Cuando el cementerio es una joya

El Pórtico es una de las referencias patrimoniales de la ciudad y ahora opta a ser el mejor monumento funerario por su valor arquitectónico

Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

El Cementerio General de València está construido a tirones. Empezó siendo una colección de rectángulos acumulativos pero, conforme fue ampliándose, primero lo hizo con cierto orden, pero acabó teniendo la forma amorfa que puede verse en la actualidad, aprisionado por sus propios límites naturales. Que están ya tan rebasados, que ahora tiene que crecer en la gran parcela que hay entre las vías del tren y la V-30. Pero es una joya en sí misma. Si descendemos a nivel de suelo, combina sabiamente, especialmente en algunas de sus zonas, el concepto de arquitectura artística con el hecho incontestable de ser un contenedor de dolor.

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joya | / MOISÉS DOMÍNGUEZ. VALÈNCIA

Nichos llenos de historia, panteones con todo tipo de estilos -reflejo del momento en que se levantaron-, la maravilla del Pórtico -sobre el que hay que detenerse-; la fosa común recientemente adecentada; el diminuto cementerio civil, con las sepulturas judías; el triste cementerio neutro de niños pequeños; el río de cenizas o el anexo en forma de cementerio protestante, al otro lado de la calle, y que sólo se abre el 1 de noviembre; son algunos de los espacios que, el pasado año, le permitió alcanzar la condición de Mejor Cementerio de España.

Los camposantos son un espacio tan especializado, que premiarlos sólo puede partir de una iniciativa privada. Pero es, en estos momentos, el único medidor válido para dar a conocer, amplificar y poner en valor. Lo hace la revista Adiós Cultural, que edita la empresa de servicios funerarios Funespaña y que pretenden destacar los camposantos como espacios culturales y las iniciativas que se desarrollan en los mismos.

Ahora, el Cementerio General vuelve a ser candidato a una de las categorías, que incluso sorprende que no lo hubiese sido antes: el premio al Mejor Monumento, la sección que tenga un especial valor artístico y patrimonial. Cualquiera que haya callejeado tan sólo un poco por sus secciones habrá reparado que, nada más entrar por la puerta principal torciendo a la izquierda llegará rápidamente a la Sección 3 Izquierda. O lo que es lo mismo, el Pórtico.

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joya | / MOISÉS DOMÍNGUEZ. VALÈNCIA

Una visita en sí misma

Sólo esta sección merece una visita turística por sí sola. Se trata de uno de los conjuntos arquitectónicos más singulares de los espacios funerarios del Estado. Tan especial, que se hizo otro simétrico al otro extremo pero a éste se le dotó de toda la singularidad con su patio lleno de columnas que le da nombre.

El Pórtico es la primera gran ampliación del Cementerio, una vez agotó todo el espacio central y a posteriori es cuando se le incorporó el centenar y medio de columnas, que el profesor Fernando Pingarrón-Esaín define como «la obra más espectacular realizada en toda la historia del Cementerio General de València, así como una de las más logradas en su género en la arquitectura valenciana del XIX, y en la de los camposantos españoles». Un documento gráfico de la época muestra el proceso de construcción de las mismas en 1888, con los nichos ya ocupados. Ahora es una zona de tránsito, poco concurrida porque son enterramientos muy antiguos. Nada en comparación a los de décadas posteriores, donde los descendientes tienen una memoria más selectiva de a dónde ir a honrar. Pero esa quietud es otro de sus grandes valores.

El patio porticado es tan sólo una parte de las joyas arquitectónicas. Es bien conocida la Cruz que ocupa el centro de la sección. Fue instalada para acoger y recordar a las víctimas de la epidemia de cólera de 1885. En los nichos yacen algunas víctimas de aquella matanza, como el doctor Peset Vidal. Las paredes de nichos también tienen su curiosidad: las mini-sepulturas superiores, donde apenas caben féretros infantiles o restos de adultos, sobre lápidas rectangulares.

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joya | / MOISÉS DOMÍNGUEZ. VALÈNCIA

El otro elemento distintivo son los panteones. Una mezcla tan anárquica como impagable. Porque no todo es el panteón de Manuel Granero, uno de los más conocidos y no sobrado de misterio, al encontrarse incorrupto el cuerpo del malogrado torero durante unas obras llevadas a cabo hace ahora 63 años. Pero hay muchos más. Poderosas obras, como el panteón de Suay que hay justo enfrente, también haciendo chaflán con la Cruz del Cólera. Un panteón que más se intuye que se ve, porque está literalmente tomado por la vegetación. O el templo neogótico incomparable del panteón de Galindo-Galindo, aunque pocos se han empleado como referencia obligatoria en numerosos tratados y ponencias como el de Amparo Moragues, con la escena de la joven expirando en la cama ante la desesperación de la madre. Como curiosidad, justamente detrás hay un ejemplo de la caducidad no sólo de la vida, sino de sus contenedores: un panteón derrumbado por mala construcción que exhibe ahora mismo su interior, con los cascotes alrededor.

Las referencias son infinitas. Tampoco se puede descuidar el de la familia Navarro Bellver, un anfiteatro de columnas sin capitel con una piedad en el centro. El catálogo de mausoleos raya en lo infinito.

 joya | FOTOS DE MOISÉS DOMÍNGUEZ

joya | FOTOS DE MOISÉS DOMÍNGUEZ / MOISÉS DOMÍNGUEZ. VALÈNCIA

Bomberos y militares, juntos

Dos secciones importantes también destacan poderosamente: el panteón de bomberos y el panteón militar. Allí se arraciman compañeros de fatigas con una notable diferencia a simple vista: el militar muestra sobre todo jóvenes soldados y oficiales caídos en acto de servicio. En el de bomberos -poderoso el contraste de uniformes según el paso de los años- se apuntan como última morada numerosos miembros del cuerpo fallecidos ya ancianos.

Sea o no galardonado, el Pórtico es el lugar más bonito del Cementerio, si es que como bonito puede calificarse aquello que, hace 150 años, recogió vidas extinguidas y escuchó todos los dolores imaginables.

obras de arte.