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La nueva cara de la Plaza de Santa Mónica de València

«València Ciutat de Places» completa una de sus obras más emblemáticas tras meses de obras y haciendo desaparecer la rotonda de coches que daba a la iglesia y al asilo de ancianos

Moisés Domínguez

Moisés Domínguez

València

El proyecto «València, Ciutat de Places» se articuló a lo largo de las dos anteriores legislaturas. y hace ahora un año se presentaba un nuevo proyecto para desviar recursos hasta 2025 con el objetivo de remodelar o, directamente, sacar de la nada -de descampados y, sobre todo, de plazas de asfalto- un total de 40 nuevos espacios ciudadanos. Una vez realizados los más conocidos e importantes, los del centro, la obra más ambiciosa que se está llevando a cabo en la actualidad es la del Cabanyal en dos vertientes: el entorno del Mercado y el entorno de la antigua estación de tren.

Mientras, hay espacios que ya han sido abiertos, aunque sea sin ceremonia. Los legados del pasado parecen tener ese mismo punto en común, tal como ha ocurrido con el agujero de la vergüenza de Orriols: se retiran las vallas y adelante. Es lo que ha sucedido con la plaza de Santa Mónica, que sin previo aviso ya está al alcance del disfrute de los vecinos de la zona, justo donde empieza la calle Sagunt.

Un collar de asfalto

Hasta ahora, el entorno de la iglesia del mismo nombre era una rotonda. En su interior, un pequeño parque con algunos bancos. Alrededor, un collar de asfalto que le daba la vuelta y permitía el aparcamiento de hasta 25 vehículos. Ahora, todo eso se ha convertido en una plaza peatonal, sin separación entre zonas. Un lugar que da a la puerta del templo y del asilo de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, cuya entrada y salida da a hora a una soleada y casi privada plaza, alejada de los coches. Cinco meses y 600.000 euros después, el peatón ha ganado para su uso el triángulo más histórico de la contornada.

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