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Más de 20 asentamientos chabolistas en València llevan un mes sin agua potable

La única oenegé que llevaba depósitos y garrafas a los poblados de infravivienda se ha quedado sin capacidad para seguir realizando esta función

Ayuda Una Familia busca financiación para retomar el servicio y las personas de las chabolas hacen acopio en las fuentes públicas

Mahmud observa uno de los depósitos instalados el asentamiento del antiguo circuito de Fórmula 1

Mahmud observa uno de los depósitos instalados el asentamiento del antiguo circuito de Fórmula 1 / Miguel Angel Montesinos

València

Los asentamientos chabolistas de València llevan un mes sin suministro de agua potable. Hasta la fecha, la fundación Ayuda Una Familia era la única oenegé en la ciudad dedicada a esta labor. Después de instalar depósitos de mil litros en más de una veintena de puntos con infraviviendas, los voluntarios pasaban una vez por semana en invierno y hasta tres en verano para llenar decenas de cubas colocadas de manera estratégica. Lo hacían con una camioneta y un dispensador de agua que extraían del grifo de su propia sede, y complementariamente distribuían garrafas de cinco litros en todos los campamentos de su ruta. Pero hace semanas dejaron de hacerlo porque no tienen capacidad económica para sufragar este gasto. 

“Ahora mismo todas las zonas chabolistas de València están sin agua y nos duele en el alma, pero no podemos más”, lamentan en la oenegé, que ha perdido recursos como efecto colateral de la nueva Ley de Desperdicios Alimentarios. Las empresas que donaban alimentos tienen un control más férreo sobre su producción y no hay tantas sobras para la asociación, obligada a invertir su presupuesto en las raciones ordinarias. Porque Ayuda Una Familia además lleva 950 raciones de comida por semana a las personas sin hogar, cocina para tres oenegés y reparte alimentos imperecederos a otras 46 asociaciones. 

Mahmud es del Sáhara Occidental, tiene 45 años y lleva sus últimos 17 en España. Vive en el antiguo circuito de Fórmula 1, el asentamiento más grande de la ciudad, con más de un centenar de personas –hay temporadas que supera los 300 asentados–. Explica que los depósitos eran una gran solución, porque no solo bebían, también cocinaban, fregaban los platos, lavaban la ropa y se aseaban con el agua que la oenegé vertía semanalmente. “Pero ahora están más secos que mi desierto”, dice. “Nos toca ir con un carro lleno de garrafas a una fuente pública, casi en Nazaret. Vamos rotando, anoche me tocó ir a mí”, explica. Y añade: “No nos quejamos porque si decimos algo nos responden que por qué vivimos aquí. Yo vine buscando algo de esperanza para mis hijas. Vivía en medio de la nada”. 

Uno de los depósitos instalados por Ayuda Una Familia

Uno de los depósitos instalados por Ayuda Una Familia / Miguel Angel Montesinos

Cambió la arena por el asfalto y la precariedad no ha desaparecido. Desde Ayuda Una Familia señalan que las organizaciones sociales de València están muy centradas en el sinhogarismo, pero faltaría arropar algo más a las personas que subsisten en infraviviendas. “Hay cantidad de chabolas que tienen muchas necesidades. Ninguna tiene agua corriente y las que tienen electricidad es porque nosotros la hemos puesto”, dicen en una oenegé que espera retomar a corto o medio plazo el reparto de agua. “Estamos buscando donaciones. Nos hemos presentado a concursos para intentar captar fondos. De momento no llegamos a todo, pero la idea es poder seguir ayudándoles con algo tan básico como el agua potable”, subrayan. 

Otra de las oenegés que acostumbran a visitar los poblados chabolistas es Mensajeros de la Paz, cuyo higiene-bus ofrece una ducha semanal a las personas que residen en lugares como La Gallineta o Pare Presentat, junto a las vías del tren. Es un servicio de aseo mínimo orientado a dignificar sus vidas. Pero las últimas veces les han preguntado por el agua potable de los depósitos y no sabían muy bien qué decir. “Se han quedado sin agua, es un pequeño desastre”, denuncian en la asociación. 

"Esta es la realidad que tenemos en la ciudad"

“La Administración quizás diga que los asentamientos no son legales, quizás no lo sean, pero lo cierto es que aquí viven personas y niños que no tienen agua. Punto. Tampoco es legal repartir comida en la calle y en València hay cientos de personas que comen y duermen al raso. Esa es la realidad que tenemos en la ciudad”, dicen en Mensajeros de la Paz. Sobre si las personas de los poblados se quejan tras haber perdido su único suministro de agua potable, desde la oenegé explican que no es habitual escuchar quejas de ningún tipo. “El de Pare Presentat es un asentamiento de tercera generación. La gente ha crecido en la más absoluta pobreza”. 

La oenegé llenando una de las cubas cuando aún prestaba el servicio

La oenegé llenando una de las cubas cuando aún prestaba el servicio / L-EMV

Preguntado por esta situación, el consistorio explica que la oenegé contratada para ocuparse diariamente de las necesidades de los asentamientos chabolistas no ha detectado una necesidad de agua. En caso de detectarse una carencia se cubre, insisten las fuentes municipales, añadiendo que muchas de las personas que habitan estos poblados reciben ayudas públicas y tienen seguimiento de Servicios Sociales. Respecto al trabajo de las oenegés centradas en el sinhogarismo, las mismas fuentes señalan que la concejalía de Marta Torrado se está reuniendo con las diferentes organizaciones para coordinar la ayuda y que no se solapen en los mismos puntos, llegando de este modo a más gente. 

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