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Final eternizado de un gran Centenario

El Centenario se cierra con éxito general de convocatoria

Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

València

Siendo domingo, y sin otra cosa que hacer, el mal es menor. Pero hay que sacar la conclusión de que la euforia del Centenario se fue un poco de la mano en el colofón del mismo: la Procesion General. Se quiso hacer algo rimbombante: sacar la imagen a brazo, utilizando un anda. No un «cadafal» con ruedas que permite llevarla con más comocidad. Para los acontecimientos extraordinarios, esfuerzos extraordinarios. Pero, claro, el problema es que la Procesión es cada vez más larga. No decae y todas las entidades, parroquias y asociaciones eternizan el desfile humano. Las comisiones de falla, no. Salieron a las seis y lo hicieron casi a trote ligero, cumpliendo con su horario. Pero la Catedral estaba llena de más desfilantes. Y poco después de las ocho y media de la tarde sonaban las salvas anunciando la salida de la Peregrina. Ya tardecito. Y luego, la imagen fue a la velocidad que podían los costaleros, incluyendo paradas y relevos, porque además, la Peregrina pesa un quintal. Mucho más que la original. Consecuencia: parones enormes cuando ya se acababa el acto.

Eso sí, no se crean que eso provocó que su público la abandonara. Si: algunos se fueron, pero, por ejemplo, la calle Avellanas estaba abarrotada, como quien sale a pasar la tarde a la fresca esperando.

El Traslado de la Virgen, desde dentro

Moisés Domínguez

Para acabar de torcerlo, un chaparrón en el tramo final. Suerte que manos previsoras tenían a mano el «chubasquero» y, durante un rato, se la tapó. La gente se enfadó porque no es lo mismo, pero el agua caía insistentemente y la imagen, sí o sí, se iba a dañar si no se la protegía. Una vez llegó al Palau, se le retiró. Debía entrar con toda la dignidad. Finalmente, a las once menos cuarto de la noche, hacía su entrada en la Basílica y se descubría la imagen original (es un juego visual: la copia llega al templo, desaparece de la vista de todos e, inmediatamente después, se la vuelve a ver ya en el camarín, pero la original, claro).

Un final accidentado para una semana del Centenario que la comunidad cristiana está en condiciones de considerar un éxito de convocatoria. Ni uno sólo de los actos ha pinchado. El llenazo para un acto exclusivamente litúrguico en la Plaza de Toros ya auguraba lo que podía ocurrir. Y así ha sido. A pesar de la reiteración de actos, todos han contado con una presencia masiva. La Patrona sigue teniendo un poder de convocatoria excepcional. Aunque está a la vista todos los días sin necesidad de determinadas excesos. Pero cien años después, y en tiempo de escepticismo religioso, sigue en plena forma.

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