuera preservado como un exponente de las dos memorias, puesto que allí se asesinaron a cientos de valencianos de todas las ideologías. Pero la propuesta se perdió en un cajón y el espacio —declarado Bien de Relevancia Local— lleva décadas sufriendo un importante proceso de degradación, primero como parking de discotecas y últimamente como vertedero de la zona.

Es la enésima función de una infraestructura que vivió tiempos mejores. Datado en 1870, el horno dio trabajo a una amplia población de la zona circundante, pues la cal era utilizada como conglomerante de revestimientos exteriores e interiores en todo el Mediterráneo. «Además estaba ubicado en un paraje denominado la Rambleta», relata Matías Alonso, «un lugar surcado por una acequia en el que se reunía la gente de izquierdas para celebrar sus fiestas populares. Era el casino de los pobres», recuerda el coordinador de GRMH sobre el entorno del único horno de cal que se conserva en la ciudad.

A partir de la Guerra Civil, la cal cayó en desuso debido a la aparición del cemento y las resinas, y el horno perdió su utilidad industrial para adquirir un cometido más perverso. «Cuando estalló la sublevación, un grupo de incontrolados de izquierdas se dedicó a ejercer la represión de la retaguardia republicana. Mataron curas, quemaron iglesias y volaron la Cruz Cubierta de la calle San Vicente, construida con los mismos materiales que las Torres de Serranos. Aquellas piedras quedaron esparcidas cortando el paso a los coches, de modo que las depositaron en un lateral del horno», cuenta Alonso, y añade: «Ese montón de piedras resultó ser el lugar idóneo para matar a gente».

En el paredón del Horno de Cal –narra el memorialista– empezaron a fusilar a gente de derechas en agosto del 36 incluso perjudicando a la República, porque los asesinatos se aprovecharon para poner en contra de un régimen legítimo a las derechas europeas. «Quienes comenzaron a matar dieron una pista a los del bando nacional, y luego fueron ellos, ya dentro del régimen, con uniforme y camisa azul, los que fusilaron a las personas de izquierda en el mismo paredón», insiste Alonso.

El punto exacto lo descubrió el investigador José Navarro tras conversar con decenas de vecinos del barrio. Uno de ellos, Salvador, rememoró los horrores que vio de niño a través de la ventana de la alquería en la que vivía. Pese a que sus padres le prohibieron mirar, el pequeño fue testigo de los sollozos y las súplicas de cada una de las víctimas que allí fueron ejecutadas. Posteriormente, el propio Alonso habló con el hijo de uno de los enterradores de la época y éste le explicó que ‘La Pepa’ —un servicio gratuito de recogida de cadáveres para personas sin recursos— sabía que en el Horno de Cal encontraría cada día cuerpos que recoger.

Por todo aquello, el coordinador de GRMH vuelve a reclamar que se avance en el proyecto del parque de la reconciliación y celebra este primer paso del ayuntamiento de cara a preservar el patrimonio industrial y democrático. «Obviamente no se trata de decir que unos estaban al mismo nivel de otros, los sublevados de quienes defendían la legalidad, pero allí murieron personas inocentes de ambos lados solo por pensar distinto. No puede haber nadie que se oponga hoy a este ejercicio de memoria democrática. Solo los del bando del odio», concluye Alonso.

Cs celebra la protección del horno abandonado

El portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento de València, Fernando Giner, lamenta que el entorno del Horno de Cal se haya convertido «en un estercolero», y celebra que por fin el Ayuntamiento vaya a proteger la zona a propuesta , aseguran, de la formación liberal. «Ya conseguimos la protección del Horno de Cal, pero no podemos permitir que el entorno esté tan deteriorado», manifiesta. Lo cierto es que la preservación de este entorno lleva mucho más tiempo en la agenda del PSPV-PSOE, y de hecho Salvador Broseta presentó en 2014 una moción a la comisión de Urbanismo reclamando mayor protección para el elemento de arqueología industrial. Además, el propio Matías Alonso, primer impulsor de la recuperación, ha sido secretario de Memoria Histórica del PSPV-PSOE de la provincia de València durante años. Finalmente, preguntados por el tema, desde Compromís indican que no entra en sus planes el citado parque de la memoria, pero sí tienen otra propuesta sobre memoria democrática que anunciarán en próximas fechas. C. Moreno

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