Así ha cambiado la UPV desde los años 80

La UPV ha pasado de ser una mole de cemento en medio de la nada a un edén verde integrado en la ciudad

Así ha cambiado la UPV desde los años 80

Así ha cambiado la UPV desde los años 80 / Levante-EMV

Gonzalo Sánchez

Gonzalo Sánchez

La Universitat Politècnica forma parte del alma de València. Se fundó en los 70, pero el campus, con sus facultades, se acabó de construir en los 80. Como la propia ciudad, ha cambiado muchísimo desde entonces. Hace cuatro décadas, los estudiantes más valientes caminaban entre cebollas y alcachofas para llegar hasta las aulas. Por eso, la mayoría prefería coger el coche para ir al campus. Hoy, el alumnado llega en tranvía, en bicicleta o andando porque la Universidad está dentro de la ciudad.

La UPV es un enorme complejo con 28.000 estudiantes, 2.500 docentes e investigadores y 1.500 personas de la administración y los servicios. En los años 80, el campus tenía cuatro cuadrantes ubicados alrededor del Ágora, la plaza central, y los alumnos se sentaban al sol en sus gradas de cemento.

El campus estaba configurado para los coches, que circulaban por la planta baja, mientras que el primer piso estaba reservado para los peatones. “Uno llegaba en coche, aparcaba en la planta baja –que funcionaba como un sótano– y subía las escaleras para hacer vida en el nivel uno. Como consecuencia, el aspecto del campus de Vera en esa época era bastante duro. Gris, uniforme, con edificios prefabricados, paneles ranurados de hormigón visto y pilares cuadrangulares”, explica Débora Domingo, vicerrectora de Desarrollo Sostenible de los Campus de la UPV.

Cuatro décadas después, el lugar es infinitamente más amable: hay vegetación donde antes mandaba el hormigón y se ha desterrado el coche. La vida también ha dado un giro de de 180 grados. En los años 80, había que estar muy pendiente de los hurtos al caer el sol, por lo que se tuvo que implantar un sistema nuevo de alumbrado y reforzar la presencia de la policía.

Ahora, el lugar es seguro y cuenta con todo tipo de servicios y comercios: desde farmacia y peluquería hasta las clásicas terrazas, banco, librería, óptica y una flamante tienda de merchandising, estrenada a principios de año. 

Pero el campus no se puede entender sin la ciudad ni la ciudad sin el campus. Antes el campus estaba en medio de la nada. Ahora, con el crecimiento de València, forma parte de la metrópoli plenamente. “Entonces, la universidad era un sitio donde uno iba a recibir clases y poco más. Lo que tenemos ahora es un lujo para el estudiantado”, explica Domingo. 110 edificios de todo tipo: de pequeñas barracas valencianas a invernaderos, granjas, hangares, bloques de oficinas, laboratorios de última generación y modernos pabellones de estilo futurista.

En total, una superficie de casi 700.000 m2, casi 2 km de punta a punta, construida con armonía y mucho orden, y rodeada por 128.500 m2 de jardines y zonas verdes.